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Preparados. Los algodonales se encuentran en pleno desarrollo en
la zona oriental y los cultivadores no reportan plagas. Foto:
EDH
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Miguel Ventura
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Doña Telma alza la mirada hacia el imponente volcán Chaparrastique,
mientras sus mozos apuran a los bueyes.
Hombres y bestias trabajan como un solo equipo en la preparación
de los últimos surcos donde las semillas de algodón deberán
germinar para la próxima cosecha.
Todo parece indicar que la oleaginosa podría tomar auge en San
Miguel tal como ocurrió en los años 60.
Y es que el entusiasmo por plantar algodón aumenta en la mayoría
de potenciales productores y más en aquellos que crecieron en medio
de las plantaciones en la época en que se produjo en El Salvador
el boom de la la mota blanca.
Como prueba de la esperanza que los productores han depositado en este
cultivo, Telma Elena Gaitán, trata de salir adelante con la siembra
de esta planta.
Es la única mujer entre los 113 productores que han sembrado algodón
este año en la oriental zona migueleña.
Ella ha cultivado 130 manzanas en el cantón Moropala, jurisdicción
de El Tránsito.
La zona es apropiada para este tipo de siembras. Hay recursos suficientes
para desmotar el algodón y regarlo si fuera necesario.
Optimismo
El 22 de julio inició la siembra de la variedad Denta Pine 388.
Más de cien personas trabajaron para preparar la tierra.
Las plantas tienen ya una altura de 40 centímetros y están
libres de plagas, lo que indica que tendrán un desarrollo sano.
Gaitán comentó que esas tierras se las alquilaron para la
temporada y espera obtener buenos resultados.
La productora dijo que por el momento tiene trabajando a 87 personas que
residen en las comunidades aledañas.
Gaitán asegura que la banca comercial la apoyó con créditos
sin garantía hipotecaria para 50 manzanas, lo que motivó
a la mayoría de productores a sembrar.
Espero que la producción de algodón vaya aumentado
cada año, para tener plantaciones como hace unos 30 años,
expresó al esperar en octubre la recolección.
Textileras esperan la recolección
No se siembra por sembrar. Las acciones son coordinadas para lograr
un buen mercado y facilitar el procesamiento de la fibra vegetal.
Wilmer Muñoz, coordinador nacional del proyecto del algodón,
dijo que en enero de este año se firmó un convenio con la
Corporación Algodonera Salvadoreña (Copal).
Este compromiso ayudará a que la Copal pueda vender el algodón
a las industrias textileras instaladas en la capital u otros países.
Una vez que los productores logren recoger su cosecha pueden llevarla
a la sede la Corporación Algodonera para que esta la envíe
a las textileras.
Por el momento no se habla de precios, pero los productores esperan obtener
buenos resultados para cancelar las deudas y ver sus ganancias.
Según los técnicos del Centro Nacional de Tecnología
Agropecuaria y Forestal (Centa), la plantación de la señora
Gaitán podría dar entre 48 y 50 quintales por manzana, pero
todo depende de que no haya problemas de plagas en los próximos
días.
Los braceros también están satisfechos con las plantaciones
de algodón, les han abierto nuevas oportunidades de trabajo que
no absorben todo su tiempo, por lo que incluso cada día pueden
dedicarse a actividades propias.
Brenda Mejía, una de las mujeres que labora en las plantaciones,
indicó que para ella es una gran oportunidad hacerlo y ganar un
poco de dinero para ayudar a sus familiares.
Recibe unos seis dólares por cinco horas de trabajo en la plantación
y el resto del día trabajan en sus milpas.
Así, además de los ingresos propios, tendrá los que
le brinda trabajar como asalariada.