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Carlos
Jovel Munguía*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En los años ochenta, resultaba interesante
escuchar los informes de guerra de Radio Venceremos, de la guerrilla salvadoreña.
Se informaba apasionadamente a la población, cómo la guerrilla
avanzaba, tomaba territorios ayudada por los lugareños y capturaba
a decenas de militares.
Los niños, meros espectadores de la guerra, no comprendíamos
el rol estratégico que la radio jugaba dentro del conflicto: indoctrinar
y ganar adeptos entre los ideológicamente confusos, levantar la
moral de los combatientes guerrilleros y confundir y bajar la moral de
los soldados del ejército y los ciudadanos políticamente
conservadores.
Vale decir que los informes de la Venceremos no sólo estaban claramente
sesgados, sino que muchas veces eran completamente falsos.
Joaquín Villalobos, en su ar- tículo Corrupción
sexual en la Iglesia Católica, desempolva su manual de estrategia
de guerra y sobre la base de falacias para la Iglesia el sexo es
sucio y los que lo practican están más lejos de Dios que
los que no lo hacen y medias verdades (una investigación
realizada sobre 354 sacerdotes españoles) sin mencionar quién
llevó a cabo la investigación, su metodología y alcances,
pretende deslegitimar la sobrenaturalidad de la Iglesia Católica,
ideológicamente el más fuerte adversario de la izquierda
en materia de educación sexual.
La lógica de Joaquín es: La Iglesia dice que la repartición
de condones en las escuelas es amoral; la Iglesia es amoral, por lo tanto,
debe quedar fuera de la discusión de la moralidad de la repartición
de condones en las escuelas.
Aplica la misma estrategia que sus ex compañeros ortodoxos le aplican
a él, atacando al mensajero y no el mensaje.
El tema central no es si hay corrupción en la Iglesia, más
bien si los salvadoreños queremos que en las escuelas se entreguen
condones y anticonceptivos a nuestros hijos. Si vale la pena transferir
responsabilidades como la educación sexual, de manos privadas (los
padres) a manos públicas (las escuelas). En qué medida lo
haremos y bajo qué enfoque.
En septiembre de 1994, en la Conferencia de El Cairo auspiciada por Naciones
Unidas, una de las metas fijadas fue el acceso a servicios de salud
sexual y reproductiva incluyendo la planificación familiar,
para afrontar el destape sexual imparable del que somos objeto
por las vías del mercado.
Se inundaría a los países tercermundistas de condones, anticonceptivos
y manuales de educación sexual con fondos de los países
donantes, para disminuir los índices de natalidad en los países
pobres, detener el Sida, las ETS y los embarazos no deseados y cambiar
el enfoque al aborto.
Los resultados de la estrategia contra el Sida evidencian que mientras
en 1994 había 20 millones de personas infectadas, para 2004 el
número ha alcanzado los 38 millones, siendo la región más
afectada el África Subsahariana, con excepción de Uganda,
donde en los 80 la cifra de infectados alcanzaba el 30% de la población,
actualmente sólo un 6% de los 26 millones de habitantes es portador
del virus.
¿La estrategia de Uganda? Según la revista Science en su
30a. edición, el Gobierno puso en práctica la doctrina de
la Iglesia mediante una estrategia de comunicación de boca
en boca: abstinencia del sexo antes del matrimonio y fidelidad dentro
del mismo, logrando aplazar la edad promedio del debut sexual, y en los
ya activos, reducir el número de contactos sexuales mediante una
constante lucha por la castidad.
El uso de anticonceptivos para disminuir embarazos tiene un efecto inverso,
ya que su disponibilidad produce un aumento en la actividad sexual. Más
actividad, más embarazos no deseados, más abortos. Y éste
no es un problema de los países subdesarrollados, cuyos usuarios
tienen menor grado de educación, sino también en países
de primer mundo como Inglaterra, que tiene el mayor porcentaje de embarazos
de adolescentes de toda Europa Occidental (The Social Exclusion Unit.
Teenage Pregnancy. Report No. Cmnd 4342), por lo que el Gobierno de Tony
Blair ha implementado programas que fomentan la virginidad en el adolescente.
Ante esta correlación entre anticonceptivos, embarazos no deseados
y abortos, los salvadoreños debemos seguir comprometidos con la
defensa de la vida y rechazar enérgicamente artículos confusos
y plagados de grises que atentan contra la dignidad de la persona humana,
amenazada desde las escuelas.
¿Por qué dar condones cuando estadísticamente producen
más Sida? ¿Por qué repartir anticonceptivos si más
píldoras suponen más embarazos y más abortos? ¿Por
qué si el 95% de los salvadoreños es cristiano, no se aprovecha
este activo en la lucha contra estos males? Aquellos artículos
que no respondan a preguntas básicas como éstas no deben
ser tomados en serio, sino únicamente como los reportajes de la
Venceremos a mediados de los 80.
*Lic. en Economía.

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