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Conversando sobre política
Problemas políticos e ideológicos en el país

Insisto nuevamente en la creación de un Consejo Económico y Social, donde los principales actores de la sociedad civil puedan encontrarse periódicamente para la discusión de una agenda común

Publicada 1 de septiembre 2004, El Diario de Hoy



Luis Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

IV. “No existe claridad sobre el rol de la sociedad civil salvadoreña, ni existen las instancias institucionales adecuadas para que ésta se manifieste”. Hablar de sociedad civil es hablar de diversidad. Los movimientos sociales, entre cuyas características se encuentran la de poseer una estructura horizontal, variable e informal; un discurso transversal, y un ámbito de intervención en lo social, a través de métodos no convencionales, constituyen sociedad civil.

Pero también la integran los grupos de interés. Grupos con características tan distantes de las que recién mencioné para los movimientos sociales. Este segundo actor posee una estructura formalizada y fuerte, un discurso sectorial, y un ámbito de intervención institucional. También forman parte de la sociedad civil.

Ambos son, pues, actores importantes que podemos ubicar como parte de ese mundo difuso y en constante evolución al que llamamos sociedad civil. Definiciones sobre esta última existen un gran número. Voy a adoptar la citada por Ignacio Molina, quien afirma que “es un término con el que se hace alusión a instituciones sociales tales como los mercados o las asociaciones voluntarias, que ocupan una posición intermedia entre el Estado y la familia. Es decir, sociedad civil sería, en general, la esfera pública que está fuera, de forma plena o mitigada, del control directo por parte del aparato de gobierno”.

Esta definición coincide con la distinción que el profesor Luis Armando González (Maestría UCA) hace entre la sociedad civil y la sociedad política: “La contrapartida de la sociedad civil sería la sociedad política, que estaría constituida por las organizaciones e instituciones que o bien detentan una cuota de poder político o bien aspiran, en cuanto a tales, a hacerse de ella”.

Las aclaraciones conceptuales se hacen necesarias para comprender el planteamiento de este problema. Tanto ANEP como el STISSS constituyen grupos de interés, y como tales son miembros de la sociedad civil. El segundo, por la parte sindical, y el primero por la parte empresarial. Los dos tienen el legítimo derecho de expresarse y de reclamar aquellas posiciones reivindicativas de acuerdo con sus propios intereses, siempre y cuando lo hagan sin transgredir el marco legal existente.

Como parte de la sociedad civil, ambos tienen un rol que cumplir. Pero esto no es lo relevante. Lo verdaderamente importante sería que estas dos organizaciones pudieran hallar puntos de encuentro, en los que, trascendiendo a sus propios intereses, establecieran acuerdos que beneficiaran a la colectividad.

Ese debería ser el papel de la verdadera sociedad civil. La construcción de consensos para el logro del bienestar general. Surge otra vez la necesidad del “nuevo acuerdo”, donde la sociedad civil debería tener un papel de primer orden.

Pero supongamos que existe la disposición de los distintos componentes de la sociedad civil para construir esos consensos, ¿a dónde acuden para concretarlos? Por hoy las instancias o son nulas, o, si existen, no funcionan. Es importante abrir espacios de diálogo, pero más importante es crear un marco institucional donde éste puede practicarse. Aquí insisto nuevamente en la creación de un Consejo Económico y Social, donde los principales actores de la sociedad civil puedan encontrarse periódicamente para la discusión de una agenda común que permitiera despolarizar a la sociedad.

La Confederación Española de Organización Empresariales (CEOE) utiliza el CES de España como una instancia de acercamiento y trato con las organizaciones sindicales, esto es, la Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras. Asimismo, el CES se convierte en un referente donde los consumidores, el denominado “tercer sector” encuentran los espacios para discutir y a analizar en compañía del sector empresarial, sobre las herramientas jurídicas que se necesita actualizar o crear, para tutelar los derechos de los primeros. Aquí encontramos otro gran reto que cumplir.

Finalmente hay que señalar la contaminación de la sociedad civil por parte de la esfera política. Mucho se dice sobre la intervención del partido de izquierda en las acciones sindicales. También se acusa que la mano de ARENA toca a la cúpula empresarial salvadoreña. La reflexión en este punto no es otra que la de evitar a toda costa dicha contaminación. Pueden compartirse visiones y principios, pero eso no debe ser excusa para que se pase a la intromisión y la inducción de acciones.

Los liderazgos que estén a la cabeza de estas entidades tienen la enorme responsabilidad de cuidar la independencia de sus organizaciones, so pena de llegar a lo que muy bien indica el profesor González en su artículo sobre la sociedad civil: “...De este modo, si las instancias de la sociedad civil se introdujeran en el Estado o las instancias de la sociedad política se salieran del mismo, terminarían desnaturalizando su funcionamiento interno en cada una de las esferas que les corresponden”.

*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos de la Presidencia de la República.


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