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| Los chinos serán los anfitriones dentro
de cuatro años. Por eso tuvieron su homenaje. Foto
AP |
Claudio Martínez
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
No podía ser de
otra manera. Atenas había hecho todo perfecto hasta el último
minuto y por supuesto que no iba a fallar en el acto de cierre, que resultó
ni más ni menos que el reflejo de lo que fueron sus Juegos.
Algo espectacular en todos los sentidos, llevando la creatividad y el
esfuerzo hasta el límite.
Los griegos, de quienes muchos dudaban, han demostrado
al mundo, y a sí mismos, que son capaces de cualquier cosa, que
la palabra imposible no existe en ese idioma. Lo mismo que habrá
pensado el italiano Stefano Baldini, quien se quedó con la última
medalla de todas y quizás la más emblemática: la
del maratón.
Allí, ante un marco impresionante, le hizo escuchar a todos el
himno de su país en la coronación final.
Presente y futuro
Si el impresionante acto de apertura fue un colorido viaje hacia el pasado,
de Grecia y de los Olímpicos, la clausura lo fue hacia el presente
inmediato y el futuro.
Al presente porque desde los inmensos monitores del estadio desfilaron
las imágenes más importantes de los verdaderos protagonistas,
los atletas.
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| Perdurable. La llama se apagó, pero seguirá
en la mente del olimpismo mundial. Foto AP |
Las hazañas de Michael Phelps, las zancadas de
Hicham El Guerrouj, la velocidad de Justin Gatlin, la vigencia de Ian
Thorpe, un gol de los iraquíes, el llanto de Nicolás Massú,
una volcada de Emanuel Ginobili, el salto al cielo de Yelena Isinbayeva,
entre otros.
Y allá abajo, muchos de ellos desfilando a la par, pero en carne
y hueso, portando las banderas de sus países, como la futbolista
estadounidense Mia Hamm, el pesista griego Pyrros Dimas el más
aplaudido de la noche y también nuestro Ricardo Merlos.
Después de que Gianna Angelopoulos, el cerebro de los Juegos, dijera
que hoy se apaga la llama olímpica en Atenas, pero continuará
ardiendo en nuestros corazones, comenzó el viaje hacia el
futuro, que apunta hacia Pekín 2008, donde se realizarán
los próximos Juegos.
Por eso los griegos rindieron un pequeño homenaje a los chinos
y a su rica cultura. Desde las danzas tradicionales hasta la Ópera
de Pekín y sus linternas rojas, entregándole el mando.
Una vez que la llama olímpica se apagó, un espectáculo
de luces y sonidos, más la aparición de 230,000 globos y
70 barriletes, dejó claro que si bien los Juegos acababan, Atenas
tenía motivos suficientes para seguir festejando.
Y todos bailaron y cantaron con Zorba el Griego el himno no oficial
de estos Olímpicos y con un concierto de renombrados cantantes
que hicieron delirar a esas casi 72,000 almas trepidantes. Adiós,
Atenas, te recordaremos por siempre. Ahora es el turno de Pekín.