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Carlos
Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Un puñado
de ranas daba un paseo por el bosque. Como ranas que eran, avanzaban a
saltos cuando dos de ellas desaparecieron súbitamente, después
de uno de sus brincos. Las demás, intrigadas, retrocedieron y con
gran sorpresa encontraron a sus compañeras dentro de un profundo
agujero.
Las caídas miraban hacia arriba desde el fondo, desconsoladas.
Y las de la orilla, después de calibrar la profundidad del hoyo
y dialogar entre ellas, llegaron a una conclusión y dijeron a sus
compañeras: Para efectos prácticos, se pueden dar
por muertas...
Sin embargo, las de abajo no se dieron por enteradas y comenzaron a saltar
violentamente, intentando salir del hoyo. Mientras tanto, sus compañeras
les gritaban y hacían aspavientos para convencerlas de que estaban
perdidas, que no valía la pena tanto empeño, pues por más
que hicieran, sus fuerzas no les darían para más: lo más
sensato era resignarse.
Una de las dos ranas se dio por vencida. Se quedó sin fuerzas y
se resignó a morir sin remedio en el agujero. Mientras, la otra,
saltaba y saltaba cada vez con más rabia, hasta que en un salto
prodigioso, alcanzó la orilla.
La algarabía fue total, todas al mismo tiempo se disculpaban
y e intentaban explicarle a su cansada compañera que estaban felices
de que se hubiera salvado. La rana las observaba con perplejidad y cuando
se callaron y pudo hablar, les dijo: No tienen que sentirse culpables
por habernos desanimado a salir.
La verdad es que como soy un poco sorda, con tanto grito y con tanto aspaviento,
pensaba que en realidad me estaban animando a saltar, nunca me imaginé
que en realidad me estuvieran desalentando
De todas maneras, gracias,
pues si no hubiera sido por sus gritos y ánimos no
hubiera podido sacar fuerzas para salir del agujero. Sólo lo lamento
por mi compañera, pues, por hacerles caso a sus sugerencias yace
muerta en el fondo.
De esta historieta que hace unos días me contó un
amigo y que he puesto por escrito, se pueden sacar muchas conclusiones.
Una que quisiera recalcar es que quienes forman opinión tenemos
una responsabilidad muy grande. Cuando se escribe en un periódico,
cuando se es responsable de la programación de un canal de televisión,
cuando se habla desde una radio
Hay que tener mucho cuidado con
lo que se dice, pues siempre es posible que alguien malinterprete lo dicho.
Es necesario ser experto en lo que se habla, pues contar con un espacio
de opinión no autoriza a alguien para hablar de cualquier cosa.
El privilegio de tener un espacio en un medio de comunicación tiene
dos caras, porque la libertad de externar el pensamiento tiene el correlato
de la responsabilidad de las consecuencias de lo que se dice.
Se debe tener cuidado con los tópicos, con los lugares comunes,
con los estereotipos. No podemos creernos todo lo que se nos dice. En
el campo económico, político, ético, incluso religioso,
se manejan ahora tantos tópicos, verdades a medias
Pongamos
un ejemplo muy actual: ¿De dónde el éxito de Dan
Brown y su Código da Vinci? De mezclar hábilmente
medias verdades, medias mentiras y falsedades escandalosas, apoyándose
en elementos comunes a la cultura occidental principalmente religiosos,
aglutinándolos en un cóctel de intriga y suspenso, en el
que importa más lo que se deja a medias que lo que se aclara so
capa de erudición.
Hay periodistas muy responsables, pero también los hay que abusan
del privilegio de tener en la mano un micrófono, una cámara
de televisión o una computadora. Hay excelentes comunicadores,
pero también hay terroristas de la cultura, que con tal de
impactar en el público, con tal de dar que hablar, dicen
cualquier barbaridad haciendo énfasis en los aspectos impactantes,
manipulan estadísticas y arremeten contra valores y creencias por
el simple hecho de contar con un espacio de opinión.
Alguien podría concluir que para efectos prácticos
los buenos periodistas sobrevivirán, y los malos serán rechazados
por el gran público, pero la solución no es tan simple.
Con perdón por la comparación, hay problemas que nos hacen
sentir como las ranas del fondo: el nivel de embarazo en adolescentes,
la difusión del Sida, los niveles de pobreza en este país,
la corrupción a nivel gubernamental y a nivel privado, la dependencia
de nuestra economía en un mundo globalizado
Son problemas tan complicados que necesitan de varias ranas
líderes que hagan oídos sordos a los expertos
de la orilla, que muchas veces tienden a la solución pragmática,
a la solución fácil, a la solución muchas veces
que en apariencia puede resolver el asunto, pero que a fin de cuentas
termina por empeorarlo.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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