Alejandro Alle*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Agradezco
a El Diario de Hoy la oportunidad que me ha dado de escribir una columna
de opinión, a la que llamaré Economía para todos.
Claro que el privilegio de dirigirme a usted a través de este medio
es, a la vez, un gran desafío, que asumo gustosamente.
La razón de haber elegido ese nombre para la columna es que la
Economía es una ciencia demasiado importante como para que alguien
pueda darse el lujo de ignorarla (un lujo muy caro). O peor aún,
de creer que la Economía es tan difícil que sólo
la entienden los economistas. Recuerde que cuando no entendemos
algo, es más fácil que nos metan gol...
Debido a que la intención de este espacio será divulgar
y analizar, a un nivel simple y accesible, los conceptos básicos
de esta ciencia que todo lo abarca (para bien o para mal), quisiera comenzar
destacando las cosas que trataré de evitar: las acartonadas citas
de autores (son aburridas), las palabras difíciles (son innecesarias),
las jergas técnicas (son presuntuosas), las confusas estadísticas
(son manipulables), y las complejas fórmulas matemáticas
(son aburridas, innecesarias, presuntuosas y manipulables). Y desde luego,
también trataré de evitar la divulgación de falacias:
de eso hay ya mucha gente que se ocupa
(por el contrario, trataré
de refutar algunas de las que circulan).
Ahora vayamos a lo que sí intentaré lograr a partir de hoy:
Que usted, un ciudadano responsable e inteligente, le pierda el miedo
a la Economía y adquiera las herramientas que le permitan pensar
por sí mismo, y así decidir con convencimiento si las noticias
y opiniones que lee y escucha a diario le parecen válidas o no.
Para ello será necesario entender el proceso económico
(acuérdese de esas dos palabras, porque se van a repetir mucho.
Claro, si es que usted me sigue leyendo...). El proceso económico
consiste en unos pocos conceptos básicos, y una serie de razonamientos
simples.
De ninguna manera será necesario que usted sea un experto en ecuaciones
diferenciales, ni que pueda llenar un cuaderno con fórmulas.
Eso es útil para estudiar ingeniería, e inútil para
entender la Economía.
Como usted irá viendo a lo largo de las entregas, la realidad económica
nacional e internacional aportará temas para ser analizados. Y
aunque el objetivo de la columna no será hacer análisis
de coyuntura, con mucha frecuencia tomaremos las noticias del momento
como excusa para ilustrar un determinado tema o principio (p. ej.: libre
comercio, salarios mínimos, gasto público, presupuesto,
balanza de pagos, impuestos, etc.).
Todo muy lindo, pero ¿qué es la Economía?
La Economía es una ciencia social que estudia la mejor forma de
asignar los recursos (siempre escasos), para obtener una adecuada satisfacción
de las necesidades (siempre ilimitadas). Los recursos tienen usos alternativos
(el agua puede usarse para beber, o para regar plantas), y las necesidades
tienen distintas jerar-quías (si tengo sed, primero bebo. Y si
alcanza, riego las plantas).
Se dice que la Economía es una ciencia social, porque una de las
características principales del hombre es que en su diario vivir
actúa (actuar en el sentido de accionar.
Aunque como Ud y yo sabemos, algunos son comediantes). Y el hombre sólo
actúa si tiene la expectativa de pasar a una situación
más satisfactoria que la que actualmente tiene. Es decir,
actúa para reducir su insatisfacción (Mick Jagger siempre
supo que esto no era fácil. Por eso escribió: I can get
no satisfaction). Ok, dije que no citaría autores, pero éste
no es aburrido.
Y justamente porque el ser humano no siempre reacciona igual, incluso
ante iguales estímulos, es que las fórmulas complejas fallan
en Economía (a lo sumo puede hablarse de tendencias). Y la única
(y poderosa) razón es que la Economía es una ciencia social,
no una ciencia exacta.
Por el contrario, una piedra caerá, siempre a igual velocidad y
de la misma forma, todas las veces que la soltemos. Y ello es porque la
piedra no actúa, sino que reacciona mecánicamente a la atracción
gravitatoria (basta ya de Física).
¡Ah!, estar en una situación más satisfactoria
no necesariamente implica tener más dinero: la mejora
puede ser psicológica. Un ejemplo clásico es la donación.
Luego de actuar (donar), se tiene menos dinero. Pero quien
actúa de esa forma lo hace porque ello le permite pasar
a una situación más satisfactoria: se siente mejor. Hubo
pérdida monetaria, pero fue más que compensada por la ganancia
psicológica.
Espero que lo anterior haya sido entendible. Si es así, será
su mérito. Si no, será mi culpa.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos
Aires) y columnista de El Diario de Hoy.
alejandro_alle@yahoo.com

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