El Diario de Hoy
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Son dos los principales
problemas del Parlacen: el primero, la carencia de una secretaría
ejecutiva que dé seguimiento y haga los cabildeos requeridos para
convertir en realidad sus resoluciones. La segunda, su carácter
de asamblea de sordos, donde cada uno plantea lo que le conviene, sin
esforzarse por buscar lo mejor para Centro América. El Parlacen
ha perdido prestigio por las conductas de algunos diputados, por la falta
de categoría de sus mensajes, por la pobre visión que caracteriza
a un alto número de sus miembros.
Es obvio que los organismos de esa naturaleza tardan mucho tiempo en encontrar
su camino; el provincialismo y la ciega defensa de intereses sectarios,
impiden que se sienten las bases de una positiva integración de
Centro América. Y era lógico que tal cosa sucediera,
como lo anticipó Viera Altamirano hace más de setenta años:
es mucho más fácil establecer buenos intercambios comerciales
y lograr un entendimiento para el desarrollo, que ponerse de acuerdo en
la política. Y no se ponen de acuerdo, porque cada tribu marcha
detrás de su cacique.
No le fue fácil a la Comunidad Europea llegar al punto en que se
encuentra hoy en día, pero allá vemos lo mismo que ocurre
acá: en lo económico, han ido con muchísima mayor
rapidez que en lo político. Los europeos cuentan ahora con una
moneda común, no hay barreras para el intercambio de bienes y servicios,
la gente puede desplazarse de un país a otro para trabajar y su
territorio se ha ido agrandando, como en Centro América, Panamá,
República Dominicana y Belice, buscan incorporarse. Pero Europa
apenas está en proceso de decretar su Constitución y hay
enormes diferencias en la política de cada país, comenzando
por las posturas frente a la guerra contra el terror y la presencia estadounidense
en Iraq.
Me quedo si me conviene
Además, de tales palos tales astillas: nadie espera que haya en
el Parlacen lo que no existe dentro de los partidos que lo integran. Si
son raras las iniciativas de categoría en los parlamentos de cada
país, con dificultad las habrá en el Parlacen. No
cabe esperar peras del olmo.
La Comunidad Europea, sin Constitución, ha establecido, empero,
las bases de lo que debe ser su vida institucional y pública: el
Orden de Derecho, la democracia política, una economía de
mercado, libertades individuales, y apertura al mundo. Todo, a su vez,
parte de la aceptación de la norma moral.
En Centro América, los comunistas, con amplia representación
en el Parlacen, han hecho del robo, del secuestro y del asesinato, métodos
valiosos para hacerse con el poder y conservarlo, chocando frontalmente
contra lo que la racionalidad y toda persona decente reconoce como el
único fundamento posible de la vida pacífica y civilizada.
Mientras en el Parlacen la tarea sea mezclar el agua con el aceite, no
podemos esperar mucho de él.
Véase lo que sucede con la Corte Centroamericana de Justicia: los
hondureños quieren salirse de ella, porque no les parece un fallo
emitido por la Corte. Es decir, las instituciones se toleran, mientras
hagan lo que yo quiero. Un buen día otro país puede
dejar el Parlacen para no aceptar una de sus resoluciones.