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Detrás del Himno Nacional

La música y la letra fomentan los valores cívicos y filosóficos, con el uso de palabras poco conocidas.

Publicada 15 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Adda Montalvo
El Diario de Hoy
amontalvo@elsalvador.com


No hay que negarlo, el Himno Nacional es un miembro inherente de la familia salvadoreña, aunque —como suele ocurrir— no se le preste la atención y el respeto que merece.

Pocos saben que fue bajo la sombra de unos árboles de su propiedad, que Geovanni Enrico Aberle compuso la música en 1879.

Y que el coronel del Ejército Juan José Cañas escribió la letra en una antigua casa de la Avenida San Martín de Santa Tecla, según las investigaciones del historiador Carlos Cañas Dinarte.

Entre los dos, dieron vida musical a una composición con palabras un tanto rebuscadas y frases poéticas complicadas, que en conjunto forman la canción patriótica que se aprende a repetir —sin análisis alguno— desde la escuela.

El legado

Como el resto de himnos de Centroamérica, el de El Salvador hereda los rasgos de la melodía patriótica que nació en el Siglo XVII en Francia.

Juan Rafael Sánchez, en su libro Origen y Evolución de la Canción Patriótica, sostiene que, a raíz de la revolución francesa, “se forja una canción patriótica inspirada en ideales colectivos”, como La Marsellesa de los franceses.

Es así que en sus contenidos se resaltan los valores filosóficos y cívicos de cada región: el honor, la libertad, la seguridad, el trabajo, la paz, el cariño a la tierra donde se ha nacido, el respeto a la patria tal como lo dice el verso: “Saludemos la patria orgullosos”.

Otra característica —resalta el autor— en los himnos nacionales modernos es la de relatar la geografía del país al que alude. El que entonan los salvadoreños es una excepción, no así el de Guatemala y Honduras, que mencionan sus volcanes.

Asimismo, las melodías oficiales mencionan la historia del país, como la frase del Himno Nacional: “Dolorosa y sangrienta es su historia”, la cual podría recordarlas batallas por la unión centroamericana durante el Siglo XIX.

División nacional

Canto Desde pequeños se memoriza la letra y música. Foto EDH

El texto nacional está compuesto por tres estrofas y un coro. Si se cuentan cada una de las sílabas (al menos las del coro), se obtendrá un promedio de diez.

De acuerdo con Juan Rafael Sánchez, los versos decasílabos eran en ese tiempo “los más apropiados por su sonoridad y ritmo para la expresión de grandes hechos heroicos”. Además se conjugaban bien con el ritmo de las marchas.

También se emplean palabras por su sonoridad poética, aunque algunas de ellas ya no son tan comunes.

Así, Irving Ramírez, director del Coro Nacional, resalta amaños, dogma, espartana, palabras cuyo significado conocen muy pocos, pero que la mayoría pronuncian al cantar el Himno (ver glosario).

¿Y la música? La especialista en esa área, Marta Rosales, sostiene que está “muy bien escrito armónicamente, la forma, el fraseo y las partes vocales”, ya que es solemne y con tinte marcial.

La melodía tiene características del estilo romántico que se dio a finales del Siglo XIX y principios del XX. Aberle era un romántico napolitano, por lo tanto, opina Rosales, no es tanta casualidad que la introducción del Himno Nacional tenga cierta similitud con la fanfarria de Guillermo Tell, conocida como la del Llanero Solitario.

Con relación a las partituras, los himnos, como el de El Salvador, solían estar escritos con la observación musical de andante majestuoso, es decir, ejecutado a velocidad moderada, pero enérgica.

En cuanto al mensaje, Ramírez opina que la composición de Aberle y Cañas transmite esperanza, pacifismo e ideales como la libertad y la lucha por la felicidad.

El historiador salvadoreño Carlos Gregorio López sostiene que las estrofas son un diálogo histórico. Fomentan los ideales de la república salvadoreña, el respeto y defensa de la patria sin ser guerrerista.

Lo anterior se nota en el último verso de la tercer estrofa: “En hacer cruda guerra a la guerra: Su aventura se encuentra en la paz”.


Nuevos ritmos para el símbolo

Sin ánimo de atentar contra el Himno Nacional, Marta Rosales se cuestiona: “¿Por qué no hacer otros arreglos para nuestro himno?”.

Juan Aberle. El compositor porta una medalla de oro por su obra.. Foto EDH

Ella no habla de abolir la partitura de Aberle sino que sugiera hacer tal vez una versión en jazz, rock o hasta hip hop.

“Creo que una de las claves para que las nuevas generaciones se identifiquen con los símbolos patrios es que éstos les hablen su propio idioma”, comentó la musicóloga. Así como lo hizo Jimmy Hendrix en Woodstock 69 con el Himno de los Estados Unidos.

El director del Coro Nacional, Irving Ramírez, opina que la melodía patriótica de El Salvador no debe ser usada a la ligera, porque se “desvirtúa”.

Ambos profesionales sostienen que la mayoría de nacionales comenten errores al cantar el Himno Nacional.

Errores como decir, “consagrá”, en vez de “consagrar” o “desde el día en que su alta bandera” en vez de “desde el día que en su alta bandera...”. O cantarlo todo igual cuando en realidad las notas musicales de su partitura indican otra cosa.

Muchos de estas irregularidades se cometen —explican los expertos— porque se aprende la música y letra en forma mecánica, sin entender lo que realmente se está diciendo.

Sumado a la carencia de una educación musical adecuada que permita entonar correctamente cada sonido.

Marta Rosales califica como un “himno no fácil”, porque Aberle debió haberlo compuesto pensando en un coro profesional.

Juan Rafael Sánchez, autor del libro Origen y Evolución de la Canción Patriótica, indica que penetrar en su esencia es una “necesidad social” y cívica.

Un símbolo nacional

Encargo. La iniciativa de crearlo fue del presidente Rafael Zaldívar.

Letra. Fue escrita por Juan José Cañas en 1879. Cañas fue militar y masón. Murió en 1918.
Música. Compuesta por Geovanni Enrico Aberle Sforza, compositor italiano.

Estreno. Lo entonó un coro de escolares el 15 de septiembre de 1879, frente al antiguo Palacio Nacional.

Partitura. De acuerdo con Carlos Cañas Dinarte, la original está perdida. Se cree que fue destruida en el incendio del antiguo Palacio Nacional.

Dinero. Cañas y Aberle nunca recibieron un pago monetario por su arte. Para recompensarles, la Asamblea Legislativa les entregó una medalla de oro a cada uno el 15 de septiembre de 1903.

La antigua. La grabación oficial que aún se utiliza fue realizada en la década de 1950.

La nueva. En 2000, el etnomusicólogo Salvador Marroquín hizo un arreglo que estrenó para los Juegos Centroamericanos.



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