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Llegan primeros 155 soldados desde Iraq

Silencio. El segundo grupo arribará mañana. Los militares no quisieron hablar de sus experiencias en la lejana Nayaf. Fueron recibidos con fiesta

Publicada 1 de septiembre 2004, El Diario de Hoy

Emoción. Un efectivo que ayer regresó del país árabe abraza a su hija, después de siete meses de permanecer lejos de ella. Foto: EDH/Arturo Silva

Jorge Beltrán/Douglas González
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Ayer a las 3:10 de la madrugada arribaron a la base aérea de Comalapa 155 soldados del segundo contingente del Batallón Cuscatlán. El resto vendrá mañana según lo dicho por el general Otto Romero, ministro de la Defensa.

Los militares fueron recibidos por el subjefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, general Eduardo Cáceres. Luego, en las mismas instalaciones, el contingente fue revisado física y sicológicamente.

Según el general Romero, todos los soldados vienen con buenas condiciones de salud. “Nada que dos aspirinas no puedan curar”, afirmó el ministro.

Finalizada la evaluación, se desplazaron a la sede del Comando de Fuerzas Especiales. Allí llegaron a las 8:00 a.m., donde a muchos les esperaban ya sus parientes, que habían sido notificados de la llegada.

El cuartel se puso de fiesta muy de mañana. En cuanto arribaron, una orquesta comenzó a sonar. Cuando a los soldados les ordenaron romper filas, vinieron los consabidos abrazos, llantos (esta vez de alegría) y las fotos.

La familia del sargento Bautista quiso sobresalir en el recibimiento. Iba apercibida de una docena de globos. Cuando Bautista corrió a abrazar a sus hijos, los adultos comenzaron a pinchar los globos a guisa de cohetes.

Otros soldados, en cambio, deambulaban por el recinto con el cuello erguido, esperando encontrar entre la multitud a alguno de los suyos. Agotada la esperanza, se fueron al comedor de la tropa. Allí se desayunaron con frijoles fritos molidos, plátanos y pan francés.

El general Romero aseguró que los 155 soldados saldrían ayer mismo con 30 días de licencia. “Se lo han ganado. Son buenos exponentes de lo que debe ser un soldado salvadoreño. Estamos muy felices por su retorno”, sostuvo.

Alegría. Las tropas se muestran eufóricas al retornar. Foto: EDH

Tiempo indefinido

El ministro indicó que el tercer contingente se quedará en Iraq el tiempo que ese país lo necesite. “El Salvador da su aporte a la comunidad internacional contra el terrorismo”, apuntó el oficial.

El contingente que ha relevado a los que retornan ya está en sus labores humanitarias y, aunque los combates en la zona donde los salvadoreños están acantonados ya han menguado con la aceptación del líder chiita Muqdata Al Sader de desarmarse, Romero aseguró que siempre habrá riesgo para los salvadoreños. “No hay actividad de combate, pero peligro siempre hay”, aseguró.

En cuanto a las amenazas contra El Salvador de grupos radicales islámicos aparecidas en Internet, el ministro de la Defensa aseguró que, “hasta este momento, no hay ningún indicio que las amenazas se materialicen”.

Esto, porque no se tiene información de que en el área centroamericana existan células terroristas de Al Qaeda, aseguró el jefe castrense.

Los 219 soldados restantes regresarán mañana, aunque Romero dijo que no sabía a qué hora. En ese grupo vendrá el coronel Hugo Omar Calidonio, comandante del segundo batallón.

A diferencia del coronel Sabino Monterroza, comandante del primer contingente, Calidonio tendrá que rendir la novedad de la muerte del soldado Natividad Méndez Ramos y los cinco soldados heridos.

Un bautizo de fuego de siete horas

José Alberto Tobar, con sus ocho años de vida militar, nunca había estado en combate. Pero el 4 de abril anterior, cuando murió el soldado Natividad Méndez Ramos, recibió el bautizo: siete horas de lucha, dos bajo fuego de morteros y fusilería y el resto de escaramuzas.

Sintió cólera cuando vio el cuerpo inerte de Méndez Ramos, pero tuvo que sofocar su rabia al pensar que ya nada se podía hacer.

Lo más duro fueron dos horas, asegura Tobar, de cuyo pecho cuelgan un listón con los colores de la bandera de Iraq y una medalla que reza: “Stabilization Forces for Service in Irak”, y al reverso, “Multinational División Central South”. Se las dieron antes de salir de Nayaf, asegura.

El soldado se dispone a seguir contando sus vivencias, pero en ese momento llega uno de apellido Chanico. Le da un tirón a la manga de su guerrera; entre dientes le recuerda que no debe hablar. “Hey, y ¿qué ondas con esa información?”, le pregunta.

No es que a Tobar se le haya olvidado la consigna militar de que “lo que aquí se ve, aquí se oye y aquí se dice, aquí mismo se queda”; lo que pasa, según él, es que nadie ignora que ellos tuvieron que defenderse en Nayaf.

Pero Tobar desvía la plática a lo que hará en sus treinta días de licencia.
Dice que le dará gracias a Dios por haber regresado con bien, luego le harán una media fiestecita, le dedicará tiempo a su familia, que ayer no pudo llegar a recibirle, porque no le avisaron.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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