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La nota del día
La Mano Súper Dura a favor de los jóvenes

Romper el espinazo de las “maras” es liberar a los jóvenes que se incorporaron a ellas bajo irresistibles presiones.

Publicada 2 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La “Mano Súper Dura” ejercerá grandes beneficios para la población, para el buen desarrollo del país, para la paz interna, para los jóvenes salvadoreños y para los mismos mareros.

El más efectivo instrumento para disuadir a personas de caer en la delincuencia, como para rehabilitar a quienes están en ello, es precisamente la sanción, el castigo y el ejemplo de lo que les pasa a los criminales.

 Falta, a este respecto, que se transmitan documentales exponiendo a jóvenes de toda edad, lo que es la vida en las cárceles, los terribles peligros que en ellas se corren, las privaciones y amarguras que se sufren y la ruina personal que significa ser reo.

Que sepan los mareros lo que les espera en las prisiones de máxima seguridad: aislamiento por veinte y treinta años, una suerte de sepulcro de los vivos, como describió Dostoievsky los exilios en Siberia que, en su época, no revistieron la crueldad extrema de los campos de concentración comunistas.

 Romper el espinazo de las “maras” es liberar a los jóvenes que se incorporaron a ellas bajo irresistibles presiones. Se conoce la ley que rige en las organizaciones criminales: una vez que se entra, muy pocos logran escapar.

Los mareros matan a muchos de los desertores, como los narcotraficantes no dejan vivos a los peones que se fugan para que no los denuncien.

El público es testigo de los asesinatos de ex mareros que tratan de normalizar sus vidas. La permanencia no es voluntaria, sino obligatoria y la mayor parte de veces para toda la vida.

Poco a poco las leyes han ido reconociendo que en sus peores manifestaciones, el crimen es organizado, no actos aislados de individuos. En el caso de los mareros, como asimismo de los narcotraficantes y de las bandas terroristas, la complejidad de sus operaciones hace imposible que puedan actuar solos.

Piénsese en la venta de droga o “crack”, esto último monopolio de una de las grandes maras que actúan en territorio salvadoreño: hay que introducir la droga de manera clandestina, almacenarla, distribuirla a los capos de los territorios, venderla, sobornar autoridades, cobrar, perseguir a los que se quedan con droga; la cadena del crimen es larga y enredada, pero para las leyes salvadoreñas simplemente no existe.

El capturado con droga es el único responsable, como si los estupefacientes llovieran de las nubes.

Que nadie haga su justicia

Lo mismo ocurre con otras depredaciones de las maras: para cobrar impuesto de guerra, derecho de pasaje, etc., se necesita de una banda, de quienes vigilan, de los que ponen en guardia a los compinches cuando se acercan las autoridades, de los matarifes que toman venganzas contra quienes los denuncian y así por el macabro estilo. Ningún marero sobreviviría solo a menos que las maras sean erradicadas, como ningún narcotraficante se libera de sus cadenas, salvo cuando el narcotráfico es aplastado.

Es obvio que la lucha contra la delincuencia requiere del apoyo de la mayoría de la población, de las instituciones, del sistema de judicial, de los vecindarios. Esto es más que necesario para evitar que la gente comience a hacer justicia por sí misma, como en Guatemala, donde han linchado a criminales, o en Bolivia, donde unos delincuentes fueron quemados vivos por los iracundos pobladores de una ciudad, hartos de que nadie hacía nada.

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