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| El juez de los divorcios. Es el montaje que los
teatreros de la UDB mostrarán en III Festival Universitario.
Foto EDH |
Morena Azucena
mlazucena@elsalvador.com
El Diario de Hoy
Entusiasmo, esperanza y pasión es lo que refleja en su rostro Katya
Cuéllar, miembro del grupo de Teatro de la Universidad Don Bosco
(UDB), cuando se refiere a su incursión en las tablas.
Con una enorme sonrisa explica que los artistas universitarios poseen
cualidades especiales que les distinguen. Es algo peculiar que uno
tiene y que no todos pueden hacerlo, quizá por pena o miedo,
dice luego del ensayo del Juez de los divorcios, montaje con el que participarán
en el III Festival Universitario de Teatro.
Ella no es la única que muestra la pasión escénica.
David Henríquez, de 19 años, dice que el teatro le
ha ayudado a crecer como persona y, de paso, a dejar a un lado el
estrés de los estudios de Diseño Gráfico.
Los sueños de ambos van más allá. Katya no descarta
la posibilidad de patear grandes escenarios, como el Teatro Nacional.
No es lo mismo actuar ahí que en una magna (salón
o aula de las universidades), comenta.
La otra aspiración la expone el actor Mario Alvarenga, estudiante
de sistemas. Me gustaría especializarme. Hasta el momento
sólo hay un diplomado en la Universidad de El Salvador y en la
escuela de Teatro de Filánder Funes en el Cenar, comenta.
La constancia
Rosario Ríos, directora de la Don Bosco, asegura que en los centros
educativos hay talento artístico. El teatro universitario, sin
embargo, es demasiado efímero. Los chicos salen y entran
en las universidades. Y es que para algunos no es una actividad principal,
porque el compromiso que tienen es su carrera, asegura Ríos.
Esta razón la secunda el actor Santiago Marroquín, del grupo
Teatro Nuevos Tiempo (TNT). Hay que tener en cuenta que algunos
(los teatreros universitarios) no lo toman como una carrera artística,
porque no es una responsabilidad, dice.
El éxito del actor joven, según Marroquín, es la
constancia y la disciplina para comenzar una carrera. Y esto lo ejemplifica
con su experiencia personal. Empecé en el teatro de la UCA
y ahora estoy en TNT. Estoy logrando lo que quería, dice
satisfecho.
Los sueños no se logran sin el apoyo y la confianza de las instituciones
y empresa privada, tal y como lo expresa Aquiles Hernández, organizador
del festival.
Para que el festival de teatro crezca falta participación
nacional y sobre todo que crean en los jóvenes, finalizó.

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