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La nota del día
Por ignorancia se contrae el Sida

Cuando un joven estudiante o un reo en un penal pida condones, hay que dárselos de inmediato. Se les suministran en otras partes y se deben entregar aquí en nuestro país

Publicada 25 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La prevención es la única defensa contra el Sida. Sea por abstinencia o monogamia, por el uso de condones y evitando el contagio de agujas hipodérmicas, es que alguien puede con un muy alto porcentaje de seguridad, evitar contraer esa “enfermedad del milenio”. La prevención se basa en el conocimiento. Un ignorante es ajeno a los riesgos de contagio, como también desconoce las formas de protegerse. La mayoría de personas que ha contraído el terrible morbo ha sido víctima de su propia irresponsabilidad y del desinterés en estar al tanto de las amenazas que hay sobre la salud de un conglomerado. Es muy triste que a esta fecha haya hombres que tengan sexo con prostitutas (de uno u otro sexo) y que no tomen la mínima protección del caso: usar condones.

Lo que ha faltado, y por desgracia es un problema que se viene arrastrando desde que apareció el Sida sobre la tierra, es encarar en forma decidida y clara la amenaza. En un primer momento nadie quiso hablar del asunto; se recuerda que investigadores encontraron que los primeros enfermos fueron infectados en un burdel de hombres en Haití, pero no se intentó localizarlos y neutralizarlos antes de que contagiaran a otras personas. Lo que más tarde se hizo con respecto al SARS, una amenaza igual de terrible pero más mortífera, aislar a los infectados, no se hizo respecto al Sida. Y esta actitud es culpable, entre otras tragedias, de que millones de personas hayan muerto en la región sub-sahariana, un horror sin precedentes en la época contemporánea.

En nuestro país el combate contra el Sida —si es que se puede denominar “combate”— se efectúa con una pasmosa displicencia. La campaña es ambigua (“hay que ser fiel a la pareja”) y en ninguna parte se ven carteles aleccionando sobre el Sida a los que visitan bebederos o sitios de parranda, como las “barras show”. No es que en estos últimos las mujeres sean necesariamente sidosas, sino porque muchos de los clientes salen de allí a buscar otras mujeres, las que por lo general se ofrecen en la calle. Y en tal circunstancia, por desgracia, sí se pueden contagiar.

Si los piden, hay que dárselos

En lo del Sida se tiene que separar lo que es la ficción, los buenos deseos y la esperanza, de las realidades. Todos desearíamos que los jóvenes fueran buenos, inocentes y obedientes, pero la mayoría anda en busca de nuevas experiencias y por tanto está expuesta a caer en manos de proxenetas; si no están informados sobre los riesgos que corren, y no pueden conseguir condones, hay una fuerte probabilidad de que se contagien del Sida. Cuando un joven estudiante o un reo en un penal pida condones, hay que dárselos de inmediato. Se les suministran en otras partes y se deben entregar aquí en nuestro país.

Es obvio que los tratamientos para prolongar la vida de los enfermos son muy costosos, pero inventar los medicamentos y continuar en la búsqueda de una vacuna o una medicina que cure, demanda muchísimo dinero. No es que las medicinas “se descubrieron” en Francia o Estados Unidos por arte de magia, sino que hubo empresas que invirtieron enormes cantidades de recursos propios para desarrollarlas, y necesitan recuperar esos fondos para seguir adelante.

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