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Tres muertos y un herido deja un accidente vial

Ebriedad. Presumen que conductor de pick up iba borracho. Los otros tres hombres reparaban un bus a la orilla de la calle, donde fueron arrollados

Publicada 3 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Muerte. Curiosos observan el cadáver de René David Martínez. En segundo plano, el pick up que le ocasionó la muerte. Foto: EDH/Lissette Lemus

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Cuatro niños que no pasan de los seis años quedaron huérfanos desde ayer cuando un pick up conducido presuntamente por un borracho, mató a su padre, Ovidio Aguilar, de 30 años, cerca de Cojutepeque, Cuscatlán.

El percance también le costó la vida a René David Martínez, de 22 años, y al presunto causante, Moisés Say Alvarado, de 54, de origen guatemalteco.

David Antonio Rosales resultó herido, por lo que fue trasladado al hospital de Cojutepeque, donde dijeron que está grave.

La tragedia ocurrió ayer aproximadamente a las 11:30 de la mañana en el kilómetro 24.5 de la carretera Panamericana hacia oriente, sobre el carril que conduce de San Salvador a Cojutepeque.

Versiones policiales refieren que los mecánicos Martínez y Rosales estaban con el cobrador Aguilar en la cuneta tomando un receso en la reparación de un bus de la ruta 113 que había sufrido desperfectos.

La velocidad que llevaba el pick up de Alvarado no les dio tiempo de ponerse a salvo. Primero dobló dos tubos de hierro rellenos de concreto, de grosor similar a los usados para fabricar porterías de campos de fútbol; luego voló, literalmente, sobre la cuneta, esto lo comprueban las ramas quebradas de los arbustos de un paredón.

En ese trayecto arrolló a los tres hombres y luego cayó de frente sobre un muro de concreto. Del impacto, la mitad del chasis del pick up quedó como acordeón y el muro, desmenuzado.

Un policía dijo que al momento del reconocimiento legal del cuerpo de Say Alvarado, se sintió fuerte olor a licor. Esto también se los comentó el forense que practicó la diligencia.
Unas latas vacías de cerveza, halladas en el interior del pick up, delataron la sospecha.

El guatemalteco iba hacia Santa Rosa de Lima, en La Unión, a traer a la esposa, quien trabaja allá.

El conducir, aunque solo, en estado de ebriedad, no impidió que matara a los otros dos hombres.

En adelante, una mujer obrera de maquila tendrá que cargar sola con la manutención de sus cuatro pequeños. Ella no tendrá de quién quejarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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