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| Trabajo conjunto. Es la meta de Rafael Enrique
Guerra Alarcón, director del Hospital San Juan de Dios. Foto
EDH |
Wenceslao Martínez
hijo
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
La comunicación
a todo nivel es la manera en la que el recientemente nombrado director
del Hospital San Juan de Dios, Rafael Enrique Guerra Alarcón, espera
echar a andar los proyectos del nosocomio.
Contar con la experiencia de un buen equipo de trabajo y conocer a través
de un diagnóstico certero las necesidades del hospital, espera
que sean los elementos que le ayuden a mejorar la atención a los
pacientes en uno de los centros asistenciales más grandes del país.
¿Cuáles son los objetivos que se ha planteado realizar
en su nuevo cargo?
El primero, seguir las líneas establecidas por el Ministerio de
Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) que son políticas
de Estado que deben cumplirse; segundo, acercarse a la comunidad, a la
que nos debemos, pues en el proceso de salud todos somos importantes,
pero son más los que nosotros denominamos como primer nivel de
atención en las unidades de salud.
¿Cuáles serán sus prioridades tomando en cuenta
que el Hospital San Juan de Dios es un centro de referencia para la zona
occidental?
Prioridad es hacer un diagnóstico de lo que pasa. El 1 de septiembre
pedí un estudio preliminar. Con base en eso vamos a decir qué
tenemos y qué necesitamos. Es decir, la prioridad es la atención
esmerada a la población para lo cual necesitamos recursos financieros,
físicos, humanos. Esto es así porque la gente que está
adentro del hospital es la que sabe mejor dónde nos aprieta el
zapato.
En ese caso, ¿cuáles serían los principales problemas
que ha podido percibir en el nosocomio y que considera que pueden ser
solucionados a corto plazo?
Quizá el principal problema es la nueva organización que
tenemos en Salud Pública y que ahora se ha integrado en el Sistema
Básico de Salud Integral (Sibasi), debido a que la gente todavía
no comprende qué es un Sibasi.
No entiende a dónde debe ir a pasar consulta y siempre siguen utilizando
el hospital como si se tratara de una unidad. Eso nos acarrea altos costos,
debido a que el hospital tiene su propia función. Lo principal
es darle a conocer al pueblo que deben acudir a las unidades más
cercanas a su comunidad.
¿Considera que el hospital está preparado para atender
una eventual emergencia. Por ejemplo, como los incidentes ocurridos en
el penal La Esperanza, en San Salvador?
Considero que estamos preparados para ello. Me atrevo a afirmarlo, porque
tenemos lo necesario para enfrentar una crisis. Contamos con los recursos
humanos, gente muy capacitada y con experiencia, especialistas y subespecialistas.
Además, con recursos físicos para las emergencias. Somos
uno de los hospitales más grandes de El Salvador. Contamos con
planes de contingencia y un comité de emergencia.
¿Cuándo podrán percibirse los cambios en la infraestructura
o programas que cubran las necesidades de los pacientes?
En la infraestructura espero conocer el diagnóstico en los próximas
días y a partir de ahí nos daremos cuenta si es deficiente.
¿Habrá cambios en las jefaturas de las áreas del
sanatorio?
Esa es la pregunta que la gente se hace cuando alguien nuevo llega. Lo
que haremos es una evaluación del desempeño de los que integran
la familia del hospital.
Si aprovechan el tiempo laboral, si todos lo han hecho bien hasta ahora,
nada tienen que temer. Lo único que pido es que me ayuden para
mejorar la atención de los pacientes, ya que para ellos trabajamos.
Perfil
Rafael Enrique Guerra Alarcón nació el 20
de marzo de 1957. Se graduó de médico en Cirugía
General en la Universidad de El Salvador y su formación médica
la realizó en el Hospital San Juan de Dios de Santa Ana.
Antes de ser nombrado como nuevo director del San Juan de Dios se desempeñó
como jefe de cirugía ambulatoria del mismo centro asistencial.
Además, ha laborado en el Departamento de Cirugía del hospital
de la ciudad, fue doctor destinado al Batallón de Sanidad Militar
desde 1989 y de alta en la Segunda Brigada de Infantería, y cirujano
de Bienestar Magisterial de 1992 hasta 2002.
Está casado y ha procreado cuatro hijas: Rosa Mélida, de
22 años; Maribel Alejandra, de 21; Wendy Jamileth, de 19; y Karina
Saraí, de 2.
Le gusta practicar el deporte del fútbol y su pasatiempo favorito
es salir a correr en las primeras horas de la mañana.