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Dolientes no olvidan alud de la Montebello

San Salvador. La correntada de lodo arrasó con la vida de centenares de personas. Ahora la zona luce repoblada.

Publicada 19 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Septiembre de 1982. El día de la tragedia.
La “casa rosada” fue una de las pocas que quedó en pie. Sus habitantes sobrevivieron y fueron evacuados por la terraza. Foto EDH

Septiembre de 2004. 22 años después
La famosa vivienda aún conserva su color, pero sus dueños prefirieron marcharse para olvidar el susto.

Guadalupe Hernández
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Eran las seis de la mañana del 19 de septiembre de 1982, cuando un fuerte estruendo alarmó los corazones de miles de habitantes de la zona de Montebello, al poniente de la capital.

El temblor hizo que muchos se levantaran de sus camas y alzaran la vista hasta el majestuoso Volcán de San Salvador.

El cuadro no podía ser peor: un alud de lodo que arrastraba gigantescos árboles se deslizaba velozmente desde el Picacho sobre la quebrada El Níspero y arrasaba con todo cuanto encontraba a su paso. Correr significó la diferencia entre la vida y la muerte.

Los ojos de muchos que ahora sobreviven observaron como las olas de lodo de hasta dos metros envolvían con fuerza las viviendas que en pocos segundos quedaban reducidas a escombros. La vida de las familias que las habitaban se apagaba en aquel instante.

Al primer deslizamiento, le siguieron otros dos de igual intensidad. En pocos minutos una gruesa capa de fango de más de un metro de altura cubría una extensa área de terreno.

Las lágrimas de los sobrevivientes se comenzaron a mezclar con las gotas de lluvia que no habían cesado durante tres días consecutivos. El temporal fue el causante de aquella desgracia.

Doña María Antonia Ramos, de 56, dice que se salvó de milagro, pues ese día se encontraba trabajando en otra área de la ciudad.

Las noticias la llevaron de inmediato a la zona arrasada, cuando observó el desolador panorama su corazón se estremeció.

“Había mucho dolor, grandes capas de lodo cubrían todo, y se veían muertos por todos lados”, dice aún conmovida.

Los reportes oficiales de los cuerpos de socorro estimaron que la cifra de muertos alcanzaba los 300; pero los habitantes de la zona consideran que pudieron ser mucho más, quizá el doble.

También indicaron que la avalancha destruyó un total de 150 viviendas de las colonias San Mauricio, Lorena, Reparto Montebello Poniente, Santa Margarita, El Triunfo y San Luis.

Don Luis Humberto Vega, sobreviviente de la tragedia, asegura que la maquinaria pesada tardó casi un mes removiendo los escombros y descubriendo cadáveres.

Los años pasaron, nuevas construcciones aparecieron y borraron la huella que dejó el derrumbamiento.

Sin embargo, para aquellos que perdieron a sus seres queridos el dolor sigue en sus corazones.

Mañana se cumplen 22 años de la tragedia, y para ellos será día de encender velas y elevar plegarias al Creador.

Tres días de lluvia dejaron luto

Mañana se cumplen 22 años del deslave de Montebello, el cual afectó varias colonias del sector. El paisaje ha cambiado, pero el dolor persiste.

- Los reportes indicaron que el alud se originó debido a la deforestación del volcán. Los residentes creen que se rompió un tanque ubicado en la cima.
- La mayoría de afectados decidió abandonar la zona, pero en su lugar llegaron nuevos vecinos.
- Una cruz blanca fue donada por la Iglesia Católica e instalada cerca de la casa rosada en memoria de los fallecidos.

“Tenemos esperanza de encontrarlo vivo”

El amor de los padres es incomparable.
Veinte y dos años después de la tragedia los esposos Josefina Trigueros de Vega y Luis Humberto Vega aún se aferran a la idea de encontrar con vida a su hijo Luis Humberto.

Don Luis recuerda que ese día escuchó un estruendo seguido de un fuerte temblor. “Estaba en la segunda planta cuando alcancé a ver el alud, de inmediato alerté a mi familia y corrimos”.

Hasta ese momento todos estaban vivos, pero Luis Humberto, su hijo de 23 años, no pudo permanecer ajeno a la tragedia y decidió ayudar a sus vecinos.

El joven intentó salvar a una familia vecina que se encontraba atrapada al interior de su casa. En su afán por ayudar no logró evadir la segunda correntada de lodo, la cual lo arrastró sobre la quebrada El Níspero.

Los ojos de su padre se humedecen cuando recuerda como su vástago desaparecía entre las montañas de fango y ripio.

Lo más triste para la familia Vega es que nunca encontraron el cadáver de su amado hijo y desde entonces lo buscan en cualquier rostro que ven en la calle.

A este héroe anónimo le sobreviven Melvin de 24 y Luis Humberto, de 21. Este último nació dos meses después del deslave y aunque nunca conoció a su querido padre, se siente muy orgulloso de él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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