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Palabras
Se grabó en la piedra y se borró en la arena

Había dos hermanos que, a pesar de serlo, eran diferentes entre sí. Uno de ellos era olvidadizo.

Publicada 3 de septiembre 2004, El Diario de Hoy



Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Cuando alguien le hacía una ofensa, la olvidaba pronto. Así, no había amargura en su corazón. El otro hermano, en cambio, nunca olvidada una ofensa o un desprecio.

Pero el hermano que olvidaba, también olvidaba los buenos gestos que tenían los demás con él y se mostraba indiferente y desagradecido. Era incapaz de amar a alguien, porque terminaba olvidando a la novia o a las personas buenas. El que no olvidaba, en cambio, nunca olvidaba un amor. Era fiel y agradecido.

Por andar siempre juntos, murieron ambos, al caer a un abismo. Después de morir, uno de ellos se convirtió en arena, y el otro, en una piedra del camino.

Un día pasó por el lugar un joven viajero. Extenuado de andar, se sentó a descansar sobre la roca y —recordando el nombre de su amada— lo escribió en la arena. La arena (que era el hermano olvidadizo) trató de no olvidar aquel nombre, pero una ventisca lo terminó borrando.

Con los años el mismo viajero que regresaba, se sentó a descansar en el mismo lugar. Sacando un cincel de su bolso y un martillo, esculpió sobre la piedra el nombre de la mujer que amaba.

Hermano, escribe lo malo de la vida en la arena. En ella anota todas las ofensas y sucesos tristes. Así una brisa leve los borrará de la arena y en tu corazón. Pero aquello que amas, lo bello y lo verdadero de la vida, escríbelo en la piedra para que no se borre jamás.


Día a Día

Elecciones

La Carta Democrática de la OEA pone énfasis en la celebración de elecciones, pero asimismo enmarca el conjunto en un orden moral y jurídico compatible con la vida civilizada. Es una burla celebrar elecciones, cuando los ciudadanos no pueden informarse debidamente, no hay una plena libertad de expresión ni hay una separación real y efectiva de los poderes públicos.

Al no existir representatividad de los partidos opositores en todas las etapas del proceso, el fraude se vuelve inevitable; ya imaginamos lo que la OEA y “el centro Carter” ha- brían montado en cuanto a denuncias y gritería, si las condiciones de Venezuela se hubieran dado en El Salvador para los comicios de marzo pasado.


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