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Karina García
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Decaimiento,
ansiedad, hipertensión, nerviosismo, hiperactividad y tristeza.
Éstas son algunas de las conductas que pueden presentar sus mascotas
cuando están estresadas.
Aunque para algunos puede parecerles risible e improbable, los animales
también pueden sufrir de este mal. Incluso existen países
que han creado leyes para combatir el problema.
Costa Rica es uno de ellos. Según un artículo publicado
por la agencia EFE, este año el gobierno del país centroamericano
emitió un decreto sobre la tenencia de mascotas, en el que fija
regulaciones para que éstas no sufran malestar sicológico
como miedo, tensión, estrés y angustia.
Entre las nuevas obligaciones para quienes tienen mascotas se encuentran
el control de la natalidad, la protección contra la lluvia, el
frío, el calor o las inundaciones como medida para evitarles el
estrés.
Sensibilidad
Según el veterinario salvadoreño Álvaro Aguirre,
los más propensos a desarrollar este padecimiento son los perros,
debido a que mantienen un mayor contacto con las personas.
El médico asegura que son sensibles a los rechazos y maltratos,
al igual que a la falta de condiciones adecuadas.
El no contar con un espacio lo suficientemente grande y cómodo,
el que no dispongan de agua y comida, de un área higiénica
e iluminada o ser sometido a un régimen de ejercicio muy fuerte
son factores que pueden provocar reacciones de tensión.
Los cambios de hábitat y de temperatura, el traspaso a una nueva
familia, el baño y las visitas al veterinario también pueden
afectar la conducta de los animalitos.
Además éstos pueden absorber y proyectar los estados de
ánimo de sus dueños, según lo explica el veterinario.
Influye si el dueño tiene un carácter agradable, pasivo
o alterado y cómo trate a la mascota, indica.
De acuerdo con el especialista, es muy difícil evitar que éstas
no se vean afectadas por las conductas de sus propietarios. Para
ello tendrían que estar aislados, explica.
Señales de alerta
Su mascota puede estar padeciendo de estrés si:
Cambia su conducta o la intensifica. Por ejemplo, si se caracteriza por
ser alegre y repentinamente se deprime, pierde el apetito o se enferma
del estómago sin aparente explicación.
O si por el contrario, se vuelve agresivo. También pueden darse
casos en los que el animal ya presenta conducta hostil y la aumenta.
También pueden tener cuadros de excesiva salivación, cansancio,
ritmo cardíaco acelerado y desmayos. Lo mejor, cuando se dan estas
situaciones, es llevarlos al veterinario.

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