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| Doble ración. Hasta julio pasado, los
alumnos de Los Lucas recibían dos comidas diarias. Hoy, sólo
una, porque Educación retrasó la entrega de los fondos.
Foto EDH |
Susana Joma
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El refrigerio escolar es un buen gancho para atraer
a los niños de las zonas cafetaleras y garantizar su permanencia
en los centros.
Así lo confirman distintos profesores de cuatro instituciones de
Nahuizalco, en Sonsonate, y de Tacuba, en Ahuachapán, quienes hablan
además de ampliación de cobertura.
La escuela del Caserío Los Lucas, en el Cantón La Guacamaya,
de Nahuizalco, pasó de 110 a 335 alumnos y la del Caserío
Santa Elena, del mismo municipio, de 70 a 110.
A criterio de Gustavo Escobar, director del centro Escolar Caserío
El Molino y de Florentino Rumaldo, subdirector del Centro Escolar Caserío
Ashuquema, ambos en Tacuba, la situación descrita ha sido favorecida
por la entrega de alimento a los niños que van en los turnos de
la mañana y tarde.
Para ellos, la ración incentiva a los jóvenes a asistir
a las clases. Por otra parte, otro aspecto a tener en cuenta es que los
padres los manden hasta el último día de clases, porque
encuentran un soporte para cubrir las necesidades que las familias de
escasos recursos no alcanzan a suplir.
Los docentes aprovecharon para quejarse ante el Ministerio de Educación
(Mined) del retraso de los fondos para las raciones.
Ángel Dubón, director Nacional de Gestión Educativa,
sostiene que la ración es parte de un programa entre varias instituciones
que se desarrolla en 104 escuelas, de siete municipios distribuidos en
los departamentos mencionados.
Según indica, el proyecto inició con la crisis del café
y busca mejorar la situación educativa de los infantes. El programa
cubre 22 mil escolares y se realiza con los fondos de la venta de Antel
y del Gobierno de Italia.
Signos que hablan de recuperación en estas zonas y cuyo gran reto
hoy es lograr que los estudiantes alcancen la educación media.
Al trabajo
En esas tierras, en los últimos dos años, la crisis del
grano obligó a las familias a diversificar su actividad laboral.
No obstante, la recolección, aún presente en unas pocas
fincas, aún marca la agenda educativa.
Elmer Ocotán, director del Centro Escolar Caserío Los Lucas,
explica que los niños abandonan las aulas con el último
examen de fin de curso, sin esperar la clausura.
El 40 por ciento se va en la época de corta, apuntó.
Mientras en la escuela del Caserío Finca Santa Elena, del mismo
municipio, la situación ronda el diez por ciento.
En el centro Caserío Ashuquema, en la cooperativa La Concordia,
de Tacuba, la mayor parte de los alumnos sale en este periodo.
Al año siguiente, estos menores comienzan las clases más
tarde que el resto, es decir a finales de febrero o entrado el mes de
marzo, precisa Rosa Lizama, directora y profesora de la escuela Finca
Santa Elena.
Los maestros coinciden en que los problemas de edad superior y repetición
de grados persisten.
De hecho, en algunos de los centros visitados es visible en los primeros
años de básica.

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