El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El pensador francés
Jacques Rueff llamó falsos derechos a los que se han dado por llamar
derechos sociales. Lo que se presenta como derecho a
la educación, el derecho a una vivienda digna, el derecho a la
salud pública, el derecho en definitiva a una calidad de vida aceptable
se puede considerar como la legítima aspiración de un pueblo,
una esperanza, logros alcanzados o metas futuras. Pero en ningún
caso derechos en el sentido de que pueda alguien reclamar
su exacto cumplimiento. No lo son porque satisfacerlos no forma parte
del pasivo de nadie, incluyendo a la sociedad como conjunto, que no dispone
de recursos propios para construir viviendas, o enviar escolares a campos
de veraneo.
¿Cómo puede, a guisa de ejemplo, exigir Juan que le suministren
una vivienda digna? Comenzando por que lo digno
en Noruega es una cosa muy diferente a lo digno en Sri Lanka
o en Honduras. Y si estirando las ideas suponemos que corresponde a el
Estado satisfacer tal derecho, ¿de dónde es que obtendrá
los fondos para cumplir tal compromiso? El dinero no crece en los árboles
ni cae maná del cielo, por lo que satisfacer tales derechos
se hace quitando a unos lo suyo, sus dineros y bienes, para repartir a
otros.
Hay también un problema con los repartos de beneficios. ¿Por
qué va el Estado a regalar casa a la familia de Juan,
cuando hay otros en peores condiciones, o existen muchos juanes que con
su propio esfuerzo se hacen de una casa? Son numerosos los mancos, ciegos
y minusválidos capaces de sostenerse a sí mismos; en la
PNC trabaja un esforzado agente que perdió sus dos manos en un
accidente que sufrió mientras se desempeñaba como policía.
Una solución, desde luego, es exigir a los que piden regalos, que
trabajen por sus comunidades, colaboren en hospitales o ayuden en la limpieza
de parques.
Sólo el trabajo vence la pobreza
Pregonar los derechos sociales despierta peligrosas expectativas
en los pueblos del Tercer Mundo. Si perfeccionar la democracia va por
el camino de desarrollar y cumplir con los derechos sociales,
la conclusión de los sencillos de la cabeza es que hay penurias,
falta de educación, carencia de viviendas, etc., porque los gobiernos
no cumplen con lo que les corresponde. Ergo, hay que buscar y llevar al
poder a quienes ofrezcan cumplir con esos deberes insatisfechos. Los comunistas
en este país y en muchos otros del mundo han arrasado con sus pueblos
levantando esas banderas. Cualquiera que haya visitado Cuba, Nicaragua
o Alemania oriental podrá darse cuenta de los extremos a los que
conducen tal clase de seudo verdades.
El ex presidente español Aznar puso el tema bajo la correcta luz:
la única manera de superar la pobreza y el subdesarrollo, es con
la inversión y el trabajo. Pero no habrá inversión,
sépase, en países que se rigen por supersticiones económicas
y cacarean los derechos sociales.