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Surgen las bellezas del arte

La idea de patria no sólo se manifiesta en los símbolos oficiales, también en la pintura, la literatura y otras expresiones

Publicada 11 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Palacio Nacional. Los detalles arquitectónicos neoclásicos reflejan las gestas heróicas. Foto: EDH/Gustavo Rico

Morena Azucena/Adda Montalvo
El Diario de Hoy

vida@elsalvador.com

Qué es para usted la patria? Si esta interrogante le evoca los símbolos patrios, algún monumento, edificio, poema o una canción, se dará cuenta que esta idea no tiene una sola forma de expresarse. Y cada manifestación ha sido diferente en cada uno de los momentos históricos de El Salvador.

Para el historiador salvadoreño Carlos Gregorio López, la patria “adquiere significado y contenido en la medida que por diferentes mecanismos se va haciendo visible a la población”.

Algunas maneras de hacerla visible es a través de la pintura, literatura, música, educación, arquitectura y escultura.

Con estas expresiones, López dice que se le “va dando forma a la idea que de otra manera sería amorfa o bastante abstracta”.

El historiador Sajid Herrera manifiesta que en la vida colonial, la patria era concebida tradicionalmente como el “lugar de nacimiento”.

Años más tarde, cuando la monarquía española entró en crisis (por la invasión napoleónica), los criollos manejaron dos conceptos de patria: una natural (América, donde nacieron) y una política (la monarquía a quien le rendían lealtad).

Durante el proceso independentista, el concepto implicó también las nociones de “libertad y felicidad” (influenciados por las ideas de la Revolución Francesa), sostiene.

A mediados del siglo XIX, la idea de nación fue concebida inicialmente por las élites, explica López.

Salvador del Mundo En la época colonial, como hoy, los patronos evocan identidad y pertenencia a un lugar.Foto: EDH

El discurso nacional, elaborado por los intelectuales liberales, fue propagado a través de diferentes medios, entre ellos, la escuela, la milicia, las celebraciones cívicas y los monumentos.

Durante el último tercio de 1900, inventarse tradiciones (ofrendas florales a monumentos, desfiles y cañonazos) fue una manera de crear, de promover lo que López llama “religión cívica”. Un personaje que impulsó esta tendencia fue Gerardo Barrios.

Aficionado a la fastuosidad, Barrios ordenó inhumar los restos del caudillo unionista Francisco Morazán e implantar rituales en honor a esta figura. Prueba de ello, es el monumento a Morazán que aún permanece frente al Teatro Nacional desde 1882.

Posteriormente, durante la primera década del siglo XX se inició el tributo a Gerardo Barrios.
En 1910 se inauguró la actual estatua en su honor frente al Palacio Nacional. Este mismo edificio, concluído un año después, se caracteriza por su arquitectura con rasgos neoclásicos, el cual, según la historiadora del arte Astrid Bahamond, exalta las gestas heroicas nacionales.

Ese 1911 se cumpliría también el centenario del Primer Grito de Independencia (5 de noviembre). Y para celebrarlo se inauguraría el Monumento a La Libertad en la plaza del mismo nombre.

Gerardo Barrios. Su estatua erigida en 1910 es muestra del tributo cívico a este personaje. Foto: EDH

El 15 de septiembre de 1913, bajo los auspicios del Presidente Carlos Meléndez, “se adoptó la actual bandera y escudo nacional”, documenta el curador de arte Luis Croquer.

Es a partir de 1920, que el concepto de patria da un giro importante, según Carlos Gregorio López.

Los intelectuales de la época tratan a redefinir la historia nacional y empiezan a escribir sobre temas campesinos e indígenas.

La razón de estos escritos era una: construir una imagen individualizada de el país, sostiene López. Así, se rescata y se reinventa la figura del indio Atlacatl.

Otros escritores sobresalientes son Alfredo Espino, Miguel Ángel Espino, Arturo Ambrogi, las investigaciones etnomusicales de María de Baratta y los cuentos de Salarrué.

La visión cambió radicalmente a raíz de la insurrección indígena de 1932. Tal como lo expone López, durante la década anterior, se sostenía que el indígena era lo más hermoso que tenía esta nación. Pero después del 32 se convertía en un asesino.

Símbolos Pintura del salón Rosado en el Palacio Nacional. Foto: EDH

Después de dicho evento “hay una profusión de obras que exaltan a lo indígena tal como la ‘India de Panchimalco’ de José Mejía Vides o ‘Los Campesinos’ de Miguel Ángel Espinoza”, explica Luis Croquer.

Posteriormente, a lo largo de 1940 y 1950 se abre un nuevo capítulo en la historia: la modernización e industrialización del país bajo la administración del coronel Óscar Osorio (1944 -1948).

En esos años se erigen monumentos como el de La Revolución (de Violeta Bonilla) en 1956 y el de La Constitución de 1950 (de Francisco Zúñiga) que siguen siendo referentes escultóricos de la patria.

Arquitectura
Las edificaciones también fueron testimonio del patriotismo que se generó en la época. El Palacio Nacional es una de las máximas expresiones de estilo Neoclásico, el cual reivindicaba la arquitectura grecolatina. Los planos de esta joya fueron concebidos por el ingeniero Emilio Alcaine. Y sus decoraciones internas fueron dirigidas por el italiano Gugliemo Aroni. Los trabajos constructivos concluyeron en 1911, según dicta un documento de Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, Concultura. Otras edificaciones de la época destaca el Teatro Nacional y el Teatro de Santa Ana.
Escultura
Entre las esculturas clásicas que evocan hechos y personajes patrios se encuentran los monumentos a Gerardo Barrios y el de La Libertad. En los años XX se reinventa el mito de Atlacatl. Los intelectuales buscaban un ícono que representara la nacionalidad salvadoreña y lo adjudicaron a la escultura de Valentín Estrada. Para los años 40 y 50 la influencia del muralismo mexicano se evidenció en el monumento a La Revolución y el de La Constitución de 1950. Ambos representaban la ansia de la nación por progresar a través de la industria y la política.
Religión
De acuerdo al historiador Sajid Herrera, durante el período colonial los criollos (hijos de españoles nacidos en América) buscaban símbolos que les evocaran pertenencia. La religiosidad popular cristiana heredó algunas imágenes. Un ejemplo claro de esto es la Virgen de Guadalupe, en México. Ella es un lazo de cohesión y patriotismo para los mexicanos. En el caso nacional sostiene que la imagen de El Salvador del Mundo podría cumplir esta función. Sin embargo, la imagen tiene mayor devoción entre los capitalinos por ser su patrono.
Artes plásticas
La pintura post independentista tenía un referente geográfico: Europa. Los primeros salvadoreños que se expresaron públicamente, en esta rama, fueron Francisco Wenceslao Cisneros (1825-1878), Pascasio González (1848-1917) y Marcelino Carballo (1874-1949).
A esta generación le sucede Carlos Alberto Imery y Miguel Ángel Ortiz Villacorta, quienes en 1903 gozaron de una beca gubernamental para que realizaran estudios en Italia, según documenta el curador Luis Croquer. En la década de los 30 y 40 aparece una nueva generación. Entre ellos destaca José Mejía Vides y Luis Cáceres.
Letras e Historia
A mediados del siglo XIX y principios del XX los escritores y los periodistas fortalecieron el sentido patriótico. Tal es el caso de Francisco Gavidia quien escribió “El Panegírico de San Salvador”, una semblanza histórica de la ciudad, según el historiador Carlos Gregorio López.
Por su parte, Juan Ramón Uriarte escribió en 1926 Cuscatanología, “una ciencia nacida para estudiar y rescatar el folclore salvadoreño”. Además de las letras y el periodismo, las investigaciones arqueológicas e históricas reforzaron este sentimiento. En 1929, por ejemplo, se divulgaron los resultados de las primeras investigaciones de Cihuatán en Aguilares.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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