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En apanteos drogas tienen entrada libre

Trama. Presumen que de cuatro a seis custodios del penal están liados con varios presidiarios para traficar y vender diversos estupefacientes.
- Esta alianza genera inseguridad y silencio entre los carceleros. Hace 22 días, dos guardias fueron asesinados
- Antes, dos resultaron baleados por represalias
- Dicen que las autoridades conocen el problema, pero poco hacen por solucionarlo
- Inspectoría de Centros Penales afirma que se esfuerzan por resolverlo

Publicada 19 de septiembre 2004, El Diario de Hoy


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El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

“No lo ignoran. Las autoridades carcelarias ya saben quiénes son los que transan; lo que creo es que no quieren acabar con el problema”.
La frase anterior, dicha por L.L., un custodio del penal de Apanteos y luego reforzada por otros, resume el principal problema en esa prisión: el tráfico y comercio de droga, alcahueteado por unos pocos carceleros.

Esas maquinaciones ya han derivado en la muerte (ver notas de página 4), golpizas o, cuando menos, amenazas a gente que ha sido piedra de tropiezo o que ha denunciado los “negocios”.

Estos hechos han generado un clima de temor y desconfianza entre la misma planilla de carceleros, ya que a menudo son objeto de amenazas y atentados. Saben que los reclusos suelen ordenar castigos contra quienes consideran enemigos, perpetrados por sus cómplices en el exterior. “A los presos no les gusta que uno se meta en sus cosas”, asegura un vigilante.

Según los custodios, que fueron entrevistados por separado, en Apanteos existe una red de comercio de drogas, marihuana más que cocaína y “crack”, integrada por internos que lideran sectores de la cárcel y unos cuatro o seis custodios que se mueven en puestos claves para que la red funcione sin tropiezos.

Esos puestos son de control interno de visitantes y reclusos, así como la vigilancia de dos o tres garitones por donde la droga es introducida.

Custodios
4

asesinados
entre 2003 y 2004. Dos del penal de Quezaltepeque y dos de Apanteos.
Involucrados
4 ó 6

vigilantes
podrían estar involucrados en el tráfico de drogas en el centro penal de Apanteos.

Esa trama, afirman los entrevistados, no la ignoran las autoridades carcelarias, como tampoco es un problema reciente: “Esto pasa también en cualquier otro penal del país”, sostiene L.L.

Hace algunos meses, autoridades del reclusorio hicieron llegar al jefe de personal de la Dirección General de Centros Penales una nómina con unos 12 a 16 nombres de empleados problemáticos.

La lista incluía a los involucrados en la introducción de droga. Los informantes añaden que hasta el momento poco se ha hecho: uno parece que fue destituido y una mujer encargada de registrar a las mujeres visitantes fue trasladada a Sonsonate. “Eso es mandar el problema a otro lugar”, comenta un entrevistado.

La plantilla de custodios de Apanteos comprende unos 130 hombres, repartidos en dos grupos de 60 o 65. Entre éstos, ya se sabe quiénes “están en la jugada”.

El Diario de Hoy comprobó que por lo menos tres de los custodios mencionados por los entrevistados aparecen en la lista que la dirección del centro envió al jefe de personal de la Dirección General, aunque en ella no se especifica qué problemas ocasionan los incluidos.

Se dijo que las denuncias nunca son específicas, debido al temor que mantienen los informantes a ser llamados como testigos. “Esto significaría una represalia inmediata contra nosotros o contra nuestras familias”, agregaron.

Un poco de sosiego


De momento, el tráfico y comercio ha bajado un poco como consecuencia del traslado de los pandilleros a otros reclusorios, el 3 de septiembre.

Las fuentes agregan que los dos pandilleros que manejaban los hilos más gruesos de la madeja fueron enviados a Quezaltepeque. “Aunque los pandilleros están en todas partes”, explica un custodio, en referencia a que los dos sujetos en mención tienen secuaces en libertad.

Los entrevistados mencionan a un marero de apellido Canales como el principal líder de la Salvatrucha dentro de Apanteos y quien movía la mayor cantidad de droga en los sectores Nueve y Diez, donde estaban alojados los salvatruchos. Otro de apellido Borromeo era el número dos.

También mencionan a otros mareros apodados “El Cuto Morro” y “La Mica”.
De momento, son los reos comunes los que se han quedado con el mercado de droga de Apanteos.

Entre éstos, los que están más inmersos en el comercio de droga son los vinculados a casos de secuestros.

Mientras, los guardias siguen con la percepción de que las autoridades carcelarias no hacen nada por subsanar el sistema penitenciario de los malos elementos.

“Son unos pocos, no somos todos, como suelen generalizar algunos funcionarios”, sostiene un informante.

“El de nosotros es un trabajo muy arriesgado”, manifiesta otro vigilante, al tiempo que aclara que no tiene otra opción de empleo y tiene que seguir bajo ese riesgo.

Los garitones son la puerta

Los custodios entrevistados no niegan que a través de la visita haya ingreso de drogas, especialmente cocaína y “crack”, aunque esto, en la mayoría de veces, se da con la venia o el descuido de las mujeres encargadas de registrar a los visitantes.

Pero el ingreso mayor, dicen, se efectúa por los garitones 14 y 15, a través de algunos custodios. Hubo un período en que casi cada semana decomisaban el promedio de una libra o poco más de marihuana.

La trama funciona así: durante la noche, un custodio que no está de servicio lanza el paquete por encima del Garitón 14, el cual es recogido por un cómplice en el interior.

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Éste la pasa a otro encargado del recinto Uno, que está muy inmediato. De ahí comienza el camino de la droga hasta llegar a los sectores 4 y 6, o 9 y 10, cuando estos dos últimos eran ocupados por la MS. El ingreso de droga por el Garitón 15 funciona de manera similar, sólo que la marihuana pasa por la clínica, de donde es trasladada por custodios o reclusos hasta líderes presidiarios que la comercializan.

A finales de 2003, varios custodios detectaron más de una libra de marihuana que un recluso transportaba a su recinto desde la clínica, a donde pidió que le llevaran por supuestas dolencias.

Al parecer, ya estaba de acuerdo con un custodio (de apellido Vindel) que le vigilaba en el trayecto. Se dice que no era la primera vez que lo hacía. Antes había sido destituido por indisciplina. Recurrió a instancias legales y fue restituido; a los pocos días le pillaron junto al interno y optó por no presentarse más a su trabajo.

Otros casos
La droga de nadie
Cuando estaban los MS, cada semana se
decomisaba más de una
libra de marihuana, pero jamás se daba con el dueño, pues en cada celda hay decenas de presos que guardan
silencio de mafias.
Mareros armados
Cuando en las requisas se encuentran armas cortopunzantes o de fuego, nadie se hace
cargo de la propiedad de éstas. La ley del silencio impera también en estos casos.
En la lista de la MS
Los mareros de Apanteos tenían una
lista de custodios con “luz verde” para
matarles. Entre los carceleros se mencionan los nombres de sus
compañeros marcados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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