|
Punto
de vista
¿Qué nota le ponemos a los medios?
Evaluar la credibilidad
de cada medio, entonces, es crucial para la democracia y para el país.
Puede hacerse con los datos de la participación de mercado de cada
uno, pero es un modo indirecto y aproximado de hacerlo.
Publicada 11 de septiembre 2004, El Diario de
Hoy
|
Carlos
Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En
estos días, al analizar exhaustivamente los primeros cien días
de la actual gestión presidencial, los medios de comunicación
están cumpliendo uno de sus papeles más importantes.
Al reflexionar acerca de las opiniones que han sido publicadas en estos
días, me parece importante hacer notar que vale la pena, siempre
que recibimos una información, tener claro dónde tocan las
campanas, qué están tocando y lo más importante,
a veces, quién es el campanero.
En este caso, el campanero son los medios de comunicación. Cada
campanero tiene su modo peculiar de tocar y, por eso, una misma partitura
puede ser interpretada con variaciones, arreglos e improvisaciones, dependiendo
de la habilidad de quien toca, del público a quien va dirigida
y de los intereses que le mueven a tocar.
Con el análisis de los primeros cien días de gobierno, la
melodía que se escucha parece ser un himno a la democracia, a la
participación, al interés genuino por resolver los problemas...
y a la esperanza.
Quizá a la vista de la buena opinión que en general
el Presidente Saca ha despertado entre los ciudadanos, y que ha sido reflejada
por los medios de comunicación, sea importante considerar el papel
de los medios en una democracia, viéndola como un sistema de gobierno
que necesariamente debe incluir en sí los mecanismos para evaluar
la labor de los gobernantes, y no sólo como un mecanismo de elección
de los mandatarios.
La base de la democracia es una idea muy simple: la gente que gobierna
tiene aciertos y comete errores. Por tanto, debe ser posible la continuidad
de los que logran resultados positivos y la destitución sin violencia
de los que se equivocan.
Por eso necesitamos instituciones que permitan garantizar la democracia,
y nunca dejar de tener en cuenta que el poder otorgado por la libre voluntad
de los ciudadanos, y la autoridad que va aneja a dicho poder, no son absolutos.
Ahora bien ¿quién controla a los que controlan? ¿Qué
instituciones, sistemas y personas garantizan la salud en una democracia?
Tradicionalmente se identifican tres: la división de poderes, la
limitación temporal del mandato y el peso de la opinión
pública.
Los dos primeros se fijan y delimitan en la Constitución de la
República. Pero el tercero, el peso que ejerce la opinión
pública en la sociedad requiere, ¡cómo no! De libertad
de expresión, de opinión y discusión; de responsabilidad
y compromiso con la verdad por parte de los medios; pero también,
y esto con frecuencia se pasa por alto, necesita transparencia y credibilidad
en la actuación de los gobernantes, información, concordia
y un ambiente de distensión entre quienes generan la noticia (los
gobernantes) y los periodistas que la publican y comentan.
De ahí que cualquier gobierno que manipule la posibilidad de ser
juzgado por la opinión pública, se está exponiendo
a ser juzgado como incapaz. Pero también si el gobierno informa
de sus logros y hace partícipes a sus electores de sus éxitos
y proyectos, si sus acciones satisfacen las expectativas de los ciudadanos,
tiene asegurada la benevolencia de los electores.
Por ello es muy importante que los periodistas tomen distancia y evalúen
los hechos gubernamentales. Este Gobierno ha cambiado notablemente la
relación con los medios: antes había tensión, ahora
hay armonía; antes la noticia debía ser buscada con tesón
por los medios, ahora se les sirve en bandeja. Esa tensión la reflejaban
los medios y la gente juzgaba al Gobierno como quien debía solucionar
los problemas, ahora lo mira como quien va a solucionar los problemas.
Estos primeros cien días han sido una especie de epílogo
de la campaña electoral: las prisas por lograr resultados han sido
acalladas al ser sustituidas por la generación de esperanza, y
esto lo reflejan las encuestas tal como han sido publicadas.
Evaluar la credibilidad de cada medio, entonces, es crucial para la democracia
y para el país. Puede hacerse con los datos de la participación
de mercado de cada uno, pero es un modo indirecto y aproximado de hacerlo.
Otra manera, quizá más apegada a la realidad, es esperar
las próximas elecciones, y ver a quién elige la gente.
Entonces se confirmará o desmentirá la visión que
cada medio ha publicado de los que detentan el poder... Y aunque siempre
persista la duda acerca de si los gobernantes han hecho bien las cosas,
o sencillamente se ha publicado que las están haciendo bien, se
verá su influencia real en los electores, es decir, su credibilidad.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista
de El Diario de Hoy.

|