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Pueblo sigue sumido en el caos en Haití

Horror. La angustia por el hambre ha generado violencia


Publicada 25 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Desesperación.
Adultos y niños luchan por una paquete con alimentos. Multitudes pedían ayer pan, ropa
y agua potable. Foto EDH

AGENCIAS
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

La desesperación por el hambre y la sed, y el desaliento ante una ciudad sepultada por el lodo colman las calles de Gonaives, donde turbas corren detrás de los camiones de ayuda humanitaria y cientos amanecen en los techos de sus casas.

Esta ciudad del oeste haitiano es una de las más afectadas por el paso de la tormenta Jeanne, el pasado domingo, que causó 1,113 muertos, 1,251 desaparecidos y 901 heridos, según las autoridades, que reconocen su incapacidad para hacer un balance definitivo de daños.

Las tropas argentinas de la ONU destacadas encuentran dificultades para poner orden en el reparto de alimentos y a veces tienen que disparar al aire para dispersar a la gente.
Un convoy cargado fue prácticamente asaltado ayer antes de llegar al centro de distribución por damnificados que se encaramaron al techo y abrieron la puerta, lanzando aceite, sacos de arroz y plátanos a un mar de manos ansiosas.

Lento apoyo

El Primer Ministro de Haití, Gerard Latortue, dijo ayer en Puerto Príncipe que “la ayuda humanitaria no empezó a llegar a Gonaives hasta ayer (jueves) porque las carreteras de acceso aún seguían intransitables”.

“Esto es un desastre”, reconoció por su parte Juan Carlos Dellacha, uno de los 620 soldados argentinos desplegados en la ciudad, y agregó que la angustia por el hambre genera situaciones violentas y hace complicada y lenta la entrega.

En el barrio de Raboteau, cientos de personas se agolpaban ayer frente a la iglesia de la escuela San Francisco de Asís, con los pies hundidos en el barro, en una larga fila a la espera de la ayuda que distribuye la organización Care Internacional.

Gonaives.
En un mar de lodo que cubre esta ciudad de 250,000 habitantes, la población ha comenzado a desesperarse. Foto EDH

“Hay mucha agresividad en la distribución de la comida”, indicó Natalia Martín, una monja española de las Hijas de la Caridad que estaba en la escuela el día en que las aguas arrasaron la ciudad y llegó a estar “con el agua hasta el pecho”.

Martín contó que ese día se vivieron escenas desgarradoras y que un padre que cargaba en cada brazo a un hijo, y otro a la espalda, no pudo hacer nada por salvar a este último, que cayó y fue arrastrado por el agua.

La desesperación lleva a los damnificados a beber el agua turbia que anega las calles, donde muchas mujeres lavan ropa enlodada. (EFE)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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