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La nota del día
Democracia y falsos derechos

“...para hablar de una mejor calidad de la democracia hay que plantear otra serie de elementos que desbordan, por así decirlo, lo que llamamos la mecánica electoral, y son: el nivel de vida de los ciudadanos y el grado en que derechos sociales son universales para los ciudadanos, y son de alguna manera respetados y desarrollados por el propio Estado...”
     Sr. Manuel Alcántara Sáez, asesor de Fusades

Publicada 29 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El pensador francés Jacques Rueff llamó falsos derechos a los que se han dado por llamar “derechos sociales”. Lo que se presenta como “derecho a la educación, el derecho a una vivienda digna, el derecho a la salud pública, el derecho en definitiva a una calidad de vida aceptable” se puede considerar como la legítima aspiración de un pueblo, una esperanza, logros alcanzados o metas futuras. Pero en ningún caso “derechos” en el sentido de que pueda alguien reclamar su exacto cumplimiento. No lo son porque satisfacerlos no forma parte del pasivo de nadie, incluyendo a la sociedad como conjunto, que no dispone de recursos propios para construir viviendas, o enviar escolares a campos de veraneo.

¿Cómo puede, a guisa de ejemplo, exigir Juan que le suministren una “vivienda digna”? Comenzando por que lo “digno” en Noruega es una cosa muy diferente a lo “digno” en Sri Lanka o en Honduras. Y si estirando las ideas suponemos que corresponde a “el Estado” satisfacer tal derecho, ¿de dónde es que obtendrá los fondos para cumplir tal compromiso? El dinero no crece en los árboles ni cae maná del cielo, por lo que satisfacer tales “derechos” se hace quitando a unos lo suyo, sus dineros y bienes, para repartir a otros.

Hay también un problema con los repartos de beneficios. ¿Por qué va “el Estado” a regalar casa a la familia de Juan, cuando hay otros en peores condiciones, o existen muchos juanes que con su propio esfuerzo se hacen de una casa? Son numerosos los mancos, ciegos y minusválidos capaces de sostenerse a sí mismos; en la PNC trabaja un esforzado agente que perdió sus dos manos en un accidente que sufrió mientras se desempeñaba como policía. Una solución, desde luego, es exigir a los que piden regalos, que trabajen por sus comunidades, colaboren en hospitales o ayuden en la limpieza de parques.

Sólo el trabajo vence la pobreza

Pregonar los “derechos sociales” despierta peligrosas expectativas en los pueblos del Tercer Mundo. Si perfeccionar la democracia va por el camino de desarrollar y cumplir con los “derechos sociales”, la conclusión de los sencillos de la cabeza es que hay penurias, falta de educación, carencia de viviendas, etc., porque los gobiernos no cumplen con lo que les corresponde. Ergo, hay que buscar y llevar al poder a quienes ofrezcan cumplir con esos deberes insatisfechos. Los comunistas en este país y en muchos otros del mundo han arrasado con sus pueblos levantando esas banderas. Cualquiera que haya visitado Cuba, Nicaragua o Alemania oriental podrá darse cuenta de los extremos a los que conducen tal clase de seudo verdades.

El ex presidente español Aznar puso el tema bajo la correcta luz: la única manera de superar la pobreza y el subdesarrollo, es con la inversión y el trabajo. Pero no habrá inversión, sépase, en países que se rigen por supersticiones económicas y cacarean los “derechos sociales”.


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