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Estricto control en Mariona

Rigurosos. Desde ayer, policías con perros adiestrados en detección de drogas participan en el registro de hombres, mujeres y niños que llegan de visita al penal La Esperanza, Mariona

Publicada 30 de agosto 2004, El Diario de Hoy

¡Ni modo! Si una mujer quiere entrar a Mariona, se somete a un registro sumamente estricto. Ellas se quejan de los manoseos. Foto: EDH/Mauricio Cáceres

Jaime García
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Es una mujer de edad avanzada, que se identifica sólo como Úrsula, para proteger su identidad.

Ella es una del millar de personas que ayer sufrieron un verdadero calvario para poder entrar al penal de Mariona y visitar a sus parientes que están presos.

Doña Úrsula permaneció alrededor de dos horas en una larga fila que prácticamente había invadido la carretera frente a la prisión.

Era tanta la gente que dos policías regularon el tráfico para evitar atropellos.
Úrsula afirmó que durante un año no ha dejado de llegar al penal los jueves y domingos a ver a su hijo, que cumple una condena de cinco años: “en el hospital y en la cárcel, sólo se tiene madre y familia, ahí no hay amigos”, dice.

Hasta el fondo. Ningún bolsón se queda sin ser revisado por los guardias. Se tiene mayor cuidado en detectar frutas que pueden fermentarse u objetos cortopunzantes. Foto: EDH/Mauricio Cáceres

Las visitas se colocaron toallas mojadas sobre su cabeza para protegerse del sofocante calor y se cambiaron los zapatos de tacón grueso por chancletas para poder ingresar.

Cuando doña Úrsula pasó por el primer portón, fue retenida por un grupo de policías y guardias del penal que registraban celosamente bolsos, carteras y trastos con comida.

Úrsula tenía la mirada perdida mientras abría las piernas y se sometía al registro, que deja el pudor afuera de los altos muros de la prisión.

Las manos y dedos de empleadas penitenciarias exploran cada rincón de las féminas.
Ni los niños se escapan de los tocamientos, debido a que, según las autoridades carcelarias, pueden ser usados para ingresar drogas u otras sustancias ilegales.

“Tenemos que soportar los manoseos”, afirmó un grupo de mujeres que se quejaba con sus gestos cuando eran revisadas.

Necesidad. El calzado femenino de tacón grueso no está permitido en el penal. Las chancletas son la mejor opción. Foto: EDH/Mauricio Cáceres

Un segundo registro es hecho por los guardias en la entrada a los recintos de los presos. La comida y la bebida es inspeccionada con rigurosidad.

Para doblar la seguridad, policías han sido apostados en los contornos perimetrales del penal, a fin de evitar fugas y garantizar la seguridad de los mismos reclusos.

Pedro Rivera, subdirector de Seguridad y Custodia de Mariona, informó que los policías ayudan en los registros para buscar rastros de drogas.

Agregó que grupos de custodios fueron destinados a patrullas que recorren los recintos donde están los internos.

Labores de reos . Los reclusos de Mariona aprovechan la llegada de las visitas para ganarse algunos dólares. Foto: EDH/Mauricio Cáceres

Reiteró que el personal del penal está abierto a cualquier pesquisa para descartar participación de los mismos en trasiego de drogas.

Fuentes de la Dirección de Centros Penales confirmaron que la Fiscalía de Santa Ana abrió un expediente para investigar los móviles de los homicidios de dos custodios del penal de Apanteos.

Marciano Chanico y Samuel de la Cruz Zacarías murieron abatidos a tiros por desconocidos que les interceptaron frente a sus viviendas cuando salían con permiso de la referida penitenciaría.

Las víctimas fueron atacadas con media hora de diferencia en Santa Ana. “Vamos a darles el seguro a las familias dolientes”, dijeron las fuentes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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