Ricardo
Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Si sangra, atrae
(If it bleeds, it leads) es un viejo adagio de la prensa anglosajona
utilizado para referirse a la sobreexplotación de la violencia,
como un recurso para engordar el rating y aumentar las ventas.
Antes se decía que los medios eran un espejo de la realidad,
pero ahora se sabe que cuando la realidad pasa a través de los
medios de comunicación, le ocurre lo que a la luz cuando atraviesa
un prisma de cristal: que se descompone en varios colores.
El periodista, más que actuar como un espejo que refleja la realidad,
actúa como un prisma que recibe la información, la refracta,
la constriñe y expande, según una serie de variables. Esto
es lo normal que ocurra y de alguna manera es sinónimo de manipulación.
Los responsables de procesar la noticia actúan como el portero
que abre o cierra la puerta para dejar pasar o no pasar a
las personas. A este proceso de inclusión y exclusión de
la noticia se le conoce como la teoría del gatekeeping,
y es la que explica el proceso mediante el cual las informaciones disponibles
en un día son reducidas, modificadas y transformadas en la noticia
que sale como producto final en los medios de comunicación.
Decir que los medios reflejan la realidad con la fidelidad que un espejo
refleja una imagen es tan cierto como decir que el agua del mar es azul
porque se ve azul. Ya en 1981, Comstock, otro de los estudiosos de la
comunicación, había sentenciado: Los medios de comunicación
encuadran, enfocan, transforman e incluso inventan la realidad que tratan
de reflejar . Los medios, entonces, más que espejos de la
realidad, actúan como prismas de ésta.
Un caso extremo sobre esto último y que bastaría para
botar la vieja teoría del espejo es el de aquel
joven negro que se hizo famoso reporteando para uno de los periódicos
más importantes del mundo.
Cuando Jayson Blair, del New York Times, fabricaba, bajo los efectos de
la droga y el alcohol, aquellos espectaculares reportajes que tanta circulación
le dieron a su periódico, no necesariamente estaba siendo fiel
a la realidad.
Obviamente, no hay necesidad de irse a situaciones penosas como las del
joven Blair, para caer en la cuenta de cómo los medios criban,
cuelan, seleccionan, todos los días la información que sirven
al público.
Esto ocurre en los grandes consorcios mediáticos y en los medios
pajaritos. Lo que cada empresa de comunicación recoge, procesa
y transmite como noticia es sujeto de influencia por aquello que Shoemaker
dio en llamar los factores de mediación (la formación
de los periodistas, la actitud de los dueños del medio, la presión
que ejerce la competencia, los anunciantes, los partidos políticos
o el gobierno, etc).
Todo lo de arriba nos sirve para argumentar que en El Salvador podemos
exponer los problemas relacionados a la violencia sin necesidad de caer
en su exaltación. Por supuesto que ocultar o intentar minimizar
este flagelo que es un problema nacional sería, además de
ilógico, poco coherente (pretender mirar sólo lo sublime,
lo bueno y lo maravilloso, en medio de esta ola de crímenes y abusos,
sería una auténtica frivolidad). Pero irse por la otra vía,
por la ruta de la sobre exposición de lo sangriento, lo doloroso,
lo brutal y lo degradante, es también errar el camino.
Vale la pena reflexionar y poner las cosas en su justa medida. En otros
países con iguales o mayores problemas de violencia, existe un
consenso de hecho entre los diferentes actores sociales, incluidos los
medios por supuesto, por medio del cual, sin dejar de informar
lo que se deba de informar, se cuida de balancear la información
de manera tal que no se ponga en riesgo un clima mínimo de estabilidad
para la población, tampoco la imagen del país y la posibilidad
de atraer capital extranjero.
El Salvador es algo más que el fenómeno de las maras, la
irresponsabilidad de algunos buseros, las excentricidades de algunos políticos
o la corrupción de algunos hombres públicos. Nuestro país
es mucho más que eso.
Ésta es una nación que suele sorprender al mundo por su
capacidad de torcer la mano a la adversidad. Somos ciudadanos que construimos
casi de la nada; que hoy te botan y mañana estás parado.
Que vemos oportunidades donde otros encuentran problemas. Miles de historias
de esfuerzo y trabajo, de luchas y logros, son aún historias que
se quedan sin contar.
Es cuestión de balance.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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