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Nuestros sodados
Del patriotismo teórico al práctico

Nuestros soldados, que han regresado de Iraq, definitivamente, sí practican el patriotismo. Deseo, en el 15 de septiembre, Día de nuestra Independencia, darles la más calurosa bienvenida.

Publicada 11 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

María A. de López Andreu*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Recuerdo, durante mi infancia y juventud, el especial significado que las fiestas patrias representaban para mí. Y digo “significaban”, en tiempo pasado, porque ahora —con la madurez y experiencia que la vida y sus duras enseñanzas me han proporcionado— estas mismas fiestas ya no representan lo mismo: representan, hoy, infinitamente más que ayer.

El patriotismo, como todo aquello que vale la pena, se construye sobre pequeños, pero sólidos cimientos que se colocan en la infancia.

Es entonces cuando, cantando destempladamente nuestro Himno, con sencillos poemas, con pequeños desfiles, pintando banderas y escudos, quizá carentes de arte pero repletos de amor, nos vamos dando cuenta de que tenemos una patria que es nuestra, que nos ha dotado de una nacionalidad, un idioma, un territorio, una cultura, una historia, una fe.

Y así, a medida que nuestras banderas nos quedan mejor coloreadas y aprendemos a dibujar nuestro escudo sin calcarlo, también “madura” nuestro patriotismo y va evolucionando hasta convertirse, no sólo en un bello sentimiento, sino en una consciente y primordial responsabilidad hacia nuestro país.

Dicho en pocas palabras: pasamos del patriotismo teórico al práctico.

Practicar el patriotismo encierra una inmensa y variada gama de acciones que van, desde las más prosaicas y simples —como no tirar basura— hasta las más sublimes y heroicas, pasando, claro, por las “normales”: respetar las leyes y reglamentos, pagar los impuestos, etc. Y todos, sin excepción, estamos llamados a “practicar” el patriotismo con entusiasmo y sin regateos.

Veamos un ejemplo que edifica y emociona: el desempeño de nuestros soldados que han regresado de Iraq.

Es lógico que, por motivos de seguridad, no se les haya hecho un masivo recibimiento oficial, pero todos los salvadoreños, sin excepción, debemos sentirnos felices y orgullosos de saberles sanos y salvos, reunidos de nuevo con sus familias, tras haber cumplido una misión tan importante.

Ese grupo de apenas unos pocos centenares de hombres, ha vivido tiempos de peligro y sacrificio, pagando la deuda que todos los salvadoreños —¡todos, nos guste o no!— tenemos con el mundo libre.

Y todos los ciudadanos deberíamos apreciar su gesta y agradecerla como lo que es: un verdadero ejemplo de patriotismo.

Los valores patrios, como decíamos, se van forjando en la infancia. Sería muy del caso que en todas las aulas, con motivo del Día de la Independencia, se hiciera alusión a esos contingentes de compatriotas que han llegado hasta lejanas tierras, defendiendo el ideal de una patria en libertad, tal como nos la legaron nuestros próceres. Y se honrara, de manera muy especial, el nombre de Natividad Méndez, quien entregó su vida en el cumplimiento del deber y puso tan en alto el nombre de nuestro país.

Esperaría, también, que en todas las iglesias, diariamente en cada misa, el sacerdote y los fieles pidiéramos la bendición y protección de Dios para nuestros soldados, tanto quienes ya regresaron como los que aún se encuentran en Iraq.

Tal y como lo hace monseñor Luis Morao, en nuestro país, y como es acostumbre en tantos otros lugares, donde las acciones de sus respectivas tropas son verdaderamente apreciadas.

La Iglesia Católica podría iniciar esa tradición en El Salvador, especialmente cuando los obispos que atienden a la grey iraquí están pidiendo que no se abandone a Iraq en la actual situación y muestran su dolor por las terribles calamidades que, los católicos especialmente, viven en esos lugares.

Nuestro ejército es una de las instituciones que más ha evolucionado, convirtiéndose en un apoyo para nuestra población.

Su profesionalismo ha quedado más que demostrado durante las acciones de reconstrucción posteriores a los terremotos y otras catástrofes que hemos vivido.

Y esa experiencia es la que han trasladado a una región que la necesita, para resurgir de las cenizas de la dictadura y el oscurantismo, pagando la ayuda que, en tantas y tantas ocasiones, nosotros mismos hemos recibido.

Nuestros soldados, que han regresado de Iraq, definitivamente, sí practican el patriotismo. Deseo, en el 15 de septiembre, Día de nuestra Independencia, darles la más calurosa bienvenida y decirles, en nombre de todos aquellos que amamos la libertad y deseamos la supervivencia de nuestra civilización occidental: ¡Gracias! ¡Dios y la patria les paguen todo lo que han hecho por El Salvador!
*Columnista de El Diario de Hoy.


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