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Sobrepoblación
Reclusorios de la M18 protagonizaron la protesta.
Chalatenango
En el penal hay recluidos un total de 540 personas, todos miembros
de la pandilla 18. Entre ellos está Carlos E. Mojica.
Cojutepeque
De acuerdo a las autoridades posee 360 detenidos, todos pertenecen
a la Mara 18 quienes han sido trasladados este mes.
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R. Serrano/J. Mejía
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Primero
se supo que en el penal de Chalatenango los pandilleros recluidos allí
habían tomado a casi un centenar de rehenes, la mayoría
visitantes.
Luego se conoció que en Cojutepeque ocurría lo mismo, aunque
en ambos lugares comenzó simultáneamente.
Eran pasadas las 2:30 de la tarde del jueves.
Desde entonces, en los alrededores de las dos cárceles comenzó
un ir y venir de gentes que querían saber cómo estaba la
situación y si era cierto lo de los rehenes.
El aviso de que los parientes encerrados en el recinto estaban apoyando
a sus familiares por propia voluntad bajó un poco la tensión.
Pero faltaba ver el desenlace.
La impaciencia hacía largas las horas entre los familiares. Lo
que vamos a hacer es darle un empujón al portón, decía
una de las retenidas en Cojutepeque.
Una llovizna que cayó no logró desorganizar la espera. Hasta
ese momento cualquier rumor se tomaba en serio. No había nadie
que informara de lo que realmente pasaba dentro de los presidios.
A las 7:00 de la noche la Procuradora de los Derechos Humanos, Beatrice
de Carrillo, salió del reclusorio de Cojute y hubo un poco de calma.
Todo está bien allá adentro.
Voy para Chalate. Allá van a decidir, aquí no, dijo
la funcionaria. Y encaminó hacia el norte.
Veinticinco minutos después salieron de Cojutepeque tres personas
que cubrían sus rostros.
No fue hasta las 2:00 a.m. que de cinco en cinco salió el resto
hacia la iglesia San Sebastián. En Cojutepeque, la vigilia acabó
a las 3:00 a.m.
En Chalatenango el panorama era similar. Cerca del reclusorio, miembros
de la organización Homies Unidos permanecían junto a familiares
de los reclusos, en su mayoría mujeres, quienes se identificaban
con señas de la Mara 18.
En este lugar no hubo vigilia ni oraciones, sólo exigencias de
parientes de que sus presos recluidos en el penal de máxima seguridad
de Zacatecoluca fueran llevados a cualquiera de esos dos presidios.
Una vez firmados unos compromisos en Chalatenango, salió el mandato
para que en Cojutepeque los visitantes desalojaran el presidio. Se los
ordenó el Viejo Lin.

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