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Vinil.
El formato no ha pasado de moda. Foto: EDH
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Javier Maldonado
El Diario de Hoy
jmaldonado@elsalvador.com
Apiñados en columnas y con sus fundas desteñidas, miles
de discos son expuestos en un rincón del frecuentado Mercado Sagrado
Corazón, en la capital.
Un olor a cartón viejo impera entre las clásicas mercancías
que desde hace ocho años ofrece Marlon Palma, un joven de 18 años
que disfruta cómo cientos de fanáticos de los discos de
vinil llegan hasta los puestos 310 y 311 para recuperar un poco de sus
tiempos mejores, cuando la música sonaba en las vitrolas.
Hay gente que viene y cuando se pone a buscar sus discos, se emociona
y se pone a cantar, describe este chico, quien ha escuchado las
melodías que sus clientes buscan sin ni siquiera haber oídos
uno de los ejemplares en un tornamesa de aguja.
Marlon cuenta que, de niño, era su abuelo el que recordaba a cada
uno de los artistas exitosos de la era del acetato, cuando muchos invertían
alrededor de 12 dólares por el disco del momento. Ahora esas piezas
cuestan entre 25 centavos y un dólar.
A menudo, son más abuelos que jóvenes los que llegan a estos
puestos, asegura el comerciante, y ha notado que cada visitante se toma
hasta una hora tratando de encontrar algún disco que pueda llevarse
a casa.
A veces vienen hasta seis clientes al día, a veces no viene
nadie, pero cuando aparecen, se pasan horas viendo lo discos. Un día
vino un señor y se llevó 400 (álbumes), dice
Marlon.
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Búsqueda.
Los clientes se detienen por horas para buscar a sus artistas predilectos.
Foto: EDH
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Encargados
Algunos clientes también solicitan la búsqueda de álbumes
en particular, lo que puede tomarles a estos comerciantes semanas o meses
conseguirlos y a veces resulta infructuosa.
Para Marlon, los acetatos tienen una magia especial que a él le
gustaría conocer, pero desgraciadamente no posee un tocadiscos.
Aunque sus ritmos predilectos son el hard house y el reggaetón,
admite que en más de una ocasión le ha invadido la curiosidad
por conocer a los artistas que conquistaron a sus abuelos.
Un día encontré un disco de Rocío Durcal, cuando
estaba bien joven, se veía bonita.
Cuando vino aquí, la vi y dije: ahora nada que ver. Los tiempos
han cambiado y los artistas, para él, ya dan muestra del paso del
tiempo.
Así Madonna, Laura Flores, Angélica María, entre
muchas otras mujeres del mundo musical que aún viven, han dejado
inmortalizada su belleza juvenil en los artísticos envoltorios
de los discos de largaduración.
Cuando se pone a arreglar los LP o a dar con los artistas que la gente
pide más, su mamá le recuerda cómo algunos ejemplares
animaron las fiestas de su juventud.
Ese reacomodo le ha permitido conocer a muchas estrellas que ya fallecieron.
Celia Cruz es una de ellas. Marlon recuerda que el año pasado,
cuando la guarachera murió, muchos llegaron buscando sus discos
y se los acabaron.
Al igual que lo hacen con los de Pedro Infante, Pérez Prado, Village
People, Paul Anka,
entre muchos otros exponentes.
Marlon cree que algún día tendrá la oportunidad de
escucharles, de entender que cada uno de esos disco es una pieza de museo
y de historia.
Cuando eso suceda, quizá se entere de que estos productos, creados
desde 1940, superaron el tiempo, la tecnología y hasta los piratas
que el futuro no ha logrado desafiar.
Herencias de color negro
- Los jóvenes también son adeptos a algunos
exponentes del rock de la décadas de los 70 y 80. Marlon Palma
admite que el más buscado entre ellos son los discos de Kiss.
- Los abuelos prefieren los álbumes de las sonoras Matanceras y
Santanera.
- Pero entre estas viejas grabaciones, podrá encontrar colecciones
completas de transferencias de los temas de grandes producciones cinematográficas.
- Entre las mercancías de Palma, encontramos un LP que reúne
a tres grandes de la música clásica: Haendel, Wagner y Strauss.
- Incluso, disco de artistas salvadoreños como Los Hermanos Flores
y Jhosse Lora están aquí, olvidados.
- Colecciones más contemporáneas, como éxitos de
la banda INX, las rancheras más solicitadas de Vicente Fernández,
los clásicos infantiles de Cri Cri o los latidos del corazón
de un recién nacido, como producto de una investigación
médica, son parte de las reliquias.
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Aunque existen versiones en CD, los fans los
buscan en el formato clásico
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