El Diario de Hoy
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El equivalente a una tonelada
de discos antiguos y los equipos para tocarlos, puede alguien llevar consigo
hoy en día, una de las maravillas de la tecnología contemporánea.
Música, libros en audio, agendas electrónicas, archivos
digitales y el respaldo de una computadora, caben en un aparatito de once
por seis centímetros, de unos pocos gramos de peso.
El iPod de la firma Apple ha venido a revolucionar la forma como se oye,
se guarda y se ordena la música, empleando un formato, el MP3 inventado
por alemanes, que reduce sensiblemente el tamaño de un documento
musical sin afectar su calidad auditiva. Adicionalmente, una persona lleva
catalogado en su iPod los nombres de sus CD, los discos digitales, con
lo que evita duplicaciones, o comprar dos veces una misma obra.
Pero el iPod cumple con otras funciones, una de las cuales es poder
grabar conciertos, cursos lectivos, conferencias y lo que se quiera, los
que luego se convierten en documentos digitales. A estudiantes y profesores,
que hasta hoy estaban limitados a casettes de audio difíciles de
archivar, el iPod les brinda una herramienta de enorme valor: lo que se
graba se puede guardar en la memoria de un computador y en discos CD;
casi de forma literal, esos conocimientos no ocupan espacio.
Además de música actualmente se pueden comprar libros en
audio, muchos de los cuales se bajan de la Internet; el Arte
de la Guerra de Sun Szu cuesta cerca de doce dólares; las
memorias de Bill Clinton, leídas por él aunque sin las esperadas
referencias a Mónica, se obtienen por veinte y tantos; se consiguen
obras clásicas, poesía, teatro, novelas y obras de no ficción.
Aunque nada sustituye en verdad a los libros, esa clase de narrativa se
escucha con facilidad y evita fatigar la vista; nuestro recordado amigo
el banquero Luis Escalante tenía que pedir los casettes a Nueva
York, escucharlos y luego devolverlos a una organización de ayuda
para personas con problemas de la vista. La mala noticia es que esa modalidad,
de libros en audio, sólo está disponible en inglés
y alemán, aunque únicamente en inglés pueden bajarse
de la Internet.
Educando a distancia con CD
Hay una aplicación obvia de las capacidades del iPod para grabar,
unida a los programas digitales de presentación: cursos enteros
de enseñanza se pueden grabar para luego redistribuirse en discos
compactos (CD). La enseñanza de ciencias, tecnologías diversas,
lenguaje, historia, civismo, moral y de todo lo imaginable se puede masificar
al más alto nivel de calidad pedagógica.
Lo que sólo ha estado disponible para los alumnos de grandes centros
de enseñanza y muy calificados maestros, estará al alcance
de las escuelas de todo un país. Eso también ofrece posibilidades
a las personas que quieren continuar educándose, ya sea en saberes
aplicados a sus actividades, como al que quiera saber por el gusto de
saber, afán en que nos encontramos desde siempre.
He aquí una tarea relativamente realizable para las autoridades
de Educación: ir creando cursos en diversas disciplinas, que los
interesados puedan adquirir al costo. Es decir, montar un proyecto de
educación a distancia que se pague por sí solo
y que por la misma lógica del sistema, podrá irse perfeccionando.
Tome la idea señor Presidente Saca y busque cabezas prácticas
para implantarla.