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Maras temen empeore clima en su contra

Son las las 7:20 de la noche. La balada rock “Tocando las puertas del cielo” sirve de fondo para una charla entre pandilleros de la Mara 18 que están pendientes a que inicie la cadena de radio y televisión en la que el Presidente de la República, Elías Antonio Saca, anuncie la puesta en marcha del Súper Plan Mano Dura, que tiene como fin terminar con las pandillas.

Publicada 31 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Atentos. Pandilleros de la 18 escuchan al gobernante. Foto EDH

Álvaro López
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

“¡Está paloma (difícil)! Está jalada de los pelos y si lo hacen se les pondrá peor… Porque si huevos tienen ellos, huevos tenemos nosotros”, declaran, al tiempo que dicen estar dispuestos a enfrentar a la policía, si “sólo se dedican a capturarlos y no a brindarles empleo”.

Ellos califican la nueva medida antipandillas como “la Mano Aguada”, porque los arrestan, según ellos, sin incurrir en delitos.

La conversación, entre los siete mareros reunidos, termina cuando llega el aviso de que la policía está cerca, la tranquilidad se pierde y la expresión de sus rostros denota aflicción.

Unos miran por los agujeros de la vieja pared de adobe que sobrevive a lo que fue una casa familiar. Otros susurran: “Pongámonos vivos, parece que están (cerca) los perros”.

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Con la lluvia que bañó la capital, la señal de televisión se pierde y luchan por recuperarla. En segundos vuelve la imagen del Presidente, en la pequeña pantalla del televisor gris. Saca inicia su exposición.

El grupo sigue atento el discurso. Cuando el mandatario anuncia las nuevas medidas contra los pandilleros, algunos reconocen lo difícil que se pondrá la situación.

Otros se acercan al aparato y apuntan con sus dedos la imagen del mandatario. Recrean las señales que distinguen a su barrio y su grupo.

Cuando la lluvia arrecia y termina el anuncio presidencial, los jóvenes se levantan y reafirman lo difícil que perfila el panorama.

Sin perder de vista su esencia humana, algunos recuerdan a sus familiares, sobre todo, los hijos. Recuerdan sus trabajos y a quienes deben mantener.

Están conscientes de su participación en las maras y de los riesgos que trae, pero resienten que sus familias sufran al ser detenidos por la policía.

Reparan en que no todos los mareros “hacen cosas malas”, algunos pertenecen a los grupos sin que ello signifique cometer delitos. Aunque reconocen que “sí, unos andan en algo”, para referir actividades delictivas.

“Por las cosas que unos hacen, pagamos todos”, señalan.

Si la situación sigue peor, dicen, existe la posibilidad de que las pandillas rivales se unan y se enfrenten en bloque a las fuerzas policiales.

Esperan, no obstante, que antes de apresarles se les dé empleo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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