Angelita Mazzini de
Pleités
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En la conformación
de nuestra población es una realidad la presencia de un porcentaje
mayor de mujeres con relación a la de hombres, ya que constituimos,
nosotras, el 53%. También se ha dicho en diferentes circunstancias
que en nuestro país la pobreza tiene cara de mujer,
ya que somos las mujeres las que llevamos el sobrepeso de la pobreza,
del analfabetismo, de la carta familiar, las que vivimos el desencanto
del poco acceso a créditos, las que sufrimos violencia intrafamiliar,
maltratos, maternidad precoz, abuso y acoso sexual, induciéndolas
muchas veces al tráfico de niñas y hasta la prostitución
a muy temprana edad.
Todo lo mencionado, ¿consecuencia de qué es? Múltiples
situaciones nos dan la respuesta, sólo enunciaré dos: La
primera, la cultura del machismo de origen estructural obliga a la mujer
a ser sometida y sumisa por el sólo hecho de ser mujer. Esta actitud
machista empezó a cambiar en los últimos cuarenta años
gracias a que, con su tenaz espíritu de superación, ella
ha alcanzado niveles académicos que le han permitido abrirse espacio
y ser tomadas en cuenta.
La segunda situación, la más reciente, ha determinado también
conductas marginales en relación a la mujer, me refiero al conflicto
bélico que duró doce años, conflicto del que aún
no nos hemos recuperado, ya que generó muchos tipos de violencia,
y lo que es más, también desestabilizó nuestra sociedad
promoviendo la fuga de bienes, destrucción de nuestra economía
y éxodo de valiosos recursos humanos.
Este conflicto también causó la desintegración de
la familia y con ello se propició la pérdida de principios,
tradiciones, valores cívicos y morales. Todo esto se recuerda y
se tiene presente. De lo mencionado, quien más ha sufrido es la
mujer, nuestras siempre valientes y valiosas mujeres.
Este preámbulo nos permite introducirnos en las consideraciones
y conclusiones vertidas en el seminario de dos días recientemente
efectuado en Guatemala, cuyo temario fue: ¿Qué democracia
queremos?. Los desafíos de la participación
de las mujeres en la política.
Foro convocado por el CIM Comité Interamericano de Mujeres
de la OEA donde también participaron otras entidades,
como el Instituto Nacional Demócrata (NDI), que dirige la señora
Madeleine K. Albright, ex secretaria de Estado de los Estados Unidos.
Asistieron prominentes mujeres de América Latina, integradas al
trabajo y participación política de la mujer.
Reflexiones importantes en este foro fueron las siguientes:
1. La mayor participación política de la mujer transformará
cualitativamente la cultura política del país.
2. La mujer ciudadana necesita, además de ser sufragista, llenar
el espacio complementario con su participación política
plena, formando parte del Gobierno por el cual ella trabajó. Al
ser tomada en cuenta de manera equitativa con el hombre, se les está
otorgando, a las mujeres, lo que se llama en este proceso cuota de poder.
El término cuota lo define Ivan Doherty, del NDI, refiriéndose
a una provisión en el sistema electoral que asegura un número
mínimo de asientos en la legislatura para las mujeres. Al decirlo
vislumbro un largo camino por recorrer, pero recién estamos comenzando
el Siglo XXI, y aún tenemos muchos años más por delante
y con ellos varios desafíos que superar. A mi criterio, estos desafíos
los enumero en su orden:
a) La persistencia de esquemas patriarcales y excluyentes con relación
a la participación política de la mujer.
b) La falta del respaldo masculino a las mujeres candidatas.
c) La ausencia de coordinación entre grupos de mujeres con relación
a su participación política.
d) Lograr el apoyo financiero de los partidos políticos para cubrir
gastos de la campaña.
Creo con bastante acierto que el sistema de cuotas es un proceso que garantiza
la participación de las mujeres en niveles de decisión y
de poder, y que es un derecho ciudadano que le confiere la vida democrática.
Esta figura de darle poder a la mujer, lo que se llama empoderamiento,
ha sido adoptado por doce países de América Latina: Costa
Rica, Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Paraguay,
México, Perú, República Dominicana y Venezuela. Actualmente
en nuestros países vecinos, Honduras, Guatemala y Nicaragua, están
en proceso anteproyectos de reformas a los códigos electorales
para que se obligue a los partidos inscritos a la representación
por cuotas de la mujer. En Europa tienen esta representación Alemania,
Francia, Bélgica, etc.
En nuestro país, El Salvador, donde la presencia de la mujer se
hace sentir, en las recientes elecciones del 21 de marzo de 2004 su participación
fue decisiva. Es de rigor reconocer a la mujer su valor, su entrega, su
capacidad, y darle un mayor protagonismo en la vida política del
país. Nosotras, las mujeres, constituimos un bastión muy
importante en la vida económica y social, en la actividad política,
lo hacemos con la misma entrega, responsabilidad, honestidad y transparencia,
destacando la credibilidad, continuidad y lealtad a nuestra ideología
partidaria. Esperamos comentarios.

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