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Palacio Nacional. Los detalles arquitectónicos neoclásicos
reflejan las gestas heróicas. Foto:
EDH/Gustavo Rico
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Morena Azucena/Adda
Montalvo
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Qué
es para usted la patria? Si esta interrogante le evoca los símbolos
patrios, algún monumento, edificio, poema o una canción,
se dará cuenta que esta idea no tiene una sola forma de expresarse.
Y cada manifestación ha sido diferente en cada uno de los momentos
históricos de El Salvador.
Para el historiador salvadoreño Carlos Gregorio López, la
patria adquiere significado y contenido en la medida que por diferentes
mecanismos se va haciendo visible a la población.
Algunas maneras de hacerla visible es a través de la pintura, literatura,
música, educación, arquitectura y escultura.
Con estas expresiones, López dice que se le va dando forma
a la idea que de otra manera sería amorfa o bastante abstracta.
El historiador Sajid Herrera manifiesta que en la vida colonial, la patria
era concebida tradicionalmente como el lugar de nacimiento.
Años más tarde, cuando la monarquía española
entró en crisis (por la invasión napoleónica), los
criollos manejaron dos conceptos de patria: una natural (América,
donde nacieron) y una política (la monarquía a quien le
rendían lealtad).
Durante el proceso independentista, el concepto implicó también
las nociones de libertad y felicidad (influenciados por las
ideas de la Revolución Francesa), sostiene.
A mediados del siglo XIX, la idea de nación fue concebida inicialmente
por las élites, explica López.
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Salvador del Mundo En la época colonial, como hoy, los patronos
evocan identidad y pertenencia a un lugar.Foto:
EDH
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El discurso nacional, elaborado por los intelectuales
liberales, fue propagado a través de diferentes medios, entre ellos,
la escuela, la milicia, las celebraciones cívicas y los monumentos.
Durante el último tercio de 1900, inventarse tradiciones (ofrendas
florales a monumentos, desfiles y cañonazos) fue una manera de
crear, de promover lo que López llama religión cívica.
Un personaje que impulsó esta tendencia fue Gerardo Barrios.
Aficionado a la fastuosidad, Barrios ordenó inhumar los restos
del caudillo unionista Francisco Morazán e implantar rituales en
honor a esta figura. Prueba de ello, es el monumento a Morazán
que aún permanece frente al Teatro Nacional desde 1882.
Posteriormente, durante la primera década del siglo XX se inició
el tributo a Gerardo Barrios.
En 1910 se inauguró la actual estatua en su honor frente al Palacio
Nacional. Este mismo edificio, concluído un año después,
se caracteriza por su arquitectura con rasgos neoclásicos, el cual,
según la historiadora del arte Astrid Bahamond, exalta las gestas
heroicas nacionales.
Ese 1911 se cumpliría también el centenario del Primer Grito
de Independencia (5 de noviembre). Y para celebrarlo se inauguraría
el Monumento a La Libertad en la plaza del mismo nombre.
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Gerardo Barrios. Su estatua erigida en 1910 es muestra del tributo
cívico a este personaje. Foto: EDH
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El 15 de septiembre de 1913, bajo los auspicios del Presidente
Carlos Meléndez, se adoptó la actual bandera y escudo
nacional, documenta el curador de arte Luis Croquer.
Es a partir de 1920, que el concepto de patria da un giro importante,
según Carlos Gregorio López.
Los intelectuales de la época tratan a redefinir la historia nacional
y empiezan a escribir sobre temas campesinos e indígenas.
La razón de estos escritos era una: construir una imagen individualizada
de el país, sostiene López. Así, se rescata y se
reinventa la figura del indio Atlacatl.
Otros escritores sobresalientes son Alfredo Espino, Miguel Ángel
Espino, Arturo Ambrogi, las investigaciones etnomusicales de María
de Baratta y los cuentos de Salarrué.
La visión cambió radicalmente a raíz de la insurrección
indígena de 1932. Tal como lo expone López, durante la década
anterior, se sostenía que el indígena era lo más
hermoso que tenía esta nación. Pero después del 32
se convertía en un asesino.
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Símbolos Pintura del salón Rosado en el Palacio
Nacional. Foto: EDH
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Después de dicho evento hay una profusión
de obras que exaltan a lo indígena tal como la India de Panchimalco
de José Mejía Vides o Los Campesinos de Miguel
Ángel Espinoza, explica Luis Croquer.
Posteriormente, a lo largo de 1940 y 1950 se abre un nuevo capítulo
en la historia: la modernización e industrialización del
país bajo la administración del coronel Óscar Osorio
(1944 -1948).
En esos años se erigen monumentos como el de La Revolución
(de Violeta Bonilla) en 1956 y el de La Constitución de 1950 (de
Francisco Zúñiga) que siguen siendo referentes escultóricos
de la patria.
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Arquitectura
Las edificaciones también fueron testimonio del patriotismo
que se generó en la época. El Palacio Nacional es
una de las máximas expresiones de estilo Neoclásico,
el cual reivindicaba la arquitectura grecolatina. Los planos de
esta joya fueron concebidos por el ingeniero Emilio Alcaine. Y sus
decoraciones internas fueron dirigidas por el italiano Gugliemo
Aroni. Los trabajos constructivos concluyeron en 1911, según
dicta un documento de Consejo Nacional para la Cultura y el Arte,
Concultura. Otras edificaciones de la época destaca el Teatro
Nacional y el Teatro de Santa Ana.
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Escultura
Entre las esculturas clásicas que evocan hechos y personajes
patrios se encuentran los monumentos a Gerardo Barrios y el de La
Libertad. En los años XX se reinventa el mito de Atlacatl.
Los intelectuales buscaban un ícono que representara la nacionalidad
salvadoreña y lo adjudicaron a la escultura de Valentín
Estrada. Para los años 40 y 50 la influencia del muralismo
mexicano se evidenció en el monumento a La Revolución
y el de La Constitución de 1950. Ambos representaban la ansia
de la nación por progresar a través de la industria
y la política.
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Religión
De acuerdo al historiador Sajid Herrera, durante el período
colonial los criollos (hijos de españoles nacidos en América)
buscaban símbolos que les evocaran pertenencia. La religiosidad
popular cristiana heredó algunas imágenes. Un ejemplo
claro de esto es la Virgen de Guadalupe, en México. Ella
es un lazo de cohesión y patriotismo para los mexicanos.
En el caso nacional sostiene que la imagen de El Salvador del Mundo
podría cumplir esta función. Sin embargo, la imagen
tiene mayor devoción entre los capitalinos por ser su patrono.
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Artes
plásticas
La pintura post independentista tenía un referente geográfico:
Europa. Los primeros salvadoreños que se expresaron públicamente,
en esta rama, fueron Francisco Wenceslao Cisneros (1825-1878), Pascasio
González (1848-1917) y Marcelino Carballo (1874-1949).
A esta generación le sucede Carlos Alberto Imery y Miguel
Ángel Ortiz Villacorta, quienes en 1903 gozaron de una beca
gubernamental para que realizaran estudios en Italia, según
documenta el curador Luis Croquer. En la década de los 30
y 40 aparece una nueva generación. Entre ellos destaca José
Mejía Vides y Luis Cáceres.
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Letras
e Historia
A mediados del siglo XIX y principios del XX los escritores y los
periodistas fortalecieron el sentido patriótico. Tal es el
caso de Francisco Gavidia quien escribió El Panegírico
de San Salvador, una semblanza histórica de la ciudad,
según el historiador Carlos Gregorio López.
Por su parte, Juan Ramón Uriarte escribió en 1926
Cuscatanología, una ciencia nacida para estudiar y
rescatar el folclore salvadoreño. Además de
las letras y el periodismo, las investigaciones arqueológicas
e históricas reforzaron este sentimiento. En 1929, por ejemplo,
se divulgaron los resultados de las primeras investigaciones de
Cihuatán en Aguilares.
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