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| Casa destroyer. ELas reformas antimaras
penalizan el uso de estos inmuebles. Sin embargo, los pandilleros
las siguen utilizando para ocultarse de la autoridad. Foto:
EDH/Walter Santos |
Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La captura de un pandillero
no es una tarea fácil. Aunque los policías tengan las facultades
legales para efectuarlas, en su contra están los limitados recursos
para hacerlo y la complicidad de los familiares y amigos del marero perseguido.
El viernes me sumé al primer operativo que realizó uno de
los Grupos de Tareas Antipandillas (GTA) asignados a la delegación
policial de Soyapango.
Dos agentes y tres soldados integraban el equipo, que listado en mano
con datos de los delincuentes, intentaban aprehenderles.
El movimiento del grupo alertó a los vecinos de la Colonia Las
Margaritas, al grado de que el Sistema de Emergencias 911 recibió
llamadas falsas del sector con la posible intención de distraer
a la unidad antimaras.
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| Vigilancia. Desde el miércoles anterior,
la seguridad en las zonas rural y semiurbanas del país ha sido
reforzada con el despliegue de los nuevos Grupos de Tareas Antipandillas.
Foto: EDH/Walter Santos |
Los policías no lograron su cometido en ese sector,
pues sólo se dio la captura de un pandillero que no portaba documentos,
por lo que fue retenido seis horas para investigar su identidad y si era
reclamado por la justicia.
Encubrimiento
El desplazamiento del GTA era reforzado por un radiopatrulla. El vehículo
es el único asignado al puesto en mención, aunque su estado
es deplorable.
De esta manera nos desplazamos por varias comunidades del cantón
El Limón, entre ellas Las Vegas.
Visitamos una casa destroyer (vivienda abandonada que usan
los mareros como refugio para planificar delitos).
Los grafitos en todo el inmueble confirman que es utilizada por miembros
de la Mara 18, pero esta vez se encontraba sin moradores.
Al cruzar la quebrada, las paredes manchadas de algunas sencillas viviendas
indican que es territorio controlado por las pandillas.
El grupo se percata de que un marero escapaba entre los matorrales. Corren
tras él, pero éste se refugia en una casa, pero como no
tenían orden de allanamiento, tuvieron que dejarle ahí.
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| En equipo. La misión principal de los
GTA es disuadir a las maras. Además, capturar a los delincuentes.
Llevan un listado de ellos. Foto: EDH/Walter
Santos |
Dos soldados hermanos en lucha antipandillas
Wilber Antonio y Élmer de Jesús, ambos
de apellidos Perlera Landaverde, son dos reservistas de la Fuerza Armada
que dejaron sus actividades agrícolas en Aguilares tras recibir
la convocatoria para integrar los Grupos de Tareas Antipandillas.
Sin ocultar su timidez para conversar con el periodista, el primero confiesa
que dejó la milicia en 2000, tras cumplir su tiempo en el Comando
de Transmisiones.
Agrega que desde entonces se dedicaba a la milpa familiar, cerca del Ingenio
La Cabaña.
El segundo explica que la invitación doble llegó el 1 de
septiembre pasado, y que, por la instrucción militar recibida,
no podían rechazar el llamado para servir a la patria en la lucha
antimaras.
Asegura que el Ministerio de la Defensa les ha contratado por un año,
y que les han instruido en las acciones de refuerzo en seguridad a los
procedimientos que únicamente desarrollarán los agentes
policiales.
A dos semanas de haber dejado el hogar, ambos afirman que siguen extrañando
la milpa, el corral y sus novias, pero su compromiso con el país
les mantendrá empeñados en las tareas asignadas a los GTA.