
Rafael Rodríguez Loucel*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Esa
es la gran interrogante que los agentes productivos, políticos
y autoridades gubernamentales, deberían de contestar en un inventario
de actitudes y acciones de éstos en una supuesta búsqueda
del desarrollo del país.
Si lo que se hace es improvisar o reaccionar a las emergencias sin un
rumbo u objetivo de mediano plazo, partiendo de un ingreso sostenido de
remesas familiares y orando por que no se incremente el precio del petróleo
y sí el del café, la respuesta es bastante obvia.
Si por el contrario existen acciones concretas de innovación productiva
por parte del empresario y estrategias gubernamentales con un horizonte
definido, no con resultados mediatos o de corto plazo, pero sí
con un sello de garantía de beneficio colectivo a mediano plazo,
estaremos, quizás, en el camino correcto.
Si no se reactiva el agro y se continúa erosionando el medio ambiente,
la respuesta no es una adivinanza. Si por el contrario se implementa un
programa de asistencia técnica y se otorgan créditos preferentes
al sector agropecuario, las acciones definitivamente aseguran un crecimiento
a futuro de áreas rurales, que albergan a un gran porcentaje de
la población.
Si continuamos maquilando textiles con reducido valor agregado y alto
componente importado, sin avanzar horizontalmente en otros rubros de procesos
más sofisticados y más extensos de producción, nuestro
crecimiento podrá resultar precario y la respuesta es también
evidente.
Si mantenemos una tecnología obsoleta y una productividad cero,
la respuesta es irrefutable. Si el empresario, en un esquema de actitud
progresista y de acción positiva invierte en mejoras a la tecnología
para desplazar su curva de posibilidades de producción a niveles
superiores, sin lugar a dudas estaremos facilitando el progreso.
Si al mismo tiempo educamos o capacitamos nuestro recurso más abundante
(la gente), estaremos garantizando que esa mano de obra pueda asimilar
esa mejor tecnología y asegurar simultáneamente el derecho
humano de acceso al conocimiento y a una mejor calidad de vida para la
mayoría de la población en edad escolar.
Si no se toman acciones concretas por reducir la brecha comercial, la
deuda externa y el déficit fiscal, las posibilidades de alcanzar
un equilibrio financiero y, consecuentemente, una estabilidad macroeconómica
se alejan y la respuesta a la pregunta planteada se haría más
fácil de contestar. En esa misma frecuencia, la diferencia entre
una práctica de remesasconsumo e importaciones versus inversiónproducciónahorro
y exportaciones haría la diferencia entre subsistir y progresar.
En igual forma, si mantenemos la práctica permanente de tratar
de cuadrar un presupuesto en lugar de diseñar una política
fiscal que contenga una estructura tributaria que contribuya a una mejor
distribución del ingreso, eliminando todas aquellas figuras que
castigan regresivamente a este último, un diseño de mecanismos
que combatan la evasión y elusión fiscal, por ser consideradas
prácticas dañinas que atentan contra la estabilidad como
un todo, una reducción efectiva de la deuda gubernamental y una
eficaz asignación del gasto con fines productivos y sociales, la
respuesta también se facilita.
El mantener el estado actual de muchos procedimientos que constituyen
una ofensa para el electorado responsable o, por el contrario, se revisa
y se propone un sistema electoral, que devuelva la confianza y credibilidad
de las instituciones garantes del ejercicio democrático, se implanta
un Estado de Derecho, y se erradica la impunidad y la corrupción;
se instauraría un ambiente propicio para la estabilidad y el progreso.
Si se sigue con una actitud de inercia en todos los niveles del quehacer
productivo la respuesta es incuestionable. Una simple referencia de una
óptica particular; el editorial de El Diario de Hoy del 27-08 2004:
Himno fervoroso a la pereza, plantea las siguientes preguntas:
¿Dónde están aquellos legendarios salvadoreños
que laboraban incansables de sol a sol? ¿Qué sucedería?
Que los hay, los hay, pero son menos que antes. Una porción de
culpa la tienen las remesas que permiten a un gran número de connacionales
alcanzar ese estado idílico al que se refiere Corinne.
Muchas de las dudas e interrogantes planteadas en este artículo
tal vez podrán solucionarse o contestarse en el futuro con una
buena voluntad política y el cumplimiento eficaz del País
Seguro: Plan de Gobierno 2004-2009.
*Lic. en Economía.
rloucel@utec.edu.sv

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