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Vientos de cambio
Los BMW y la justicia China
En China, el poder, el dinero y los contactos pueden más que la
ley. Aun cuando cada vez recurren con más frecuencia a los tribunales,
muchos chinos piensan que no tienen posibilidades de obtener justicia
Publicada 19 de septiembre 2004, El Diario de
Hoy
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Hu
Yong*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En casi todo el mundo, el sello BMW implica lujo y exclusividad.
Sin embargo, en China la marca se ha visto involucrada, de manera involuntaria,
en historias que ilustran la impotencia de los chinos comunes frente a
los poderosos y los corruptos.
El primer escándalo ocurrió el año pasado, cuando
un camión que transportaba cebollas rayó el costado de un
BMW en Harbin. Las conductoras, tanto del camión como del auto
de lujo color plata metálico, eran mujeres de 45 años, pero
ahí terminaban todas las similitudes entre ellas: la primera era
una campesina, y la segunda, esposa de un empresario acaudalado. Después
de la discusión que tuvieron, la mujer rica lanzó su BMW
sobre el grupo de curiosos que se había reunido, matando a la mujer
campesina e hiriendo a otras 12 personas.
El caso llegó al tribunal local, donde el juez dictaminó
que había sido un percance automovilístico accidental
y dio a la mujer una sentencia suspendida de dos años. El fallo
del juez alimentó rumores en el sentido de que se había
mostrado indulgente con ella, porque su esposo era pariente de algún
alto funcionario de la provincia. Pronto se convirtió en un caso
de los ricos contra los pobres, que con frecuencia se citaba
como ejemplo de la corrupción en los altos niveles.
En los meses siguientes, los periódicos y las televisoras retomaron
la historia a medida que ésta se convertía en una obsesión
nacional. Alarmado ante la reacción del público, el magistrado
de Harbin ordenó reabrir el expediente, sólo para ratificar
la sentencia suspendida cuando el caso se cerró en marzo de este
año. La gran historia del BMW de finales de 2003 resurgió
silenciosamente antes de quedar enterrada para siempre.
Ese mismo mes, un escándalo en la lotería llevó de
nuevo a la marca BMW a los primeros planos. Funcionarios de la lotería
en la provincia de Shaanxi rechazaron un billete premiado diciendo que
era falso y negaron a su portador, un guardia de seguridad de 17 años,
de nombre Liu Liang, el gran premio, consistente en un BMW de 58,000 dólares
y 120,000 yuan (14,510 dólares) en efectivo.
Liu se irritó tanto por la acusación de fraude y porque
no le entregaron el auto, que se subió a un anuncio espectacular
y amenazó con saltar como muestra de su inocencia. Pero la historia
no terminó cuando oficiales de la policía le convencieron
de que bajara. Los noticieros cubrieron su continua insistencia en que
no había falsificado el billete, así como las afirmaciones
de la lotería de que su rechazo era legítimo.
Finalmente la policía intervino y, después de una detallada
investigación, anunció que había encontrado al verdadero
delincuente: Yang Yongming, un empresario privado a quien la administración
de la lotería local había contratado para organizar la venta
de los billetes. Yang había conspirado con los funcionarios gubernamentales
que dirigían la lotería, y que fueron arrestados por malversación,
para obtener los premios principales de manera fraudulenta. En junio,
Liu Liang finalmente obtuvo lo que se merecía: un sedán
BMW-325i y una disculpa por parte de la lotería.
Si el primer escándalo fue una tragedia, el segundo fue más
bien una farsa. Pero ambos ofrecen elementos para comprender la psicología
china contemporánea. Las protestas que vinieron después
del primer caso de los BMW no surgieron tanto por la sentencia benévola
para una mujer rica, sino por la falta de confianza de la gente común
en el sistema judicial chino.
En China, el poder, el dinero y los contactos pueden más que la
ley. Aun cuando cada vez recurren con más frecuencia a los tribunales,
muchos chinos piensan que no tienen posibilidades de obtener justicia
frente a los poderosos. La apática respuesta del esposo de la campesina
muerta ante los 10,000 dólares que recibió como indemnización
es reveladora. No me importa el veredicto ni si se hizo justicia
o no, dijo.
La consecuencia más dañina es la pérdida de confianza
del público en el sistema. La confianza social no se puede comprar
con dinero. Si toda una sociedad piensa que no se puede contar con la
protección legal y que uno tiene que recurrir más
bien a una red de relaciones con quienes tienen poder e influencias
habrá preguntas sobre si tal sociedad es deseable.
De la misma manera, en el segundo caso la gente no culpó a un empresario
corrupto; le asignó la culpa a la lotería, un organismo
del gobierno. Así, en lugar de desconfiar de una persona, las sospechas
recayeron en una institución incluso en el gobierno mismo.
Cuando un adolescente tenaz se enfrentó a la poderosa lotería,
con su ejército de auditores e inspectores, y a sus coartadas iniciales,
fue el individuo, no el sistema, quien resultó el claro ganador
de la admiración del público.
El poder corrompe en todas partes, pero individuos como Liu están
formando un contrapeso. De cualquier manera, esas fuerzas marginales todavía
no constituyen un sistema para reparar daños. Aunque los aficionados
a la música pop en China pueden escuchar lo que deseen, incluyendo
la canción Im gonna shake up the system (Voy
a cambiar el sistema), de Madonna, los chinos comunes necesitan valor
para expresar esos mensajes en voz alta. Como dice un dicho: En
chino no hay falta de conciencia, pero hay falta de valor.
Copyright: Project Syndicate.
*Productor del Canal II de la Televisión Central China.

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