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Palabras
EL CORAZÓN DE SCHICKGRUBER

Extasiado en la contemplación de las cosas sencillas -como aquel puñado de casas, en medio del mundo, que pintara en l916- el corazón de Schickgruber era un paisaje.

Publicada 1 de septiembre 2004, El Diario de Hoy



Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Un nostálgico paisaje que se convertiría con los años -en su mente febril- en el sueño grandioso y absurdo de conquistar el planeta. Schickgruber es el supuesto verdadero nombre de Adolfo Hitler, llamado el Führer, años antes de ingresar a la historia como un emperador enloquecido de grandeza e impiedad.

Después de fundar el nazismo, fue canciller del Reich en 1933. Fue asimismo proclamado presidente. Durante la guerra se le asignaron los desastrosos pasos militares que significaron la invasión rusa y la derrota del Reich.

Poco antes de la entrada de los rusos en Berlín —el 30 de abril de 1945— se suicidó con su esposa Eva en el edificio de la Cancillería, en el desconcertante desenlace de sus nefastos sueños de conquistar el mundo.

No conquistarlo como el hombre sencillo que alumbra el amanecer de su ideal. Ni como el que pintaba el paisaje olvidado de su alma en su mundo interior. Sino como el gigante de la gloria, arrasando con su poder devastador los pueblos de la tierra.


Día a Día

PLAYAS LIMPIAS

Mientras no se recuperen y limpien las playas en estricto cumplimiento de las normas constitucionales, es utópico pensar que con ellas se va a levantar una industria turística.

Además hay que poner orden en la anárquica costumbre de disponer de bienes nacionales (las playas) para beneficio de aprovechados y sinvergüenzas, lo que causa grave daño a los lugareños al ahuyentar potenciales compradores de servicios y comida.

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