Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Un nostálgico
paisaje que se convertiría con los años -en su mente febril-
en el sueño grandioso y absurdo de conquistar el planeta. Schickgruber
es el supuesto verdadero nombre de Adolfo Hitler, llamado el Führer,
años antes de ingresar a la historia como un emperador enloquecido
de grandeza e impiedad.
Después de fundar el nazismo, fue canciller del Reich en 1933.
Fue asimismo proclamado presidente. Durante la guerra se le asignaron
los desastrosos pasos militares que significaron la invasión rusa
y la derrota del Reich.
Poco antes de la entrada de los rusos en Berlín el 30 de
abril de 1945 se suicidó con su esposa Eva en el edificio
de la Cancillería, en el desconcertante desenlace de sus nefastos
sueños de conquistar el mundo.
No conquistarlo como el hombre sencillo que alumbra el amanecer de su
ideal. Ni como el que pintaba el paisaje olvidado de su alma en su mundo
interior. Sino como el gigante de la gloria, arrasando con su poder devastador
los pueblos de la tierra.
Día a Día
PLAYAS LIMPIAS
Mientras no se recuperen y limpien las playas en estricto
cumplimiento de las normas constitucionales, es utópico pensar
que con ellas se va a levantar una industria turística.
Además hay que poner orden en la anárquica costumbre de
disponer de bienes nacionales (las playas) para beneficio de aprovechados
y sinvergüenzas, lo que causa grave daño a los lugareños
al ahuyentar potenciales compradores de servicios y comida.