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La nota del día
Himno fervoroso a la pereza

Lo usual ahora es que en las zonas rurales, y pese a la falsa propaganda de que hay “un enorme desempleo”, los empleos quedan sin tomar porque nadie se presenta a desempeñarlos

Publicada 28 de agosto 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Se cuenta de un hombre que llegó por la tarde a una oficina pública para encontrar que estaba cerrada. “¿Es que aquí nadie trabaja?”, preguntó al portero. “No, señor. Por la tarde nadie viene; es por la mañana que nadie trabaja”. Pocas cosas harían más feliz a la francesa Corinne Maier que llegar a esa oficina por la mañana y solazarse viendo al personal haciendo nada o muy poco.

La señora, de acuerdo con el New York Times, quiere encabezar un movimiento de masas en favor de la pereza (aunque “movimiento” implica lo contrario. Deberíamos más bien hablar de un partido de “brazos caídos”). Ella pide a los burócratas de Francia, y de seguro también piensa en los del mundo, a no hacer nada, a pasarse el tiempo moviendo papelitos de un sitio del escritorio a otro, a tejer y comer pan dulce.

Holgazanear, pero pretender que se hace mucho, es todo un refinado arte. Los napolitanos hablan, aunque no necesariamente practican, del dolce farniente: el dulce no hacer nada. Y al norte de nuestras tierras hay una profunda, arraigada, inconmovible cultura de la pereza, de moverse lo menos posible, de dejar que las horas transcurran sin ruido.

Por desgracia esos hábitos se nos han ido pegando; lo usual ahora es que en las zonas rurales, pese a la falsa propaganda de que hay “un enorme desempleo”, los empleos quedan sin tomar porque nadie se presenta a desempeñarlos.

O si se presentan, quieren darse por contentos a las 11:00 de la mañana y así ir a casa a tenderse sobre hamaca o tapesco. ¿Dónde están aquellos legendarios salvadoreños que laboraban incansables de sol a sol? ¿Qué sucedería? Que los hay, los hay, pero son menos que antes. Una porción de culpa la tienen las remesas, que permiten a un gran número de connacionales alcanzar ese estado idílico al que se refiere Corinne.

China: si no trabajas, no comes


Prosigue el New York Times contando que la tesis de Corinne ¡su himno a la pereza! causó enojo en sus patrones, lo que indica que en Francia los patronos son tan esforzados como los del resto del mundo, aunque no ocurra en los inferiores niveles. Las luces se apagan temprano en las oficinas aunque sigan encendidas hasta altas horas de la noche en los suites ejecutivos.

El regaño ha hecho reaccionar al sindicato de la empresa (ya tienen los del STISSS con quienes hermanarse en Europa), que a su vez llevó el caso a los medios informativos. Porque lo lógico, echar a los haraganes, se ha vuelto un asunto de alta política. Tan así que el anterior gobierno socialista estableció la jornada de 35 horas iniciando una sorda y disimulada persecución contra los diligentes que dan el mal ejemplo.

La gran interrogante, desde luego, es: ¿Quién entonces va a producir bienes y rendir servicios? O más grave aún, ¿quiénes en Francia y Europa van a esforzarse para enfrentar la competencia de chinos y coreanos? La Siemens alemana ya tomó partido: o se aumenta el rendimiento y se incrementan las horas de trabajo, o van a fundar filiales en China. Y la IG Metall, el sindicato, ha tenido que aceptar más trabajo. Quien no trabaja, no come.

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