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Sentido común
Historias por contar

El Salvador es algo más que el fenómeno de las maras, la irresponsabilidad de algunos buseros o la corrupción de algunos hombres públicos. Nuestro país es mucho más que eso.

Publicada 31 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

“Si sangra, atrae” (“If it bleeds, it leads”) es un viejo adagio de la prensa anglosajona utilizado para referirse a la sobreexplotación de la violencia, como un recurso para engordar el rating y aumentar las ventas.

Antes se decía que los medios “eran un espejo de la realidad”, pero ahora se sabe que cuando la realidad pasa a través de los medios de comunicación, le ocurre lo que a la luz cuando atraviesa un prisma de cristal: que se descompone en varios colores.

El periodista, más que actuar como un espejo que refleja la realidad, actúa como un prisma que recibe la información, la refracta, la constriñe y expande, según una serie de variables. Esto es lo normal que ocurra y de alguna manera es sinónimo de manipulación.

Los responsables de procesar la noticia actúan como el portero que abre o cierra la puerta para dejar pasar —o no pasar— a las personas. A este proceso de inclusión y exclusión de la noticia se le conoce como la teoría del “gatekeeping”, y es la que explica el proceso mediante el cual las informaciones disponibles en un día son reducidas, modificadas y transformadas en la noticia que sale como producto final en los medios de comunicación.

Decir que los medios reflejan la realidad con la fidelidad que un espejo refleja una imagen es tan cierto como decir que el agua del mar es azul porque se ve azul. Ya en 1981, Comstock, otro de los estudiosos de la comunicación, había sentenciado: “Los medios de comunicación encuadran, enfocan, transforman e incluso inventan la realidad que tratan de reflejar” . Los medios, entonces, más que espejos de la realidad, actúan como prismas de ésta.

Un caso extremo sobre esto último —y que bastaría para botar la vieja “teoría del espejo”— es el de aquel joven negro que se hizo famoso reporteando para uno de los periódicos más importantes del mundo.

Cuando Jayson Blair, del New York Times, fabricaba, bajo los efectos de la droga y el alcohol, aquellos espectaculares reportajes que tanta circulación le dieron a su periódico, no necesariamente estaba siendo fiel a la realidad.

Obviamente, no hay necesidad de irse a situaciones penosas como las del joven Blair, para caer en la cuenta de cómo los medios criban, cuelan, seleccionan, todos los días la información que sirven al público.

Esto ocurre en los grandes consorcios mediáticos y en los medios pajaritos. Lo que cada empresa de comunicación recoge, procesa y transmite como noticia es sujeto de influencia por aquello que Shoemaker dio en llamar “los factores de mediación” (la formación de los periodistas, la actitud de los dueños del medio, la presión que ejerce la competencia, los anunciantes, los partidos políticos o el gobierno, etc).

Todo lo de arriba nos sirve para argumentar que en El Salvador podemos exponer los problemas relacionados a la violencia sin necesidad de caer en su exaltación. Por supuesto que ocultar o intentar minimizar este flagelo que es un problema nacional sería, además de ilógico, poco coherente (pretender mirar sólo lo sublime, lo bueno y lo maravilloso, en medio de esta ola de crímenes y abusos, sería una auténtica frivolidad). Pero irse por la otra vía, por la ruta de la sobre exposición de lo sangriento, lo doloroso, lo brutal y lo degradante, es también errar el camino.

Vale la pena reflexionar y poner las cosas en su justa medida. En otros países con iguales o mayores problemas de violencia, existe un consenso de hecho entre los diferentes actores sociales, incluidos los medios —por supuesto—, por medio del cual, sin dejar de informar lo que se deba de informar, se cuida de balancear la información de manera tal que no se ponga en riesgo un clima mínimo de estabilidad para la población, tampoco la imagen del país y la posibilidad de atraer capital extranjero.

El Salvador es algo más que el fenómeno de las maras, la irresponsabilidad de algunos buseros, las excentricidades de algunos políticos o la corrupción de algunos hombres públicos. Nuestro país es mucho más que eso.

Ésta es una nación que suele sorprender al mundo por su capacidad de torcer la mano a la adversidad. Somos ciudadanos que construimos casi de la nada; que hoy te botan y mañana estás parado. Que vemos oportunidades donde otros encuentran problemas. Miles de historias de esfuerzo y trabajo, de luchas y logros, son aún historias que se quedan sin contar.

Es cuestión de balance.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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