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Severo llamamiento del Papa a España

“Hay que reconocer, que, por esta vez, la Iglesia es la que ha sido la primera en alinearse, no ya con la verdad moral como siempre, sino con el progreso de las ideas, desechado por los ‘progresistas’”

Publicada 30 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Evangelina del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Extracto aquí el severo discurso de Su Santidad Juan Pablo II, cuando el nuevo embajador de España ante la Santa Sede, Jorge Dezcallar de Mazaredo, presentara cartas credenciales el pasado junio, llamamiento que redundara en una sabia rectificación del Gobierno español al anuncio del ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, respecto a impulsar reformas legislativas para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo y para ampliar los supuestos que permitirían el aborto en la mayoría de sus formas.

“No puede hablarse —advirtió el Pontífice— de ‘conquistas sociales’ cuando éstas no tienen en cuenta los derechos fundamentales de la persona humana, comenzando por su vida.

“La total incoherencia de tendencias actuales, que mientras por un lado magnifican el bienestar de las personas, por otro cercenan de raíz su dignidad y sus derechos más fundamentales, como ocurre cuando se limita el derecho fundamental a la vida. Proteger la vida humana es un deber de todos, pues la cuestión de la vida y su promoción no es prerrogativa únicamente de los cristianos, sino que pertenece a toda conciencia humana que se preocupa por la suerte de la humanidad.

“Los responsables públicos, en cuanto garantes de los derechos de todos, tienen la obligación de defender la vida, en particular la de los más débiles e indefensos.
“Las verdaderas ‘conquistas sociales’ son las que promueven y tutelan la vida de cada uno y, al mismo tiempo, el bien común de la sociedad.

“En este campo se dan algunas mal llamadas ‘conquistas sociales’ que lo son únicamente para algunos, a costa del sacrificio de otros. Los responsables públicos, garantes y no origen de los derechos innatos de todos, deberían considerar esto con preocupación y alarma”.

Respecto al tema de la familia dijo: “Entre tales derechos no debe olvidarse el derecho de nacer y crecer en un hogar estable, en donde las palabras padre y madre puedan decirse sin engaño y con gozo.

“Pensando en esos derechos, se prepara así a los pequeños a abrirse confiadamente a la vida y a la sociedad, que se beneficiará en su conjunto si no cede a las presiones que confunden el matrimonio con otras formas de uniones, contrarias a aquél y que parecen considerar a los hijos como meros objetos de satisfacción.

“Es derecho y deber de las familias de educar a sus hijos de acuerdo a sus propias convicciones morales y religiosas, pues la formación integral no puede eludir la dimensión trascendental y espiritual del ser humano”.

Hace unos días, Jaime Campmany un “malhablado” y ocurrente columnista del periódico madrileño ABC, escribe simpatiquísimo artículo basado en la realidad:
“Ya podemos repetir aquella verdad de que los socialistas ‘sólo aciertan cuando rectifican’.
“Si fuese verdad que rectificar es de sabios, roguemos al Espíritu Santo que les dé a paletadas el don de la sabiduría. Los socialistas por boca de López Aguilar, ministro de Justicia, han dado un frenazo, a esa promesa electoral de ampliar la legalidad del aborto.

“Parece que porque —consideraciones morales aparte, que es mucho apartar—, España se está quedando sin españoles. Cada pareja aporta sólo a la población genuina un niño, o sea un sesenta por ciento de un españolito, por progenitor.

“Italia, anteriormente pueblo fecundo, anda igual que nosotros en cuanto a producción de bimbos y la vieja Europa se halla en idéntica situación, de modo que será pronto el vestigio de un viejo país colonizado y dominado por razas pujantes y fértiles... (¿nosotros?).

Los pobladores de esta —(palabra omitida por razones obvias)— Europa, como la llamaba Rafael García Serrano, hemos encontrado la forma de fornicar, unas veces sin concebir, y otras dándole matarile al niño. Ya no es sólo la religión la que incita a tener hijos y no matarlos antes de que nazcan, sino el espanto que produce a los sociólogos conocer las cifras de la demografía. Hombre, a ver si nos diera tiempo antes de que terminen de invadirnos, de enseñarles a los que van llegando la teoría de la relatividad, la duda cartesiana, y algún endecasílabo del Alghieri.

“Hay que reconocer, que, por esta vez, la Iglesia es la que ha sido la primera en alinearse, no ya con la verdad moral como siempre, sino con el progreso de las ideas, desechado pintorescamente por los “progresistas”. Yo no sé si la Iglesia vio venir lo que se nos echaba encima, pero estuvo desde un principio, por supuesto contra el aborto, pero también contra los primeros intentos de anticonceptivos. Cuando el cardenal Suenens, belga y “gran progresista”, habló en el Vaticano Segundo a favor de la píldora “anty-baby”, su colega Ottaviani, prefecto de la Congregación de la Fe, se volvió a su vecino y le dijo señalando a Suenens y refiriéndose a la píldora: ‘Ojalá la hubiera tomado su madre’.

“La izquierda más histérica y radical ha recibido con disgusto la decisión del Gobierno socialista sobre el frenazo al aborto. Es grotesco que esos ‘piadosos’ ciudadanos que protestan por la pena de muerte para los asesinos pidan libertad para matar a los inocentes que viven y crecen en el vientre de su madre camino a dar a luz”, finaliza diciendo.

* Columnista de El Diario de Hoy.


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