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Emoción. Un efectivo que ayer regresó del país
árabe abraza a su hija, después de siete meses de
permanecer lejos de ella. Foto: EDH/Arturo
Silva
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Jorge Beltrán/Douglas
González
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Ayer a las 3:10 de la madrugada arribaron a la base aérea de
Comalapa 155 soldados del segundo contingente del Batallón Cuscatlán.
El resto vendrá mañana según lo dicho por el general
Otto Romero, ministro de la Defensa.
Los militares fueron recibidos por el subjefe del Estado Mayor Conjunto
de la Fuerza Armada, general Eduardo Cáceres. Luego, en las mismas
instalaciones, el contingente fue revisado física y sicológicamente.
Según el general Romero, todos los soldados vienen con buenas condiciones
de salud. Nada que dos aspirinas no puedan curar, afirmó
el ministro.
Finalizada la evaluación, se desplazaron a la sede del Comando
de Fuerzas Especiales. Allí llegaron a las 8:00 a.m., donde a muchos
les esperaban ya sus parientes, que habían sido notificados de
la llegada.
El cuartel se puso de fiesta muy de mañana. En cuanto arribaron,
una orquesta comenzó a sonar. Cuando a los soldados les ordenaron
romper filas, vinieron los consabidos abrazos, llantos (esta vez de alegría)
y las fotos.
La familia del sargento Bautista quiso sobresalir en el recibimiento.
Iba apercibida de una docena de globos. Cuando Bautista corrió
a abrazar a sus hijos, los adultos comenzaron a pinchar los globos a guisa
de cohetes.
Otros soldados, en cambio, deambulaban por el recinto con el cuello erguido,
esperando encontrar entre la multitud a alguno de los suyos. Agotada la
esperanza, se fueron al comedor de la tropa. Allí se desayunaron
con frijoles fritos molidos, plátanos y pan francés.
El general Romero aseguró que los 155 soldados saldrían
ayer mismo con 30 días de licencia. Se lo han ganado. Son
buenos exponentes de lo que debe ser un soldado salvadoreño. Estamos
muy felices por su retorno, sostuvo.
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Alegría. Las tropas se muestran eufóricas al retornar.
Foto: EDH
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Tiempo indefinido
El ministro indicó que el tercer contingente se quedará
en Iraq el tiempo que ese país lo necesite. El Salvador da
su aporte a la comunidad internacional contra el terrorismo, apuntó
el oficial.
El contingente que ha relevado a los que retornan ya está en sus
labores humanitarias y, aunque los combates en la zona donde los salvadoreños
están acantonados ya han menguado con la aceptación del
líder chiita Muqdata Al Sader de desarmarse, Romero aseguró
que siempre habrá riesgo para los salvadoreños. No
hay actividad de combate, pero peligro siempre hay, aseguró.
En cuanto a las amenazas contra El Salvador de grupos radicales islámicos
aparecidas en Internet, el ministro de la Defensa aseguró que,
hasta este momento, no hay ningún indicio que las amenazas
se materialicen.
Esto, porque no se tiene información de que en el área centroamericana
existan células terroristas de Al Qaeda, aseguró el jefe
castrense.
Los 219 soldados restantes regresarán mañana, aunque Romero
dijo que no sabía a qué hora. En ese grupo vendrá
el coronel Hugo Omar Calidonio, comandante del segundo batallón.
A diferencia del coronel Sabino Monterroza, comandante del primer contingente,
Calidonio tendrá que rendir la novedad de la muerte del soldado
Natividad Méndez Ramos y los cinco soldados heridos.
Un bautizo de fuego de siete horas
José Alberto Tobar, con sus ocho años de vida militar,
nunca había estado en combate. Pero el 4 de abril anterior, cuando
murió el soldado Natividad Méndez Ramos, recibió
el bautizo: siete horas de lucha, dos bajo fuego de morteros y fusilería
y el resto de escaramuzas.
Sintió cólera cuando vio el cuerpo inerte de Méndez
Ramos, pero tuvo que sofocar su rabia al pensar que ya nada se podía
hacer.
Lo más duro fueron dos horas, asegura Tobar, de cuyo pecho cuelgan
un listón con los colores de la bandera de Iraq y una medalla que
reza: Stabilization Forces for Service in Irak, y al reverso,
Multinational División Central South. Se las dieron
antes de salir de Nayaf, asegura.
El soldado se dispone a seguir contando sus vivencias, pero en ese momento
llega uno de apellido Chanico. Le da un tirón a la manga de su
guerrera; entre dientes le recuerda que no debe hablar. Hey, y ¿qué
ondas con esa información?, le pregunta.
No es que a Tobar se le haya olvidado la consigna militar de que lo
que aquí se ve, aquí se oye y aquí se dice, aquí
mismo se queda; lo que pasa, según él, es que nadie
ignora que ellos tuvieron que defenderse en Nayaf.
Pero Tobar desvía la plática a lo que hará en sus
treinta días de licencia.
Dice que le dará gracias a Dios por haber regresado con bien, luego
le harán una media fiestecita, le dedicará tiempo a su familia,
que ayer no pudo llegar a recibirle, porque no le avisaron.