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Atentos. Pandilleros de la 18 escuchan al gobernante. Foto
EDH
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Álvaro López
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
¡Está paloma (difícil)! Está jalada de
los pelos y si lo hacen se les pondrá peor
Porque si huevos
tienen ellos, huevos tenemos nosotros, declaran, al tiempo que dicen
estar dispuestos a enfrentar a la policía, si sólo
se dedican a capturarlos y no a brindarles empleo.
Ellos califican la nueva medida antipandillas como la Mano Aguada,
porque los arrestan, según ellos, sin incurrir en delitos.
La conversación, entre los siete mareros reunidos, termina cuando
llega el aviso de que la policía está cerca, la tranquilidad
se pierde y la expresión de sus rostros denota aflicción.
Unos miran por los agujeros de la vieja pared de adobe que sobrevive a
lo que fue una casa familiar. Otros susurran: Pongámonos
vivos, parece que están (cerca) los perros.
Con la lluvia que bañó la capital, la señal
de televisión se pierde y luchan por recuperarla. En segundos vuelve
la imagen del Presidente, en la pequeña pantalla del televisor
gris. Saca inicia su exposición.
El grupo sigue atento el discurso. Cuando el mandatario anuncia las nuevas
medidas contra los pandilleros, algunos reconocen lo difícil que
se pondrá la situación.
Otros se acercan al aparato y apuntan con sus dedos la imagen del mandatario.
Recrean las señales que distinguen a su barrio y su grupo.
Cuando la lluvia arrecia y termina el anuncio presidencial, los jóvenes
se levantan y reafirman lo difícil que perfila el panorama.
Sin perder de vista su esencia humana, algunos recuerdan a sus familiares,
sobre todo, los hijos. Recuerdan sus trabajos y a quienes deben mantener.
Están conscientes de su participación en las maras y de
los riesgos que trae, pero resienten que sus familias sufran al ser detenidos
por la policía.
Reparan en que no todos los mareros hacen cosas malas, algunos
pertenecen a los grupos sin que ello signifique cometer delitos. Aunque
reconocen que sí, unos andan en algo, para referir
actividades delictivas.
Por las cosas que unos hacen, pagamos todos, señalan.
Si la situación sigue peor, dicen, existe la posibilidad de que
las pandillas rivales se unan y se enfrenten en bloque a las fuerzas policiales.
Esperan, no obstante, que antes de apresarles se les dé empleo.