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Dos días especiales
14 y 15 de septiembre

Espero que usted también haya pasado un 15 de septiembre alegre, que haya visto los desfiles y que si tiene hijos que desfilaron, les haya podido acompañar para hacerles sentir que sus padres están cerca

Publicada 19 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Este año disfruté de la fiesta de la independencia de una forma muy especial y emotiva. El 14, asistí a la celebración del Colegio Jeshua, en Santa Elena. Me recordó mi niñez, cuando por primera vez en mi vida participé en un desfile, más emocionado por el uniforme, los zapatos negros bien lustrados y la música de la banda, sintiéndome orgullosamente un niño salvadoreño, que por el verdadero significado de la fiesta patria. Al ver a estos niños desfilar, les confieso que me hubiera gustado volver a mi niñez y haber marchado con tanta emoción como lo hicieron ellos.

Lo maravilloso de este desfile para los niños es que fueron acompañados por una banda de paz de 52 cadetes del Colegio Militar, compuesto por jóvenes que ceremoniosamente hicieron los honores a la bandera, y el trompetista tocó un solo de un minuto en honor de los caídos en la Independencia.

El desfile duró una media hora y fue precedido por dos policías en sus motocicletas. El talante de los niños correctamente uniformados y portando con orgullo las banderas de los países centroamericanos era admirable. Se sentían orgullosos de ser salvadoreños.

La gente de las casas y los empleados de los negocios de los alrededores salieron a las puertas y las ventanas para ver el desfile de los niños. Después, ya en el acto cívico, coronaron a la reina de la Independencia, para quienes lo pequeños bailaron danzas folclóricas de los países centroamericanos, entre los que no faltó “El carbonero”. Fue una mañana muy bonita en la que los alumnos del Colegio Jeshua me hicieron volver a mi niñez, sintiéndome emocionado junto a ellos con mi camisa blanca, mi pantalón azul y mis zapatos negros bien lustrados.

La verdad es que no es necesario ser un colegio grande para celebrar con respeto y fervor nacional las fiestas de la Independencia. En este colegio, que posiblemente es uno de los más pequeños del entorno, se siente la preocupación de la dirección y las maestras por la sana educación de los niños y la seriedad con que celebran estas y otras fiestas.

Soy de los que creen que en la niñez es cuando hay que enseñarles a los niños a que se sientan orgullosos de ser salvadoreños e inculcarles la importancia que tiene para ellos su país, para que en el futuro sean hombres de bien, que aman a su patria.

Dios quiera que nunca tengan la necesidad ni la ilusión de irse de El Salvador, si no es para perfeccionarse en sus estudios. Mi esperanza es que, cuando estos niños tengan veinte años, ya no sea necesario emigrar para poder vivir aquí honrada y dignamente.

El 15 de septiembre también fue un día especial que pasé en San Vicente, mi ciudad natal, donde junto con mi equipo de colaboradores, a beneficio de la Catedral de la “Ciudad de Austria y Lorenzana”, cocinamos una “paella gigante” para 2,500 personas.

La actividad fue organizada por la Fundación para el Desarrollo de San Vicente, con cuyos directivos y el párroco de la Catedral, hace unos tres meses, decidimos realizar la actividad, para completar la compra de las nuevas puertas de la Catedral.

Pero volviendo al 15 de septiembre, no puedo dejar de comentar lo que disfruté del desfile en el que participaron la Fuerza Armada, los institutos, los colegios y las escuelas de la ciudad. 

Los bailes de las cachiporristas además de muy bonitos por la destreza con que los presentaron, nos mostraron la esbeltez y la belleza de su juventud. Tanto para ellas como para sus padres debe haber sido emocionante que la gente les admirara y les aplaudiera. Ojalá que los sentimientos por la patria vayan mucho más allá de la celebración de un 15 de septiembre, y se les grave en su memoria como algo muy especial que les haga querer más a esta tierra y sus costumbres.

El 14 y 15 de septiembre fueron de verdad dos días intensos de emociones y trabajo: el primero volviendo a mi niñez junto con los niños del Colegio Jeshua, y el segundo, en San Vicente, entre una mezcla sentimientos alegres y tristes, pues, por un lado, recordaba mi niñez y juventud cuando también yo desfilaba por esas calles, como por la alegría de estar en mi ciudad contribuyendo para una buena causa y, por otro lado, participando en el primer aniversario del fallecimiento de una de mis queridas hermanas.

Esta rica mezcla de sentimientos y acontecimientos es lo que a uno le hace sentir que está vivo y que aún falta mucho por vivir y por hacer.

Espero que usted también haya pasado un 15 de septiembre alegre, que haya visto los desfiles y que si tiene hijos que desfilaron, les haya podido acompañar para hacerles sentir que sus padres están y estarán siempre cerca.

Y si usted vive en otro país, desde aquí le envío un cordial saludo, invitándole a que piense un momento en su lugar de nacimiento y recuerde las celebraciones de septiembre, pues, a pesar de la distancia, usted sigue siendo parte de la Patria salvadoreña. La tierra de donde uno es, es su Tierra y es su Patria.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.



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