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Procesión. Al menos diez hermandades de cargadores asistieron
a la procesión que se convirtió en un prolongado convivio
de tradición y catolicismo. Foto: EDH
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Marlon Beltrán/Alonso
Rivera
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Semana Santa en agosto. Eso parecía el domingo la ciudad de Juayúa.
Se habían reunido centenares de miembros de organizaciones de cargadores
del departamento e incluso del templo El Calvario, de San Salvador. El
motivo era el cambio de directivos de la hermandad local.
Una ocasión para que los amantes de las procesiones decidieran
celebrar haciendo lo que más les gusta: cargar las andas e imágenes.
Desde el sábado hubo movimiento en la ciudad. El templo La Beatísima,
en el que se guardan las imágenes y artículos usados en
Semana Santa, era preparado para recibir a los cargadores que llegarían
de otras ciudades. En la noche, agrupaciones católicas elaboraban
alfombras hasta de tres cuadras cada una.
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Animación. La banda musical que formaba parte de la delegación
de Nahuizalco, interpretó música sacra durante todo
el recorrido. Su participación se convirtió en uno
de los principales atractivos. Foto: EDH
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La tradición
No eran aún las 8:00 de la mañana del domingo cuando llegó
la representación de Nahulingo. Se formaron frente a la entrada
del templo. Una de sus miembros preparaba panes para que comieran antes
de iniciar los actos.
El resto de delegaciones estaba en el lugar a las 9:30 de la mañana.
Junto a jóvenes quinceañeros se apreciaban muchos hombres
y mujeres de rostros arrugados, cabello blanco y pies cansados.
A las 10:00 hubo una misa en el templo Santa Lucía y luego la procesión
recorrió las calles de la ciudad. Duró cerca de tres horas
y todas las delegaciones cargaron por turnos las imágenes.
Muchos turistas preguntaban curiosos a qué se debía el ritual,
mientras se apresuraban a sacar sus cámaras fotográficas.
Oswaldo Santillana, responsable de comunicaciones de la hermandad juayuense,
piensa que fue un esfuerzo de muchos. Participaron delegaciones de Sonsonate,
Sonzacate, Nahuizalco, Armenia, San José La Majada, Salcoatitán,
San Antonio del Monte, Santa Catarina Masahuat y el templo El Calvario,
de San Salvador.
Un recorrido entre devotos, curiosos y varios indiferentes
Mientras los movimientos católicos preparaban los adornos en las
calles, miembros de la hermandad local organizaban el refrigerio de los
asistentes. Parte del dinero necesario para ello les fue donado por el
Comité Turístico de la ciudad.
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Entusiasmo. La avanzada edad y fatiga no impidieron que mujeres
procedentes de distintos municipios llevaran en hombros la imagen
de la Virgen Dolorosa. Foto: EDH
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Primero la lluvia nocturna, después el viento en la mañana
y al final la falta de educación de muchos, literalmente esparcieron
por las calles el sacrificio de quienes hicieron las alfombras.
Frente al templo de Santa Lucía, cuando faltaba más de una
hora para que saliera la procesión, ya no había alfombra.
Peatones e incluso vehículos, se encargaron de destruirlas. Parecen
animales, expresó disgustada una devota cuando la marcha
iniciaba.
Fue posiblemente el único aspecto negativo. La espera terminó
pasadas las 12 del mediodía. La banda de la hermandad de Nahuizalco
empezó a interpretar música sacra anunciando el inicio de
la procesión.
Centenares de vecinos ya ocupaban las calles entusiasmados.
Adán Estrada, presidente de la nueva directiva de los cargadores
locales, piensa que la procesión permitió unir y conocer
a muchos que creen en conservar las tradiciones.
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Formales
Los estandartes de las hermandades asistentes, encabezaron la procesión
del domingo en Juayúa.
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Unidos
Miembros de las juntas de cargadores que asistieron, se dirigieron
a los asistentes a la misa para agradecer su presencia en los actos.
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