|
Palabras
La eternidad de un beso
Cuando
te den un instante de amor, recíbelo, pues puede durar toda una
eternidad en la memoria universal del corazón.
Publicada 29 de septiembre 2004, El Diario de
Hoy
|
|
(pintorbalaguer@hotmail.com)
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Existen amores de un instante, de una mirada, de unas horas, de varios
días, acaso de muchos años o de toda la vida.
En los números del tiempo todos durarán lo mismo. Porque
el amor es esencia, no medida. Así un instante o un siglo encierran
la misma grandeza del amor como milagro de la creación.
De ahí el misterio de la eternidad de un beso que descubrió
el poeta, bajo la lumbrera fantasmal de aquel cielo eterno sobre Isla
Negra. Recordemos a Pablo cuando confiesa a Matilde el último
amor de su vida el hecho ineluctable de que siempre decimos adiós
en el amor, al final de la historia. Cuando es necesario detener la eternidad
del instante que nos hizo vivir:
Si alguna vez tu pecho se detiene/ Si algo deja de andar ardiendo por
tus venas/ Si tu voz en tu boca se va sin ser palabra.../ Si tus manos
se olvidan de volar y se duermen/ Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos/
porque ese último beso debe durar contigo/ Debe quedar inmóvil
para siempre en tu boca/ para que así también te acompañe
en tu muerte/ Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo/ iremos
confundidos en una sola muerte/ a vivir para siempre/ la eternidad de
un beso... / Matilde amor... /Matilde mar...
Día a Día
El aprendiz
Hasta principios de los Sesenta, los niños y adolescentes
salvadoreños que por uno u otro motivo no podían seguir
estudiando, eran incorporados como aprendices, a talleres y pequeños
negocios. No se les pagaba nada, pero recibían beneficios de enorme
valor como los siguientes:
El aprendizaje les sacaba a la calle y les ponía bajo una
tutela;
al niño se le daban obligaciones;
alguien cuidaba de éste cuando sus padres estaban trabajando;
en los talleres los niños veían el ejemplo de gente
trabajadora y de lo que es el mundo del trabajo;
después de un tiempo, el aprendiz, ya joven, se incorporaba
al trabajo y a un oficio.

|