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| Restricción. La presencia de pocos profesionales
(cirujano, asistente y anestesiólogo) asegura la esterilidad
del quirófano, para tranquilidad del paciente. Foto
EDH |
Leyre Ventas
El Diario de Hoy
lventas@elsalvador.com
La vejez es una enfermedad, una enfermedad que no para.
El cirujano Román Zaldívar, de la clínica con la
que comparte nombre, compara el someterse a una operación estética
con comprarse siete vestidos y tres pares de zapatos: ¿para qué
invertir tanto cuando para cubrirse basta con una sola prenda? Nada es
vital.
Rinoplastia, mamoplastia y mentón. En su escasa veintena, Regina
Gattás lleva ya tres intervenciones en su currículum de
vida.
Cambiarme la nariz siempre fue mi sueño, y mi madre me animó
a hacerme el pecho, explica.
El doctor que le atendió le aseguró que para conseguir un
perfil perfecto debía retocarse el mentón. Siempre
fui un poco halada de la barbilla, justifica.
Aunque admiten que la mayoría de los clientes que acude al centro
sabe lo que quiere, el doctor Nelson Saca y su esposa, también
médico, se encargan en las consultas de orientar a los pacientes
acerca de cómo mejorar su aspecto: quizá existan detalles
en los que nunca se hayan fijado y que, con cierto retoque, se avance
muchísimo en la persecución de la belleza.
Elevar ligeramente la punta de la nariz, añadir barbilla o sumar
volumen a los pómulos con inyecciones de grasa son algunas de las
propuestas.
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| Solución. Implantes y el desplazamiento
de los pezones convierten pechos caídos en adolescentes. Foto
EDH |
Los consejos también consisten en rechazar peticiones inviables.
Siempre ha de prevalecer el criterio del cirujano, sentencia
Saca.
Román Zaldívar sabe que, antes de emitir el diagnóstico,
es necesario evaluar el tipo de piel, la infraestructura de la cara o
de la nariz. No puedes hacer alguien que tenga una nariz grande,
ancha, con el perfil de Michael Jackson, a menos que se someta a 20 cirugías
como él.
Cuestión de vanidad
Regina usaba un brasier 32-A súper chiquito,
dice, con la intervención consiguió una 36-B; cuatro
tallas mayor. El límite lo puso su piel: ya no cedía. Era
lo más que se podían aumentar, confesó.
Las operaciones de busto son, además de la lipoescultura (eliminar
la grasa localizada en zonas específicas del cuerpo) y la rinoplastias
(en nariz), las intervenciones más solicitadas por los jóvenes
salvadoreños.
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Despierta. La anestesia que se aplica en las
mamoplastias es local, para no dormir
de todo al paciente. Foto EDH |
En la medida que la edad del paciente avanza, los liftings (estiramientos
faciales) y la cirugía en los ojos para levantar párpados
y eliminar bolsas resultan más habituales.
Tomasita García, cosmetóloga de 54 años, tiene la
mirada cosida y la piel lisa y brillante. Descansa, tumbada en una cama,
debido al lifting que Saca le realizó 24 horas antes. Por
mi trabajo le doy mucha importancia al físico, exclama la
convaleciente.
Los hombres, aunque en menor medida, también se encuentran entre
los asiduos a las clínicas estéticas.
El 30 por ciento de los pacientes en la de Saca, 15 en Zaldívar.
Según este último, el cliente masculino prefiere los
remiendos, no tanta cirugía: el botox (substancia que paraliza
los músculos y elimina arrugas), o el material de relleno.
En la clínica de Saca llevan 15 años ejerciendo la profesión,
a ritmo de tres cirugías por semana.
Aunque la afluencia depende de la economía: en julio y agosto se
opera a diario, también en diciembre y enero.
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| Variedad. Los implantes pueden ser de suero
fisiológico, silicón o gel. Foto
EDH |
Zaldívar también se muestra satisfecho: se trabaja
regularmente, y asegura tener un banco de pacientes. No dice de
cuántos.
El mismo hermetismo muestra el cirujano al comentar la accesibilidad de
sus intervenciones y definir el rango social de sus clientes.
En este país existe una gran guerra de precios, cada
profesional define los suyos. Según el doctor, bajarlos afecta
al control de calidad: se comienza a eliminar antibióticos,
a reutilizar muchos materiales que deberían ser descartados.
La doctora De Saca, sin embargo, asegura tener entre sus pacientes a maestras
y secretarias. Tratamos de democratizar. 1,200 dólares
por una rinoplastia o $1,400 por una liposucción.
Cada implante de solución salina que agranda los pechos de Regina
costó $1,000. Por el paquete completo (nariz, mentón, busto)
pagó $5,000. Precio especial. Para el común de los pacientes
son $6,000.
Peligro y realidad
Toda cirugía tiene riesgos. Los profesionales consultados admiten
que hay que discutirlos con el paciente, por mínimos que sean.
El cliente tiene que comprender que existe esa posibilidad.
Dos de cada 100 implantes de mama pueden generar contracción capsular:
complicación específica de la mamoplastia de aumento, en
la que la cicatriz que el organismo desarrolla al rededor de la prótesis,
hace que el pecho se sienta duro.
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La forma de minimizar las complicaciones es escoger a un profesional
capaz: un médico que posea un posgrado en cirugía general,
y además haya sido capacitado en las diferentes especialidades
de cirugía plástica, incluida la estética.
Julio Torres, cirujano veterano del Hospital Rosales, asegura que ha
habido una especie de poco control de las especialidades, lo que ha hecho
que mucha parte del personal haga cosas que no debe.
El verse bien externamente no creo que que sea un negativo para
el espíritu. Lo único que puede hacer es enriquecerlo,
opina Zaldívar. Insiste en que la cirugía estética
tampoco es la panacea.
La siquiatra Margarita Mendoza-Burgos asegura que estas intervenciones
pueden ser solución para quien se sienta deprimido por un defecto
físico, pero en ningún caso si la depresión es endógena
o relacionada con la baja autoestima del individuo.
No hemos aprendido a aceptarnos como somos. Según ella,
se debe a la obsesión por mantenerse nítido, joven, perfecto.
Regina dice no temerle a obsesiones. Promete que no volverá a someterse
a otra mamoplastia para aumentar, más aún, su pecho. Una
liposucción pasó por su mente. Me mandaron a volar,
dice, mientras mira de reojo a su novio. No es mucho lo que me quería
quitar: unas cinco libras.
Mendoza-Burgos opina que quien se somete periódicamente a este
tipo de intervenciones, por haber descubierto una arruga más en
su rostro, definitivamente debería buscar ayuda de
otro tipo.
Físicos de ficción
Programas didácticos, series y reality shows. La televisión
por cable aún no la convencional ha abierto un espacio,
hasta ahora inexistente, a la cirugía estética.
Se trata de productos mediáticos que promocionan, de alguna manera,
esta práctica.
Son programas para el público, no para los pacientes,
opina la doctora De Saca, de la clínica del mismo nombre.
Se basan en concursos, por lo que se escogen los casos que darán
el resultado más espectacular.
Además, se maquilla a las elegidas de forma que se les oculte
hasta la más mínima imperfección, la más pequeña
cicatriz, añade.
De acuerdo con su colega, el cirujano plástico Román Zaldívar,
cree que, aunque las iniciativas den un gran auge a estas intervenciones,
ofrecen falsas expectativas a los televidentes.
Hacen creer que de patito feo, pueden llegar a ser un flamante cisne.
Así, el éxito en audiencia de ese tipo de espacios se asienta
en los cambios drásticos que ofrecen.

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