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Adiós a la cuna olímpica

Los XXVIII Juegos Olímpicos ya son historia. Los griegos se despidieron con otra fiesta de antología.

Publicada 30 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Los chinos serán los anfitriones dentro de cuatro años. Por eso tuvieron su homenaje. Foto AP

Claudio Martínez
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

No podía ser de otra manera. Atenas había hecho todo perfecto hasta el último minuto y por supuesto que no iba a fallar en el acto de cierre, que resultó ni más ni menos que el reflejo de lo que fueron sus Juegos.

Algo espectacular en todos los sentidos, llevando la creatividad y el esfuerzo hasta el límite.

Los griegos, de quienes muchos dudaban, han demostrado al mundo, y a sí mismos, que son capaces de cualquier cosa, que la palabra imposible no existe en ese idioma. Lo mismo que habrá pensado el italiano Stefano Baldini, quien se quedó con la última medalla de todas y quizás la más emblemática: la del maratón.

Allí, ante un marco impresionante, le hizo escuchar a todos el himno de su país en la coronación final.

Presente y futuro

Si el impresionante acto de apertura fue un colorido viaje hacia el pasado, de Grecia y de los Olímpicos, la clausura lo fue hacia el presente inmediato y el futuro.

Al presente porque desde los inmensos monitores del estadio desfilaron las imágenes más importantes de los verdaderos protagonistas, los atletas.

Perdurable. La llama se apagó, pero seguirá en la mente del olimpismo mundial. Foto AP

Las hazañas de Michael Phelps, las zancadas de Hicham El Guerrouj, la velocidad de Justin Gatlin, la vigencia de Ian Thorpe, un gol de los iraquíes, el llanto de Nicolás Massú, una volcada de Emanuel Ginobili, el salto al cielo de Yelena Isinbayeva, entre otros.

Y allá abajo, muchos de ellos desfilando a la par, pero en carne y hueso, portando las banderas de sus países, como la futbolista estadounidense Mia Hamm, el pesista griego Pyrros Dimas —el más aplaudido de la noche— y también nuestro Ricardo Merlos.

Después de que Gianna Angelopoulos, el cerebro de los Juegos, dijera que “hoy se apaga la llama olímpica en Atenas, pero continuará ardiendo en nuestros corazones”, comenzó el viaje hacia el futuro, que apunta hacia Pekín 2008, donde se realizarán los próximos Juegos.

Por eso los griegos rindieron un pequeño homenaje a los chinos y a su rica cultura. Desde las danzas tradicionales hasta la Ópera de Pekín y sus linternas rojas, entregándole el mando.

Una vez que la llama olímpica se apagó, un espectáculo de luces y sonidos, más la aparición de 230,000 globos y 70 barriletes, dejó claro que si bien los Juegos acababan, Atenas tenía motivos suficientes para seguir festejando.

Y todos bailaron y cantaron con Zorba el Griego —el himno no oficial de estos Olímpicos— y con un concierto de renombrados cantantes que hicieron delirar a esas casi 72,000 almas trepidantes. Adiós, Atenas, te recordaremos por siempre. Ahora es el turno de Pekín.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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