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Atención. La cobertura ha mejorado en el occidente.
Foto: EDH
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El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Ese era el temor de Sofía, una joven de 16 años, con algunos
rasgos indígenas, que asistía a su control de embarazo en
la Unidad de Salud de Nahuizalco, en Sonsonate.
Es la hija menor de una familia llena de arraigadas tradiciones que entran
en contradicción con algunos programas de salud como la planificación
familiar y el control de embarazo.
Ella proviene del cantón Tajcuilujlan, tiene 37 semanas de embarazo
y su partera le ha dicho que puede dar a luz en la próxima
luna.
Su madre secunda esta opinión. No es para menos. La partera es
parte de su familia, le ayudó a dar a luz a sus nueve hijos, incluyendo
a Sofía, y espera que sus manos sean las que traigan al mundo a
sus nietos.
Pero la joven prefiere asistir a la Unidad de Salud de la localidad. Tengo
miedo de que me vaya a pasar algo... ya perdí a uno cuando tenía
apenas dos meses, dijo Sofía.
Sus vitaminas y el ácido fólico los tomó a escondidas.
Los metía bajo el petate de mi cama para que no los viera
mi mamá, explicó, aún asustada la joven.
Aunque el parto probablemente sea asistido por la matrona, Sofía
quiere asegurarse de que su hijo esté en la posición correcta.
No quiero que me soben el estómago para acomodarmelo... he
visto a otras mujeres llorar cuando les arreglan al niño...,
relató.
Pese a los regaños de su madre, ella asiste a su control cada vez
que puede.