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“El fútbol salvadoreño es insalvable”

Juan Ramón Paredes platicó con El Diario de Hoy horas después de dejar su cargo como entrenador de la
Seleccción Nacional. Se mostró muy tranquilo, pero proyectó un panorama sombrío sobre el futuro. Dice sentirse
contento por la felicidad que su salida ha provocado en la gente y asegura que muy pronto volverá a dirigir

Publicada 11 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

“Mi mayor crimen es haber nacido en El Salvador. A otros técnicos extranjeros que no han ganado nada los respetan mucho
más que a mí”

“Me he sacado un peso de encima al dejar la Selección. Antes era un luchador de sumo y hoy soy un boxeador mosca”

“Los jugadores primero piensan en el dinero y luego en los logros deportivos, es una herencia de las eliminatorias pasadas”

Claudio Martínez
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Cuesta creer que es el mismo Juan Ramón Paredes al que la gente insulta. El que hasta hace unas horas atrás fue el entrenador de la Selección entra a un Mister Donut y no recibe otra cosa que afecto. “Vamos, Ramón”, le dice uno. Otro le estrecha la mano y un tercero le grita “Fuerza, maestro”. Después, con una tranquilidad asombrosa, se presta al diálogo.

¿Cuándo se dio cuenta de que ya no iba a ser el técnico de la Selección?

El día después del partido, por el silencio de los directivos. Yo me presenté a trabajar, pero noté ese silencio. Sabía que algo estaban por hacer. Y no iban a cambiar a los 22 jugadores...

¿Tenía alguna esperanza de seguir?

No, no. Estaba claro. Cuando hablé con ellos yo les facilité la decisión.

¿Pero usted había dicho que no iba a renunciar?

Claro, yo les dije que a mí no me pidieran la renuncia, entonces llegamos a un acuerdo. Somos amigos con el ingeniero Torres. “La carga emocional que ustedes tienen es muy grande y si la alegría de la mayoría del fútbol viene con mi salida lleguemos a un acuerdo”, les dije.

¿Le duele?
Dolor y frustración no siento. A pesar de tanta perversidad, no siento ningún resentimiento. Pero claro que noté los obstáculos, propios de los que quieren evitar que alguien triunfe.

¿Se siente víctima?

Yo no, pero el proyecto sí ha sido víctima. A mí no me han hecho daño. Me siento contento. Y más todavía al saber que he hecho feliz a tanta gente. Van a amanecer un día sábado 11 de septiembre celebrando de alegría que ya no estoy en la Selección. Le he brindado una alegría más al pueblo salvadoreño. Los señores diputados ya no van a estar quebrándose la cabeza y el señor Presidente de la República no se va a tener que ocupar.

¿Ya nota a la gente más feliz?

Claro. Los bares van a estar llenos.

¿Es cierto que recibió amenazas?

No quería hacerlo público, pero es cierto. Yo tengo una familia y ningún dinero del mundo que pueda ganar vale la tranquilidad de mi familia. A mí no me importan los gritos y las ofensas de la gente, pero eso es diferente. La impunidad es tan grande en este país que algo le puede pasar a mis hijos.

¿Esta salida ayuda a eso?

Sí, porque no vale la pena sufrir tanto. Mi familia no puede estar como prisionera porque un fulano me amenaza. Mi hija tiene un carácter muy fuerte y se ha peleado, se peleó por mí varias veces.

Usted habla de obstáculos, ¿cuáles son?

Hubo interferencias desde el comienzo. Todo empezó con la eliminatoria. Empezaron a surgir todos los paladines de la justicia y la verdad en El Salvador. Me criticaron de todo, hasta que nunca he jugado fútbol... Muchas personas crearon un ambiente hostil.

¿Quiénes?
Muchos, periodistas, de todo...

¿Los jugadores son un problema?

Ellos pelean más por el dinero que por un logro. Los logros traen dinero, pero nuestro jugador quedó con la herencia de las generaciones pasadas, de las últimas eliminatorias, que primero hay que cobrar y luego hay que jugar. Esa es la herencia que dejaron nuestras ex estrellas...

¿De quién habla?

De todos los de las eliminatorias pasadas. Ellos son responsables de esta miseria que vivimos y no tienen el valor de dar la cara.

¿De qué se arrepiente? ¿Qué cosa no haría de volver a la Selecta?

De aceptar en las condiciones en las que acepté la primera vez. Sobre todo por el personal que rodea la selección. El técnico debe elegir a su auxiliar, y yo no pude decidir nada. Así no hay fidelidad y se vive en un infierno. No se puede confiar en nadie. Otra cosa que haría es no empezar a trabajar hasta no tener las cosas que he exigido.

¿No se arrepiente de haber llamado a algún jugador?

No, ninguno. Algunos no dieron lo máximo, pero eso es subjetivo.
Hubo algo desconcertante. Usted no quería a Cerritos, dijo que lo único que había ganado era pisto
Y si es cierto...

¿Y por qué lo convocó?

Es que cuando vemos que los jóvenes haciendo su máximo esfuerzo mayor ante selecciones más fuertes decidimos cambiar. Y aunque se diga que traicioné mis pensamientos, nunca lo hice.

¿Cómo se entiende?

Quienes traicionaron su pensamiento son los aficionados. Por que lo que más le duele al aficionado es que su ídolo le haya fallado. Apartamos a los jóvenes y pusimos a los que la gente pedía... Lo que le enardece a la gente es que Jorge Rodríguez y Ronald Cerritos le hayan fallado.

¿Y a usted le defraudaron?

A mí no, a sus aficionados.

¿Pero usted los llamó?

Sí, pero ellos son los que creían en él. Querían a Cerritos. Ahí lo tienen, que le pidan explicaciones...

Si usted dice que ellos malcriaron al resto, ¿por qué los volvió a llamar?

Al convocarlos les dije que no habría privilegios para nadie. Esas son las reglas. Todos son iguales...
Pero ellos decidieron volverse antes de Boston sin su autorización. No respetaron esa igualdad.
Ahí influyeron varios factores, pero no es nada comparado con las eliminatorias pasadas. Allí hubo borracheras en el albergue, drogas, escapes y violencia. ¿Por qué se fueron De Mello y Willman González? Alguien sacó una pistola y le tiró dos balazos en los pies a otro.

¿Cree que ahora que ya no está se solucionan los problemas?

Quitarme no era la solución, pero que me quedara tampoco. Le libero de la carga de la directiva por unas horas. Para mí ya terminó, pero para ellos apenas comienza. Tienen que nombrar al sustituto...

¿Y quién salva al fútbol salvadoreño?

El fútbol salvadoreño es insalvable.

¿Es insalvable?

Sí, y lo será mientras se siga pensando que lo importante es la competencia local.

¿Qué le falta?

De todo, pero principalmente técnica colectiva. Los jugadores no son capaces de hacer tres pases seguidos bien, y eso es porque a nivel de clubes no se logra. Y la gente no entiende mucho. Todos dijeron que el mejor fue Merino Dubón porque hizo un taquito. Por favor, no puso una sola pelota en profundidad.
Es cierto que él le pidió salir en el entretiempo.
Él y muchos más. En el medio tiempo todos decían que estaban lesionados. Les dije que fueran y jugaran...

¿Por qué la gente no lo quiere?

Mi mayor crimen fue haber nacido en El Salvador, porque si fuera extranjero me hubieran respetado más. Yo creo que es porque ellos están frustrados. Y yo no. Yo tuve un sueño, que era dirigir la selección, y lo cumplí. Nunca jugué en Primera pero me lo propuse y lo conseguí... Si no pueden cumplir es problema de ellos. Mi nombre ha dado la vuelta al mundo... Además, me voy después de darle una medalla dorada a mí país.

¿Le valoran eso?

Lo valoran en mi casa y con eso me alcanza. Y no me olvido de ese día que ganamos y esas 40,000 personas en el estadio gritando y cantando.
Son los mismos que ahora le insultan.
Es que aquí no hay memoria.

¿Siente que ahora que ya no es entrenador la carga es más liviana?

Digamos que antes era un luchador de sumo y hoy soy un boxeador mosca.

¿Quién tiene que ser el próximo entrenador de la Selecta?

Alguien con visión, carácter, sensible, ambicioso. Y además casarse con los dirigentes.

¿Quién puede ser?
No sé, pero le deseo suerte

¿Cree que la va a necesitar?

Muchísimo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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