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Traslado acaba con crisis en la prisión

Objetivos. Quieren conjurar nuevos choques. Se habilitará un reclusorio para capturados con plan Súper Mano Dura. Apanteos estuvo a punto de repetir tragedia de Mariona

Publicada 3 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Un grupo de pandilleros de la Salvatrucha fue trasladado de madrugada. A las 8:00 sacaron a un segundo grupo. Foto: EDH

Antolín Escobar/Yanci Pérez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Más de setecientos internos de la Mara Salvatrucha fueron trasladados ayer en la madrugada y en la mañana hacia las penitenciarías de Ciudad Barrios, en San Miguel, y Quezaltepeque, en La Libertad, informó Julián de Jesús Guzmán, director del penal de Apanteos.

La medida obedeció a exigencias de los presos comunes del presidio, luego de que la tarde del miércoles éstos, armados con garrotes y piedras, impidieran el ingreso de los pandilleros a las celdas.

Las autoridades carcelarias del país tomaron la decisión para evitar enfrentamientos entre mareros y reos comunes, como ocurrió hace dos semanas en el penal de Mariona, donde 31 presidiarios fueron asesinados.

Quinientos pandilleros fueron llevados a Ciudad Barrios y 200 más a Quezaltepeque. Asimismo, 200 internos del penal de Quezaltepeque y 110 de Ciudad Barrios fueron llevados a Apanteos.

Ayer por la mañana, antes que los trasladados llegaran a su nuevo destino, familiares de éstos ya estaban esperándolos en la entrada de las cárceles e indagando cómo sería el sistema de visitas.

En otros, también generó disgustos sobre todo en aquellos que desde muy lejos llegaban a visitar a sus parientes.

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Plan sufre primer revés

En el penal de Apanteos, las autoridades carcelarias decretaron estado de emergencia, el cual culminaría hoy.

Asimismo dijeron que realizarán un registro donde permanecían los pandilleros trasladados para asegurarse de que no haya armas u otro tipo de problemas.

El traslado de reos se hizo bajo la custodia de centenares de agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) de áreas especializadas y bajo la supervisión de funcionarios de la Procuraduría de Derechos Humanos (PDDH).

Por ahora, el director del penal de Apanteos, espera que los problemas que generaban los pandilleros, desaparezcan. Mientras la situación se normaliza, el recinto está acordonado por policías y soldados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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