elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Piezas recobran el brillo

Universitarios y profesionales aprenden a restaurar antigüedades. Ellos transmitirán el conocimiento a otras personas relacionadas con los bienes culturales

Publicada 20 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Atentos. Manuel Henríquez explica a sus compañeros el proceso de restauración de un balaustre del siglo pasado. Foto: EDH


El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Reconstruir narices, hacer y colocar pestañas, tallar y restaurar piezas de madera son algunas de las actividades que aprenden casi una treintena de jóvenes interesados en la conservación de antigüedades en un curso para dichos fines.

Entre los asistentes se encuentran alumnos de diversas carreras universitarias, encargados de Casas de la Cultura de varios departamentos en el país y miembros del grupo que gestionó el curso, la Asociación Museo Ciudad Delgado.

El curso se divide en cuatro módulos. “Conservación y restauración de la madera” fue el primero y culminó hace una semana. Carlos Leiva Cea, un artista restaurador con más de 20 años de experiencia en la rama, compartió sus conocimientos con los asistentes.

“Vamos a reponer colores en las piezas que son policromadas en las partes ausentes y hoy están restauradas. Los colores de las vestiduras y en los encarnados, que son de difícil reposición a veces”, comentó el artista.

Leiva ha recuperado más de 50 piezas religiosas que son representativas de Izalco, lugar del cual es originario. La mayoría de piezas que están en manos del restaurador, datan del Siglo XVIII, y heredada por los españoles.

El curso se inicia con la proyección de algunas figuras rescatadas por Leiva, en donde describe las características de las mismas. El maestro es muy metódico y los alumnos se muestran atentos en lo que para otros hubiera sido aburrido.

Una de las alumnas preparaba en una cocina eléctrica los químicos que luego utilizarían para empezar con el proceso de restauración: Cola orgánica hecha de esqueleto de peces o de conejo, carbonato de calcio y agua.

Mientras duró la clase, ninguno dio muestras de sueño. Después de un corto receso, todos volvieron al aula del edificio Thomas Jefferson, de la Universidad Tecnológica.

“El curso es excepcional, porque se toma en cuenta el valor artístico y cultural de las piezas”, reconoció Manuel Henríquez, uno de los aprendices.

Las piezas que están reparando pertenecen a la Asociación Museo Ciudad Delgado. La entidad tiene un inventario de la colección y actualmente realiza el proceso de registro ante el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura).

El módulo actual sobre cerámica, barro y vidrio, será impartido por Claudia Cristiani, quien anteriormente era la encargada del cuidado de las piezas de Museo Tin Marín.

“El curso está dirigido a gente que maneja colecciones y que no sabe cómo conservarlas. Se beneficia todo el país, porque quienes están aquí serán multiplicadores de lo que han aprendido en sus museos”, dijo emocionada Dinora de Panamá, presidenta de la Asociación Museo Ciudad Delgado.

“Hemos aprendido a tratar las piezas dañadas y eso nos sirve de mucho porque tenemos mucho interés en crear un museo religioso con imágenes del siglo XVI y XVIII”, comentó María de los Ángeles Escobar.

La joven es originaria de Caluco, en Sonsonate, en donde se construyó la primera iglesia católica.


Artesano de objetos antiguos

Carlos Leiva Cea Foto: EDH

Recientemente, Carlos Leiva Cea, un restaurador de imágenes cristianas, ha preparado una compilación de más de 50 piezas rescatadas y restauradas por él.

El libro, que saldrá a la venta con el nombre de “El rostro del sincretismo”, es un inventario hecho luego de más de 20 años de investigación histórica.

Además aceptó impartir el curso de conservación y restauración de madera en la Universidad Tecnológica movido por el interés en las antigüedades, según confesó.

“Cuando estas piezas se van a manos de gente que no las puede tratar, es cuando se pierden piezas históricas”, se lamentó Leiva.

Los datos y fotografías recogidos en el libro se conservan como documental en un disco compacto para mostrarlo a los alumnos que participaron el curso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

elsalvador.com WWW