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Matan a hermanos cerca de discoteca

Versión confusa. Hasta el momento no se tienen claros los detalles del homicidio

Publicada 20 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Fin de dos vidas. Los cadáveres de los hermanos García son retirados de Medicina Legal. Fotos: EDH / Lissette Monterrosa


Mirella Cáceres
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Tanto la policía como la familia no saben con certeza cómo y por qué ocurrieron los asesinatos de José Gilberto y Eduardo García Pérez, mucho menos quiénes son los responsables del hecho.

Ambos hermanos, de 25 y 23 años, respectivamente, fueron asesinados en la madrugada de ayer en las cercanías de la discoteca Coco Bongo, situada en la plaza Suiza, sobre la calle Manuel Enrique Araujo.

La versión que hasta ayer se manejaba del hecho, es que los hermanos García y un amigo,
habían salido desde su vivienda ubicada en la comunidad Nuevo Israel, a la gasolinera que está cercana a la discoteca, para comprar cervezas, pero decidieron ingerirlas en el parqueo.

Según la versión del amigo de los hermanos García, él habría tratado de auxiliar a una mujer que tropezó en las gradas al salir de la discoteca, pero un grupo de hombres lo atacó, golpeándolo con una botella en la cabeza.

El amigo dice haber huído de inmediato y sólo escuchó los disparos que cegaron la vida de los hermanos García Pérez.

Lugar peligroso

Según algunos parientes de los fallecidos, el amigo habría dicho algo a la mujer, lo que enfureció a sus acompañantes y por esa razón dispararon al menos ocho veces contra Eduardo y José Gilberto.

Eduardo García, asesinado
Foto: EDH

“Esto no es nuevo en esa discoteca. No es la primera vez que ocurre”, dijo Francisco García Pérez, el hermano mayor, en referencia a “la mala fama” que tiene los alrededores de la sala de bailes, porque con cierta frecuencia ocurren asesinatos.

Raúl Pérez, un primo hermano, dice que hacía ocho meses que no frecuentaban ese lugar “porque muchas muertes ocurren ahí”.

Los responsables del doble homicidio habrían huido del lugar y hasta ayer no se tenían mayores indicios.

Sentado en las afueras de la clínica forense del Instituto de Medicina Legal, mientras esperaba la orden escrita para retirar los cuerpos de sus dos hermanos, Francisco García expresaba su temor de que esta muerte quede impune.

“¿Qué se podrá hacer para encontrar a los asesinos?”, se preguntaba Francisco, a la vez que intentaba encontrar una explicación sobre la muerte de sus hermanos, cuya única debilidad era “echarse las cervezas” pero eran trabajadores y con “visiones en la vida”.

Gilberto recién empezó un negocio propio. Eduardo trabajaba en una imprenta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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