
Luis Mario Rodríguez
R.*
El Diario de Hoy
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IV. No existe claridad
sobre el rol de la sociedad civil salvadoreña, ni existen las instancias
institucionales adecuadas para que ésta se manifieste. Hablar
de sociedad civil es hablar de diversidad. Los movimientos sociales, entre
cuyas características se encuentran la de poseer una estructura
horizontal, variable e informal; un discurso transversal, y un ámbito
de intervención en lo social, a través de métodos
no convencionales, constituyen sociedad civil.
Pero también la integran los grupos de interés. Grupos con
características tan distantes de las que recién mencioné
para los movimientos sociales. Este segundo actor posee una estructura
formalizada y fuerte, un discurso sectorial, y un ámbito de intervención
institucional. También forman parte de la sociedad civil.
Ambos son, pues, actores importantes que podemos ubicar como parte de
ese mundo difuso y en constante evolución al que llamamos sociedad
civil. Definiciones sobre esta última existen un gran número.
Voy a adoptar la citada por Ignacio Molina, quien afirma que es
un término con el que se hace alusión a instituciones sociales
tales como los mercados o las asociaciones voluntarias, que ocupan una
posición intermedia entre el Estado y la familia. Es decir, sociedad
civil sería, en general, la esfera pública que está
fuera, de forma plena o mitigada, del control directo por parte del aparato
de gobierno.
Esta definición coincide con la distinción que el profesor
Luis Armando González (Maestría UCA) hace entre la sociedad
civil y la sociedad política: La contrapartida de la sociedad
civil sería la sociedad política, que estaría constituida
por las organizaciones e instituciones que o bien detentan una cuota de
poder político o bien aspiran, en cuanto a tales, a hacerse de
ella.
Las aclaraciones conceptuales se hacen necesarias para comprender el planteamiento
de este problema. Tanto ANEP como el STISSS constituyen grupos de interés,
y como tales son miembros de la sociedad civil. El segundo, por la parte
sindical, y el primero por la parte empresarial. Los dos tienen el legítimo
derecho de expresarse y de reclamar aquellas posiciones reivindicativas
de acuerdo con sus propios intereses, siempre y cuando lo hagan sin transgredir
el marco legal existente.
Como parte de la sociedad civil, ambos tienen un rol que cumplir. Pero
esto no es lo relevante. Lo verdaderamente importante sería que
estas dos organizaciones pudieran hallar puntos de encuentro, en los que,
trascendiendo a sus propios intereses, establecieran acuerdos que beneficiaran
a la colectividad.
Ese debería ser el papel de la verdadera sociedad civil. La construcción
de consensos para el logro del bienestar general. Surge otra vez la necesidad
del nuevo acuerdo, donde la sociedad civil debería
tener un papel de primer orden.
Pero supongamos que existe la disposición de los distintos componentes
de la sociedad civil para construir esos consensos, ¿a dónde
acuden para concretarlos? Por hoy las instancias o son nulas, o, si existen,
no funcionan. Es importante abrir espacios de diálogo, pero más
importante es crear un marco institucional donde éste puede practicarse.
Aquí insisto nuevamente en la creación de un Consejo Económico
y Social, donde los principales actores de la sociedad civil puedan encontrarse
periódicamente para la discusión de una agenda común
que permitiera despolarizar a la sociedad.
La Confederación Española de Organización Empresariales
(CEOE) utiliza el CES de España como una instancia de acercamiento
y trato con las organizaciones sindicales, esto es, la Unión General
de Trabajadores y Comisiones Obreras. Asimismo, el CES se convierte en
un referente donde los consumidores, el denominado tercer sector
encuentran los espacios para discutir y a analizar en compañía
del sector empresarial, sobre las herramientas jurídicas que se
necesita actualizar o crear, para tutelar los derechos de los primeros.
Aquí encontramos otro gran reto que cumplir.
Finalmente hay que señalar la contaminación de la sociedad
civil por parte de la esfera política. Mucho se dice sobre la intervención
del partido de izquierda en las acciones sindicales. También se
acusa que la mano de ARENA toca a la cúpula empresarial salvadoreña.
La reflexión en este punto no es otra que la de evitar a toda costa
dicha contaminación. Pueden compartirse visiones y principios,
pero eso no debe ser excusa para que se pase a la intromisión y
la inducción de acciones.
Los liderazgos que estén a la cabeza de estas entidades tienen
la enorme responsabilidad de cuidar la independencia de sus organizaciones,
so pena de llegar a lo que muy bien indica el profesor González
en su artículo sobre la sociedad civil: ...De este modo,
si las instancias de la sociedad civil se introdujeran en el Estado o
las instancias de la sociedad política se salieran del mismo, terminarían
desnaturalizando su funcionamiento interno en cada una de las esferas
que les corresponden.
*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia
de la República.

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