Roberto López-Geissmann*
El Diario de Hoy
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Primer
pecado
No es nada nuevo. Es un secreto a voces, aunque no sea cómodo admitirlo.
La gente más seria, que no llega a la irresponsable e infantil
afirmación de que la ideología no tiene importancia,
procura esconder esta falencia afirmando que, en efecto, sí se
ocupa de ambas.
Señalan, con razón, que po-seen correligionarios cultos
como el que más; que en sus heroicos comienzos se mató y
hostigó a varios ideólogos; que definidos y corajudos ha
habido y hay, hasta para regalar, que poseen más de un centro,
instituto, oenege o lo que sea de estudios políticos. Finalmente
dicen, nuestros cuadros activos son la mejor señal
de que sí están cubiertos.
¿De qué estamos hablando? Por cultura política no
estamos significando únicamente conocer las diferentes ideas y
movimientos que han existido en la historia, sino, principalmente, los
fundamentos valorativos, espirituales, filosóficos, económicos
y sociales que subyacen o que han influido en dichas ideas y movimientos.
La capacidad de analizar las eventuales coherencias programáticas,
su desarrollo en el tiempo, lo que producen, sus pros y contras, las adaptaciones
y las diversas fuerzas reales que intervienen en la sociedad no es algo
tan fácil de captar como la lectura del Gato Garfield o Popeye,
ni puede hacerse en lo que espera el autobús o mientras pasan los
comerciales de la televisión.
Manejar una buena cultura política implica la obligada posesión
de una mejor cultura general y, todo ello es el material de base para
la posesión del instrumento fundamental de hombre responsable,
medianamente informado y con un mínimo de intelecto: el tener un
criterio, una visión del mundo y del hombre, una cosmovisión,
es decir, una ideología por la que se esté dispuesto a morir,
pero más aún que brinde la esperanza de vivir.
Y afirmo esto con la conciencia de que por ambos extremos se ha denostado
y buscado desprestigiar a este término. Los zurdos, queriendo que
su tesis de ciencias sociales barra con toda oposición.
Los diestros, en la medida que el economicismo ha ido procurando cada
vez más matar o dominar a la política y a todo impulso vital
del ser humano que no sirva para hacer dinero y, claro que también
buscando barrer con toda oposición.
Pues no. Esa concepción del mundo es imposible de rechazar, todo
hombre y mujer, pobre o rico, culto o ignorante la tiene por fuerza...
sólo que distinta, menos desarrollada, con datos diferentes, con
educaciones, ambientes y vivencias muy otras a veces, pero nadie puede
sustraerse de tener una opinión sobre la existencia de Dios, sobre
las relaciones de los hombres en sociedad, sobre el amor y el sexo, etc.
¿Es o no monstruoso el pretender que usted, lector, no piense en
nada y sólo se deje llevar...?
Contestemos a quienes afirman que tienen cubierto el flanco
de cultura e ideología.
Claro que tienen a gente muy culta faltaba más, pero
de nada les sirve si, entre ellos y con relación a su organización
política no existen relaciones específicas, ordenadas y
constructivas que sirvan para presentar una cosmovisión concreta
que pueda traducirse en políticas aplicables en un programa. Que
se mató a algunos, es cierto, los mejores. Ya no están,
han corrido a los posibles suplentes.
No se trata de tener a corajudos, decididos o
pistoleros; el hombre de acción política debe serlo también
de pensamiento o hacer equipo con éste. Sin embargo... muchos de
los valientes de los primeros tiempos poseen una intuición política
excelente y, sin ser intelectuales, olfatean muy bien por dónde
va el camino... pero a ellos, igualmente como a los más instruidos,
se les ha ido purgando poco a poco.
Ahora bien, contar con un grupo organizado que se autonombre instituto
es fácil si no, recordemos a las universidades que se cerraron,
la prueba es precisamente palpar los productos que de allí salen.
Y eso mismo desautoriza a los cuadros en acción, en
chaqueteo, intrigas e improvisación constante.
El pecado, error y daño es grande porque...
En su afán de lucir que está haciendo lo correcto, hace
olvidar que el más formidable adversario la extrema izquierda
no adolece de este monstruoso olvido; ellos dedican todo tipo de recursos
para estudiar y difundir su ideología.
Le confiere entonces al enemigo una poderosa ventaja. Ellos medrarán
en las discusiones estratégicas de seguridad nacional, en educación
y cultura y muchos etc.
El seguir como borreguito a los intereses económicos mediatiza
de tal forma a la filosofía y la cultura política que se
corre el peligro no tan sólo de invisibilizar a la ética,
los valores y la misma realidad política integral, sino de hacerla
desaparecer por un buen rato del actual contexto histórico.
* Lic. en Ciencias Políticas.

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