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Breve análisis
¿Por qué ganó Chávez el referéndum?

La escena se montó muy bien, el señor Gaviria, secretario de la OEA, mostró satisfacción por el civismo del pueblo, y el señor Carter aprobaba sonriente su segunda entrega, porque la primera la hizo en Nicaragua.

Publicada 28 de agosto 2004, El Diario de Hoy

Joaquín Cisneros*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

Porque el comandante utilizó la estrategia de la reciedumbre, la del gesto amenazante y la actitud insolente, y así instituyó el principio de la obediencia.

Luego, al imponer opiniones extrañas al principio de libertad, tergiversó el suceso y sin reflexión alguna calzó el uso de aquel concepto de ciertos filósofos del Derecho, que mantienen el criterio de que en la zona de la realidad del Estado radica esencialmente la ley de la obediencia.

Porque puso en práctica, con resultados positivos, programas ya desgastados por el acontecer histórico, cual es el populismo.

Pareciera ser que ignoró la narrativa política, que nos refiere que estas actitudes gubernamentales, como el priismo, el justicialismo, el aprismo, etc., han dejado en crisis las finanzas de los países donde florecieron.

O sea que no le importaron las dramáticas lecciones que la historia refiere como devastadoras de economías.

Porque jugó deliberadamente, y a su capricho, con la institución que aprueba las leyes, y así modificó la Constitución.

Luego ejerció control sobre la cúpula que administra la justicia; puso en cautiverio a prominentes opositores; fomentó la cultura del miedo, protegió o ignoró los desmanes de sus incondicionales seguidores, creó un escenario de inestabilidad que culminó en la formulación de un gigantesco fraude, para ganar a toda costa un referéndum que la ley local permite para cortar el mandato al Presidente.

Porque el comandante Chávez sabía lo que estaba haciendo y de esta manera encendió la hoguera con mucha anticipación e intencionalmente dividió al pueblo en la firme creencia de que, al hacerlo, él sería el único ganador.

La estrategia era que al ganar el referéndum, podría reclamar en su beneficio la perpetuidad en el poder, y de esta manera perfeccionar su exclusiva revolución bolivariana, que a diario fortaleció con la presencia de médicos, maestros, asesores y técnicos castristas. Servicios retribuidos con los grifos petroleros, que siempre han estado abiertos para la isla caribeña.

Porque usó y dilapidó, según los medios internacionales, los recursos del Estado, para promover su campaña de NO al referéndum. En la semana anterior, la misma del cierre de la campaña, la TV Globo Visión reveló que la presidencia había ordenado la emisión de una partida multimillonaria, para ser colocada a la orden del Frente Bolivariano.

Porque al Presidente no le importó la pobreza y el desempleo que ha propiciado, lo importante para él era ir tras el fin, y de esta manera fomentó el terror por medio de los grupos beligerantes, a la par de las fuerzas legalmente constituidas; instigó al pueblo al uso de la violencia, para apuntalar su sistema revolucionario; atemorizó al servidor oficial, para mantenerlo en sus filas a la hora del voto; desmanteló equipos de comunicación, para cerrar las imágenes reveladoras de la opresión, así como la formulación de constantes cadenas nacionales, para promover su no al referéndum.

Porque al no esconder a nadie su virtual preferencia hacia el sistema político cubano, ya era una carta abierta sobre la mesa, para que nadie pudiera ignorar sus intenciones y su partido, ignorando las cosas que suceden en la isla de don Fidel, se volcaría en las urnas a su favor y con la ayuda de las maquinitas programadas para acuñar la deslealtad; el retraso en instalar las mesas de votación; la selección de quién debería votar, suceso que no alcanzaron a ver los observadores internacionales.

Porque don Hugo Chávez y los once cubanos que llegaron a última hora para asesorar al CNE fraguaron una estrategia letal.

Todo el mundo sabía cuál era el objetivo de esta misión y la oposición incrédula, aun creyendo en que los milagros podían ocurrir, se instaló desde las tres y cuatro de la mañana en los puestos de votación, con la esperanza de emitir el voto, cuya oportunidad jamás llegó porque la consigna era evitar el ejercicio del sufragio.

La escena se montó muy bien, el señor Gaviria, secretario de la OEA, mostró satisfacción por el civismo del pueblo, y el señor Carter aprobaba sonriente su segunda entrega, porque la primera, en fecha anterior, la hizo en Nicaragua.

Porque para el ex golpista de 1992, que ya habla de profundizar la revolución, el fin justifica el medio, no importa quién o quiénes caigan en el camino, inclusive el pueblo venezolano, que ahora sufre el triste desengaño de haberle burlado y destrozado la intimidad de sus valores e intrigado ve en la distancia qué puede esperarle cuando las voluntades pueden manejarse, aun ante el consenso internacional.

*Lic. en Contaduría Pública.
joacisneros@navegante.com.sv


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