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El Centro Histórico

Al despertar de este bello sueño, lleno de gratos y apacibles recuerdos, volvemos a caer en la terrible pesadilla de inseguridad, amontonamiento y desorden en que se ha convertido el Centro Histórico de nuestra capital

Publicada 20 de septiembre 2004, El Diario de Hoy


Miguel Gallegos Valdés
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

(Segunda parte)

Como decíamos en nuestra anterior entrega, los continuos terremotos ocurridos en este Valle de Las Hamacas destruyeron las edificaciones coloniales, lo que obligó a sus habitantes a construir con madera y lámina troquelada, y así vemos, cómo en la segunda mitad del Siglo XIX, estas construcciones empiezan a darle una nueva cara al Centro Histórico, que lamentablemente los incendios, provocados unos y accidentales otros, aunados al abandono y descuido, dieron al traste con esa nueva cara de la ciudad.

Soñemos un recorrido imaginario por las limpias y tranquilas calles del Centro Histórico de principios de Siglo XX, con todos aquellos edificios en pie y debidamente conservados, como fueron:

—La Universidad Nacional, que también albergó a la Biblioteca Nacional, construida en 1879, y el edificio adyacente que fue primero la Escuela Politécnica y posteriormente se convirtió en el Correo Nacional, construido en 1886, ubicados ambos en la manzana norte del Palacio Nacional, fueron destruidos por un incendio provocado en 1955, según se dijo en aquellos tiempos.

—El Palacio Municipal, ubicado frente al costado sur de la actual Plaza Libertad, en el mismo lugar del antiguo Ayuntamiento del Siglo XVI, incendiado en 1919.

—La Casa Presidencia posteriormente Escuela Normal, localizada en Calle Delgado y 8a. Avenida Sur, construida en 1880, consumida por el fuego en 1956.

—Nuestra querida Catedral Metropolitana, construida en 1888, destruida por incendio el 8 de agosto de 1951.

—Casa Blanca, que albergó sucesivamente a Casa Presidencial, a la Corte Suprema y al Correo, ubicada en el predio del ex Cine Libertad, construida en 1867, fue consumida por las llamas una tarde de 1918.

—La Iglesia del Rosario y Residencia Arzobispal, construidos en 1869, incendiados en la década de 1960, si mal no recuerdo y para completar esta quemazón, tenemos a la iglesia de San José, también destruida por incendio, que había sido reconstruida por los padres jesuitas sobre las ruinas coloniales, adornada por su parquecito tan limpio y bonito.

Pero no sólo el fuego ha hecho su labor demoledora; también el descuido y el abandono han puesto su destructor aporte: La Casa Ambrogi, que fuera residencia de nuestro recordado escritor Arturo Ambrogi, al que tuve el honor de conocer, cayó abatida por el abandono y, todavía en pie pero a punto de caer, vemos a la Casa Meléndez, ubicada en la esquina formada por la 1a. Calle Oriente y 4a. Avenida Norte, que fuera residencia personal del ex presidente don Carlos Meléndez, quien trajo de Francia el diseño y la lámina troquelada para su construcción. En esta casa funcionó por muchos años la agencia General Electric de don Gustavo Munguía.

Al despertar de este bello sueño, lleno de gratos y apacibles recuerdos, volvemos a caer en la terrible pesadilla de inseguridad, amontonamiento y desorden en que se ha convertido el Centro Histórico de nuestra capital


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