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Opinando
El amor y respeto a nuestra patria

Inculcar el amor y el respeto a la patria es tarea de todos. Así estaremos siendo promotores activos de una mayor conciencia cívica y de esta forma fortaleceremos nuestra identidad como nación.

Publicada 13 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Miriam Mixco*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Septiembre es conocido como mes de la Independencia. En las escuelas y colegios se canta el Himno Nacional y se recita la Oración a la Bandera.

Esto está bien, pero, lamentablemente, el patriotismo se vuelve un sentimiento ocasional, porque el resto del año nos olvidamos de los valores cívicos.

Los salvadoreños tenemos una débil formación cívica y pensamos que sólo en estos días debemos honrar a la patria y fortalecer el sentido de nacionalidad.

El resto del año, algunos lucen los colores nacionales sólo en eventos deportivos, siendo nuestro patriotismo pasajero.

En este mes es frecuente oír los nombres de Manuel Aguilar, Manual José Arce, José Matías Delgado y Vicente Aguilar. Pero la lista de los próceres fue ampliada a 30 por nuestros legisladores el año pasado.

Entre las personas a las que se les rinde tributo por haber luchado y dieron sus vidas durante el proceso independentista centroamericano, hay cuatro mujeres: Manuela Antonia Arce, María Feliciana de los Ángeles Miranda, María Felipa Aranzamendi de Arce y Manuela Miranda, mujeres a las que debemos también admirar y recordar.

Patriotismo es el valor que procura cultivar el respeto y amor que debemos a la patria a través de nuestro trabajo honesto y nuestra contribución al bienestar común.

Usualmente, este valor lo observamos más en épocas difíciles como después de un terremoto o en una guerra, pero el patriotismo se refleja en nuestras costumbres y normas de respeto. Entonces, debemos fomentar y practicar este valor los 365 días del año.

Los esfuerzos del Gobierno encaminados al fortalecimiento de los valores cívicos tienen que ser complementados por las instituciones educativas, públicas y privadas, así como por los padres de familia, con el propósito de que nuestros niños y jóvenes no crezcan con malos ejemplos, en vista de que éstos ven como algo normal lo que hacemos los adultos y tienden a imitarnos.

La incongruencia entre el discurso y la acción es uno de los principales problemas. No es posible que algunos maestros continúen hablando sobre valores en las aulas y al mismo tiempo fomenten prácticas que van en contra de las buenas costumbres y atentan contra los derechos de los demás, causando desprestigio al gremio de maestros, donde hay muchos que son verdaderos ejemplos a seguir.

Es imprescindible que la formación de valores sea un proceso sistemático y que la labor docente-educativa incluya el nacionalismo, o sea el amor a nuestra nación, la disposición a contribuir a su desarrollo, a fin de garantizar un mejor estadio de vida a las actuales y futuras generaciones.

Importante es que los símbolos patrios permanezcan visibles y en sitios especiales en los centros educativos y edificios públicos y privados, durante este mes de septiembre.

No obstante, también es de suma importancia que reflexionemos no sólo acerca de las gestas gloriosas de nuestros antepasados, sino sobre lo que nosotros estamos haciendo por construir una patria mejor.

Nuestros símbolos patrios son una representación genuina de la patria, nuestro territorio nacional, cultura, libertades e ideales.

Cuando les rindamos honores, durante las celebraciones del 183 aniversario de Independencia, debemos hacerlo con atención y respeto. Que durante este mes aflore nuestro espíritu patriótico con mayor intensidad.

Inculcar el amor y el respeto a la patria es tarea de todos. Así estaremos siendo promotores activos de una mayor conciencia cívica y de esta forma fortaleceremos nuestra identidad como nación. Como resultado tendremos un El Salvador más próspero y humano, porque nosotros seremos cada vez mejores ciudadanos.

El poeta inglés Lord Byron decía que “el que no ama su patria no puede amar nada”. Esto es cierto, porque con el patriotismo demostramos solidaridad y amor hacia los demás, en virtud de que pensamos en el bienestar colectivo y no sólo en nuestros propios intereses.

Cuando los valores cívicos están bien cimentados, nos surge la preocupación por los demás y contribuimos a vivir en armonía.

*Lic. en Derecho.


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