El Diario de Hoy
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La prevención es
la única defensa contra el Sida. Sea por abstinencia o monogamia,
por el uso de condones y evitando el contagio de agujas hipodérmicas,
es que alguien puede con un muy alto porcentaje de seguridad, evitar contraer
esa enfermedad del milenio. La prevención se basa en
el conocimiento. Un ignorante es ajeno a los riesgos de contagio, como
también desconoce las formas de protegerse. La mayoría de
personas que ha contraído el terrible morbo ha sido víctima
de su propia irresponsabilidad y del desinterés en estar al tanto
de las amenazas que hay sobre la salud de un conglomerado. Es muy triste
que a esta fecha haya hombres que tengan sexo con prostitutas (de uno
u otro sexo) y que no tomen la mínima protección del caso:
usar condones.
Lo que ha faltado, y por desgracia es un problema que se viene arrastrando
desde que apareció el Sida sobre la tierra, es encarar en forma
decidida y clara la amenaza. En un primer momento nadie quiso hablar del
asunto; se recuerda que investigadores encontraron que los primeros enfermos
fueron infectados en un burdel de hombres en Haití, pero no se
intentó localizarlos y neutralizarlos antes de que contagiaran
a otras personas. Lo que más tarde se hizo con respecto al SARS,
una amenaza igual de terrible pero más mortífera, aislar
a los infectados, no se hizo respecto al Sida. Y esta actitud es culpable,
entre otras tragedias, de que millones de personas hayan muerto en la
región sub-sahariana, un horror sin precedentes en la época
contemporánea.
En nuestro país el combate contra el Sida si es que se puede
denominar combate se efectúa con una pasmosa
displicencia. La campaña es ambigua (hay que ser fiel a la
pareja) y en ninguna parte se ven carteles aleccionando sobre el
Sida a los que visitan bebederos o sitios de parranda, como las barras
show. No es que en estos últimos las mujeres sean necesariamente
sidosas, sino porque muchos de los clientes salen de allí a buscar
otras mujeres, las que por lo general se ofrecen en la calle. Y en tal
circunstancia, por desgracia, sí se pueden contagiar.
Si los piden, hay que dárselos
En lo del Sida se tiene que separar lo que es la ficción, los buenos
deseos y la esperanza, de las realidades. Todos desearíamos que
los jóvenes fueran buenos, inocentes y obedientes, pero la mayoría
anda en busca de nuevas experiencias y por tanto está expuesta
a caer en manos de proxenetas; si no están informados sobre los
riesgos que corren, y no pueden conseguir condones, hay una fuerte probabilidad
de que se contagien del Sida. Cuando un joven estudiante o un reo en un
penal pida condones, hay que dárselos de inmediato. Se les suministran
en otras partes y se deben entregar aquí en nuestro país.
Es obvio que los tratamientos para prolongar la vida de los enfermos son
muy costosos, pero inventar los medicamentos y continuar en la búsqueda
de una vacuna o una medicina que cure, demanda muchísimo dinero.
No es que las medicinas se descubrieron en Francia o Estados
Unidos por arte de magia, sino que hubo empresas que invirtieron enormes
cantidades de recursos propios para desarrollarlas, y necesitan recuperar
esos fondos para seguir adelante.