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Punto de vista
Un cuento de ranas

Hay periodistas muy responsables, pero también los hay que abusan del privilegio de tener en la mano un micrófono, una cámara de televisión o una computadora.

Publicada 25 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Un puñado de ranas daba un paseo por el bosque. Como ranas que eran, avanzaban a saltos cuando dos de ellas desaparecieron súbitamente, después de uno de sus brincos. Las demás, intrigadas, retrocedieron y con gran sorpresa encontraron a sus compañeras dentro de un profundo agujero.

Las caídas miraban hacia arriba desde el fondo, desconsoladas. Y las de la orilla, después de calibrar la profundidad del hoyo y dialogar entre ellas, llegaron a una conclusión y dijeron a sus compañeras: “Para efectos prácticos, se pueden dar por muertas”...

Sin embargo, las de abajo no se dieron por enteradas y comenzaron a saltar violentamente, intentando salir del hoyo. Mientras tanto, sus compañeras les gritaban y hacían aspavientos para convencerlas de que estaban perdidas, que no valía la pena tanto empeño, pues por más que hicieran, sus fuerzas no les darían para más: lo más sensato era resignarse.

Una de las dos ranas se dio por vencida. Se quedó sin fuerzas y se resignó a morir sin remedio en el agujero. Mientras, la otra, saltaba y saltaba cada vez con más rabia, hasta que en un salto prodigioso, alcanzó la orilla.

La algarabía fue total, todas —al mismo tiempo— se disculpaban y e intentaban explicarle a su cansada compañera que estaban felices de que se hubiera salvado. La rana las observaba con perplejidad y cuando se callaron y pudo hablar, les dijo: “No tienen que sentirse culpables por habernos desanimado a salir.

La verdad es que como soy un poco sorda, con tanto grito y con tanto aspaviento, pensaba que en realidad me estaban animando a saltar, nunca me imaginé que en realidad me estuvieran desalentando… De todas maneras, gracias, pues si no hubiera sido por sus gritos y ‘ánimos’ no hubiera podido sacar fuerzas para salir del agujero. Sólo lo lamento por mi compañera, pues, por hacerles caso a sus sugerencias yace muerta en el fondo”.

De esta historieta —que hace unos días me contó un amigo y que he puesto por escrito—, se pueden sacar muchas conclusiones. Una que quisiera recalcar es que quienes forman opinión tenemos una responsabilidad muy grande. Cuando se escribe en un periódico, cuando se es responsable de la programación de un canal de televisión, cuando se habla desde una radio… Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, pues siempre es posible que alguien malinterprete lo dicho.

Es necesario ser experto en lo que se habla, pues contar con un espacio de opinión no autoriza a alguien para hablar de cualquier cosa. El privilegio de tener un espacio en un medio de comunicación tiene dos caras, porque la libertad de externar el pensamiento tiene el correlato de la responsabilidad de las consecuencias de lo que se dice.

Se debe tener cuidado con los tópicos, con los lugares comunes, con los estereotipos. No podemos creernos todo lo que se nos dice. En el campo económico, político, ético, incluso religioso, se manejan ahora tantos tópicos, verdades a medias… Pongamos un ejemplo muy actual: ¿De dónde el éxito de Dan Brown y su “Código da Vinci”? De mezclar hábilmente medias verdades, medias mentiras y falsedades escandalosas, apoyándose en elementos comunes a la cultura occidental —principalmente religiosos—, aglutinándolos en un cóctel de intriga y suspenso, en el que importa más lo que se deja a medias que lo que se aclara so capa de erudición.

Hay periodistas muy responsables, pero también los hay que abusan del privilegio de tener en la mano un micrófono, una cámara de televisión o una computadora. Hay excelentes comunicadores, pero también hay terroristas de la cultura, que —con tal de impactar en el público, con tal de dar que hablar—, dicen cualquier barbaridad haciendo énfasis en los aspectos impactantes, manipulan estadísticas y arremeten contra valores y creencias por el simple hecho de contar con un espacio de opinión.

Alguien podría concluir que —para efectos prácticos— los buenos periodistas sobrevivirán, y los malos serán rechazados por el gran público, pero la solución no es tan simple. Con perdón por la comparación, hay problemas que nos hacen sentir como las ranas del fondo: el nivel de embarazo en adolescentes, la difusión del Sida, los niveles de pobreza en este país, la corrupción a nivel gubernamental y a nivel privado, la dependencia de nuestra economía en un mundo globalizado…

Son problemas tan complicados que necesitan de varias “ranas” líderes que hagan oídos sordos a los “expertos” de la orilla, que muchas veces tienden a la solución pragmática, a la solución fácil, a la solución —muchas veces— que en apariencia puede resolver el asunto, pero que a fin de cuentas termina por empeorarlo.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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